Hay quienes salieron por amor. Hay quienes lo hicieron por aventura. Hay quienes se la veían venir y buscaron otros horizontes. Otros porque salieron espantados de algún incidente violento; están los que salieron porque comenzaron a temer por sus vidas. También los que lo hicieron para ofrecerles un futuro mejor a sus hijos. Están los que vendieron todo y se fueron para salvarse de la ecatombe. Están los que huyeron dejándolo todo y arrancando de cero. Hay quienes salieron juntando cada centavo que tenían. Están también los que, sin un centavo, cruzaron la frontera. Otros fueron desplazados, como en la guerra. Están los que salieron con una mano adelante y otra atrás. Están los que se quedaron firmes aguantando el chaparrón, y quienes se quedaron porque ya no pueden salir. Están los que se quedaron porque quisieron y los que se quedaron porque no les quedó otra opción.
Sea por la razón o la circunstancia puntual que nos llevó adonde estamos, ahora tenemos presencia en todos los rincones del mundo. La mayoría sin proyecciones de volver. Otros sin la posibilidad. Muy pocos sin las ganas, y muchos, estóicos en el territorio nacional. Pero el hecho es que nos toca llevar la patria en los zapatos. Y es precisamente allí donde estamos pisando que tenemos el deber moral de levantar la frente y hacer lo correcto esta vez. Ser los verdaderos representantes del país que queremos reformar. Ciudadanos del mundo, considerados con el otro, dedicados a pulirnos como seres humanos cada vez más dignos, preocupados no sólo por nuestro propio bienestar, sino por el de nuestro entorno, haciéndonos poco a poco reconocer como personas positivas y dignas de confianza.
Es así como vamos a reconstruir un país desde otro suelo. Es así como le damos vuelta a los escándalos que nos hacen objeto de la burla global. Es así como nos sacamos de encima el estigma de nuestros falsos representantes: poniendo manos a la obra desmintiendo a nuestros gobernantes con nuestras acciones. Probando que todos esos actos avergonzantes son ajenos a nuestro comportamiento real. Haciendo nuestro esfuerzo diario por convertirnos en triunfadores de la vida, dando el ejemplo donde estemos. Demostrando a través del esfuerzo por mejorar nuestra calidad como seres humanos que estamos cada vez más lejos de la injusticia, la ignorancia y la baja condición de vida de quienes nos representan políticamente.
Venezolanos que formamos lazos sinceros de amistad basada en el respeto y la dignidad, que no bajamos los brazos ante las adversidades y circunstancias más difíciles, ni dejamos que éstas nos saquen la alegría de vivir.
Comprometámonos día a día, contra viento y marea, a no escondernos, sino, muy por el contrario, a hacer que nuestros actos hablen más alto que los actos de aquellos por quienes sentimos vergüenza. Seamos verdaderos ciudadanos del mundo, y hagamos flotar nuestro barco aunque ahora parezca hundido.
Comprometámonos día a día, contra viento y marea, a no escondernos, sino, muy por el contrario, a hacer que nuestros actos hablen más alto que los actos de aquellos por quienes sentimos vergüenza. Seamos verdaderos ciudadanos del mundo, y hagamos flotar nuestro barco aunque ahora parezca hundido.




