...O al menos trato de serlo, y me cuestiono tantas veces de tantas cosas que a veces no me lo creo. Me conmuevo de cosas que me pasan que nadie más nota, admiro la lucha de las demás personas y solidarizo con ellas como nunca lo imaginan. Sean conocidos, íntimos o totalmente ajenos a mi vida, durante ese momento en que me conecto con lo más profundo de mi vida a través de la suya puedo sentir que se caen todas las categorías de proximidad y sólo queda el ser humano puro, sin vestimentas, ni máscaras, ni títulos, ni disfraces. Es cuando la frase trilladísima de "somos iguales" tiene más sentido que nunca.
Observo, desde afuera, ellos sin notar piensan que ignoro, pero nada estaría más alejado de la realidad que su percepción de mí...de mi supuesta indiferencia. Inclusive puedo ni siquiera llegar a existir para ellos, pues los veo desde el más profundo de los anonimatos. Pero con ojos de un ser humano que se identifica con ellos, a pesar de no estar pasando por las mismas circunstancias. Solidarizo.
Cada experiencia clínica agrega más conocimientos prácticos, agudiza mis destrezas, pero sobretodo y muy particularmente me hace más humana.
Los pacientes y familiares de rehabilitación física muchas veces ignoran que sus vidas cambiaron para siempre. La de la señora cuyo esposo sufrió un ACV y quedó paralizado de la mitad del cuerpo, y espera que algún día todo vuelva a ser como antes, y pone todo su empeño y corazón cada día pensando que probablemente sea el último que tenga que hacerlo, me hace la idea de estar viendo con mucha más luz su propio camino y que su vida cambió y yo lo sé, pero ella aún no...y aunque eso sea así, son estas las ocasiones en las que permanezco en silencio, incapaz de revelar nada o matar ni un ápice de esperanzas, porque ultimadamente es eso lo que nos mantiene en la lucha a todos.
Realmente veo el vuelo de un papagayo como una analogía de la vida. Hay una coreografía, una conexión muy profunda entre el papagayo y el que lo vuela. Muchas veces es rítmica y todo sale bien, hay factores externos con los que hay que luchar, como el viento; y también hay caidas y levantadas, vuelos altos, enredos en la cuerda, alegrías, frustraciones, satisfacciones...
Así es mi vida también. Un día me levanto en la mañana cuestionándome todo lo que hago, pero ese mismo día en la tarde el viento cambia a mi favor y me voy a la cama con la satisfacción de SER cada cosa que hago.