Monday, July 28, 2014

Los Marcianos de Ray Bradbury




–Se están desapareciendo las cosas, ¡todo desaparece poco a poco!
–No es así, ¿no lo ves? ¡Aférrate a esta cuerda!
–¿Qué cuerda? ¡No hay nada!
–La cuerda, nuestra cuerda, ¡la que tejimos para aferrarnos en caso de emergencia! 
–Claro, tengo la impresión de que hicimos algo juntos por el estilo, sí...creo que lo recuerdo. ¡Ah sí, claro! ¡La cuerda, nuestra cuerda! Pero es que no la veo.
–¿Cómo que no? Si estamos pendiendo de ella, ¡sólo tienes que agarrarte! 
–No sé si aguante este peso...creo que no sé si va a aguantar. La hicimos en muy poco tiempo, no sé si se sostenga. ¿Cómo puedes confiar? Me muero del terror...sí, la hicimos ambos, pero no sé...antes confiaba, pero es que ha pasado mucho tiempo, y no sé si aguante. No tiene sentido...además, no puedo verla, no sé si está ahí.
–Quiero que confíes. ¡Necesitas confiar! 
–Pero ¿qué importa si hay o no una cuerda? Igual el resto de las cosas está desapareciendo, igual que la cuerda, no sé si están o es que se han esfumado de verdad. ¿Qué sentido tiene aferrarme a esta cuerda? ¿Por qué te aferras a ella? ¿Por qué tendría que hacerlo yo? ¿No sería más sencillo si la soltaras y esperaras acá en tierra firme conmigo, aunque desaparezca el suelo?
–No sé...¿y si desaparece?
–Seguirá ahí, como la cuerda que tu puedes ver y yo no.
–Mmm...ahora no sé. Ahora me has hecho dudar...y ¿qué si suelto la cuerda y caemos al vacío?
–Da igual...¿Y si probamos tú en la cuerda y yo en el piso a ver qué pasa?
–¿Y si no pasa nada?
–Ok...
–Bueno. Ok.
–Ok no...yo quiero que pase algo.
–Yo también.
–¿Y? ¿Cómo hacemos? ¿Te vas a soltar?
–¿No vas a aferrarte a la cuerda?
–Podríamos pasar la vida discutiendo esto, no sé si tenga paciencia.
–Yo tampoco.
–¿Y? ¿Esperamos o cada quien por su lado?
–Yo veo la cuerda.
–Yo no...
–Yo quiero estar contigo.
–Yo también. 
–Bueno.
–Bueno.

Thursday, July 03, 2014

¿ןɐǝɹ sǝ ǝnb?




Abrió los ojos y le tomó cuatro años para no ver borroso. Fue el sueño más largo y profundo que había tenido en todas sus existencias. Abrió los ojos y le dolieron tremendamente. Era un lugar luminoso, inabarcable. Trataba de alcanzar con su vista a lo más lejos que daba el horizonte, pero era infinito, inmenso. Ese lugar no estaba regido por las mismas reglas establecidas en su largo sueño. Acá podía volar, y todo lo que imaginaba era posible. Se distrajo con el vuelo de un insecto luminoso que se adentró en una especie de bosque, y fue detrás de él entre los árboles. Bajó por una pendiente tan inclinada que comenzó a caer en cámara lenta. En esa especie de caída afectada por la falta de gravedad, comenzó a girar hacia abajo y en remolinos, avanzando por una estructura en doble hélice que le hacía bajar en tirabuzones. El insecto se había convertido en un punto de luz entre los millones más que flotaban en lo que parecía una enorme constelación viva y palpitante. 

Había perdido el sentido del tiempo, pero notó que todas estas luces se movían poco a poco atraídas hacia un mismo punto en el espacio. Vio masas de gases aparecer de la nada y concentrarse hasta formar una colosal nube en espiral, y seguir compactándose más y más, al tiempo en que todas las demás luces iban fundiéndose en una masa gigantesca de luz. Comprendió que estaba siendo testigo de un fenómeno increíble. Su mente solamente podía procesar pistas a partir de los recuerdos residuales de su largo sueño. Es lo que parecía algún viaje al remoto principio del big bang. ¿Sería posible?

Intentó verse las manos, como lo hacía en sus sueños lúcidos para entender si estaba el un sueño o en la vigilia, pero no las encontró. Su reflejo de palparse el pecho y los bolsillos fue inmediato, pero no encontró nada. No tenía brazos, tampoco pecho, ni piernas, pero sentía que podía moverlos, o de alguna forma controlar los movimientos del recuerdo residual del que habría sido su cuerpo cuando soñaba profundamente. No tenía forma, tampoco aspecto físico, pero estaba perfectamente consciente de su existencia, y sin dudas, tendría que tener ojos para estar viendo todo aquel espectáculo espacial, y la estructura en doble hélices por donde ya no sabía si caía o volaba a voluntad.

A lo lejos, el sonido sordo de un metrónomo indicaba que una especie de tiempo transcurría. O al menos un ritmo, algo que marcaba un compás. Eso le daba una sensación de familiaridad, de algo conocido. De que a pesar de que todo acá era diferente, había algo del mundo que conocía en este otro. 

Fue sintiendo una fuerza que le arrastraba como una resaca hacia ese mismo punto adonde todas las luces estaban siendo atraídas. Se dejó llevar con algo de angustia, pero sin un cuerpo ¿qué podría pasarle? Iba contemplando este universo bestial en el que ahora habitaba. Supo que ese momento era precioso, que en algún momento quizá despertaría, o volvería a dormir para entrar al mundo que creyó suyo anteriormente. 

La velocidad aumentaba, y los puntos se convertían en rayas de luz. No había viento, pero sentía el vértigo en lo que antes habría sido su estómago. Iba muy rápido, la colisión con esa masa luminosa era inminente. Se preparó para el choque. Hubo un enorme estallido. Y silencio. No pudo ver momentáneamente. Recuperó el sentido. Su vista se adaptaba poco a poco a la claridad. Fue entonces cuando vio algo inconfundible y reconoció ese lugar. 

El sonido sordo del metrónomo se hacía cada vez más fuerte. Aquel ritmo ahora sonaba como una corta melodía que se repetía. Y volvía a sonar igual. Era un eco. No, no podía ser un eco en ese espacio infinito. Finalmente supo qué era.

Extendió el brazo para apagar la alarma de su celular. Era hora despertarse a continuar en su antiguo sueño. Se hacía tarde y debía trabajar.


Caro