Wednesday, November 24, 2010

La vida continúa






El tiempo no para. Menos mal, porque la sensación estática me desespera. Yo no paro tampoco, pero cuando lo hago, me doy cuenta de que todos a mi alrededor tampoco lo hacen, y eso me produce una gran sensación de nostalgia. No sé por qué. No sé si será por la impresión de quedar rezagada, atrás.

Tal como la naturaleza cuando se descuida, que se come las casas, los caminos y todo lo que esta a su paso, dando al poco tiempo la sensación de que por ahí no pasó nunca la civilización, la gente y las costumbres son exactamente iguales. Somos todos un gran manojo de rutinas y subrutinas; en la universidad, en el trabajo, en los lugares donde uno vive...todo tiene su tiempo y su espacio. La gente también. Mientras uno comparte determinada actividad con un grupo en determinado lugar, esa gente, esos espacios son, en ese momento, el entorno que conforma el mundo propio, y uno, a su vez, es parte del de cada uno de ellos.

Al uno salirse, casi automática, pero no necesariamente de inmediato, deja de ser parte del mundo de esas personas que conformaron tu mundo hasta hacía poco. Al dejar de compartir un tiempo y un mismo espacio con ellos, hay dos desconexiones; una, que es la física, y otra, que es la emocional.

La desconexión física es la que menos me afecta. A través de todas las redes sociales, ya esa desconexión parece casi no existir, y ese contacto puede mantenerse a pesar de lo lejos que puedan llegar a estar en el mapa.

La desconexión emotiva es la que más me cuesta perder. Ésa es la desconexión que me llena de nostalgias. La que un día fue y ya no parece estar más. O la que un día estuvo y fue buenísima, y quisiera que se conservara igual, pero que la selva del olvido va comiéndose poco a poco, esperando a que algún día alguna foto o algún recuerdo por asociación la desempolve y nos haga presentes que una vez esas personas fueron protagonistas de nuestro mundo en aquel tiempo y en aquel espacio.

Mi nostalgia es porque, quizá, a pesar de lo tarde que yo vea esa foto que desempolve aquel recuerdo, ésa conexión emocional que alguna vez hubo, vuelve intacta, y quizá para aquellas personas de aquel tiempo y espacio, yo jamás salga de esa selva del olvido en la que algún día me dejaron enterradas sus memorias.



Caro

Monday, November 08, 2010

Pequeños grandes lujos



All by myself


I also know how important it is in life not necessarily to be strong but to feel strong. To measure yourself at least once. To find yourself at least once in the most ancient of human conditions. Facing the blind death stone alone, with nothing to help you but your hands and your own head.

–Chris McCandless, 1992


La evolución del hombre ha sido un retraso. Es posible que la vida primitiva nunca haya sido cómoda, o es que la invención de tantas comodidades nos hayan hecho sentir que esa vida que ahora catalogamos de primitiva era más dura de lo que solía ser.

El hecho es que este fin de semana pasado nos fuimos a acampar a las montañas. La pasamos bárbaro, y aunque empacamos muchas herramientas y utencilios para recrear ciertas comodidades que tenemos en casa (tales como carpa, saco de dormir, cubiertos, tazas, almohadas, etc.), hay dos perspectivas de cómo la pasamos:

Para nosotros, que venimos de una serie de comodidades que habíamos dado por sentadas, fue parte aventura, parte tortura. Y no me refiero a tortura por haber pasado frío solamente, sino por haber tenido que alejarnos de los lujos que hacen de nuestras vidas algo tan llevadero. A pesar de renunciar por un par de días a esas ventajas a las que estamos acostumbrados, me parece que fuimos unos duros cargando las mochilas enormes cuesta arriba, llenas de todo lo que necesitábamos; comida, carpas, agua, repelente, ollitas, implementos para armar un fuego, abrigos, etc. De haber sobrellevado con humor y buena vibra las adversidades del clima y el entorno, sabiendo de los peligros y posibles animales hostiles que habitan esas áreas, y encima de todo, pasándola bien. Lo logramos. O sea, nadie puede con nosotros.

Para el hombre primitivo que se acaba de bajar de una máquina del tiempo desde la época de las cavernas, nosotros somos unos bebés de pecho completamente torpes y vulnerables a las temperaturas y las tareas más básicas, aún teniendo todos los lujos y las ventajas de la tecnología. No tuvimos que cazar nuestra comida, ni esquilarla para hacer abrigo, ni muchísimas otras cosas que hasta para muchos sin techo en países como la India todavía hacen para sobrevivir el día a día. Desde la perspectiva de un cavernícola, mucha de la gente de nuestra generación o civilización actual no estaría caminando por ahí de tener que valerse de sí misma para sobrevivir en "el mundo real", sin todas esas ilusiones creadas para evitar el trabajo pesado o darle oportunidades de sobrevivencia a seres incapacitados para tal fin en un mundo sin máscaras ni lujos.

La verdad es que a mí me encanta acampar. Es cierto que te hace entrar mucho en perspectiva y apreciar tremendamente cosas tan "simples" como el agua caliente, un baño privado, la calefacción, una cocina equipada, microondas, una cobija, un colchón, una señal de celular, internet, y todas esas cosas con las que nos hemos acostumbrado a vivir.

Yo digo que deberíamos hacer más a menudo este tipo de actividades, o cualquier actividad que nos acerque a nosotros mismos, de donde venimos y todo lo que hemos evolucionado (o involucionado, depende de como lo vean).

Por mi parte, agradezco vivir en la época que vivo para poder darme cuenta de estas cosas desde la tibia comodidad de la civilización.



Caro

Friday, November 05, 2010

Eyes wide shut


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Una tarde ví a una persona ciega valiéndose de un bastón, sola, caminando por la calle tan asertivamente que parecía ver; yo, que tengo mis dos ojos y la vista 20/20, con todos mis sentidos intactos, muchas veces siento que no veo hacia donde ir.


Caro

Tuesday, November 02, 2010

El que tose de último, tose mejor



El que tose de último, tose mejor



Tuve un sueño raro, como todos. Pero éste, en medio de su absurdo, tenía sentido, lo que suele pasar también cuando tengo una borrachera terrible y quedan registros de mi voz, o comentarios que he dicho que son de una lucidez sorprendente.

Tenía tiempo sin que me diera un resfriado, y éste que tengo ahora me dejó una tos molesta que no me deja dormir. Pero anoche me tomé una pastilla que me la suprimió, y además me tumbó a un sueño profundo. En él, mientras pasaba lo que pasaba, que a todas estas quedó en un segundo plano de importancia, recuerdo que me reía triunfante sabiendo que estaba soñando, que dormía profundamente y que había burlado a la tos. O sea, yo, en medio de un sueño bastante alejado de la realidad, estaba consciente de estar burlando la tos que no me dejaba dormir y me regocijaba en mi victoria rotunda sobre ella.

¿No son los sueños algo realmente fascinante?

El sueño era como decir que estaba dentro del cuento de Alicia en el país de las maravillas, así, bizarro y alegre, con cosas raras pero familiares bailando alrededor. Era medio psicodélico también, quien sabe si causado por la medicina que me tomé. Lo que se es que la estaba pasando muy bien, hasta que de repente un ruido como el ladrido de un perro me despertó de golpe. Había regresado, y los efectos de la pastilla se vencieron. Mi propia tos me despertó, y entre dormida y despierta casi pude verla sonriendo como quien dice "Lero lerito, te gané".

Eran las 5:36am y la muy rata vino para meterme el dedo en la yaga.

Con permiso, voy a taparme las ojeras.


Caro