Realmente me pongo a pensar y todo, absolutamente todo en esta vida es tan aleatorio. Imagínense la suerte que hay que tener para que, por ejemplo, a los padres de uno se les ocurra ponernos un nombre decente al que responderemos diligentemente y con el que pasaremos el resto de nuestros días.
Uno de los episodios que más lágrimas de risa me ha sacado, fue precisamente hace pocos días, y estaba relacionado con este tema de los nombres. Y cuando se trabaja con gente, sobre todo gente de todas partes del mundo, es inevitable encontrarse frente a unos cuantos que tienen nombres, por decirlo de algún modo,
exóticos.
Había escuchado hablar de apellidos que evocan a la fauna, por ejemplo,
Zorrilla,
Canario,
Delfín (jaaaa), pero nada, nada que se le acercara siquiera un poco al apellido
Perra.
También, gracias a mi carrera de Idiomas, aprendí muchísimo de las lenguas y las culturas. Ocurre, sí, que en ocasiones, suele haber nombres en participio pasado, como es el caso de
Amado. Pero nunca, jamás, había escuchado hablar del nombre
Olida (no Ólida, ni Olidá). Y mucho menos, cuyo apellido fuese, a su vez, y para colmo de males, Perra.
Desde el momento en que supe de ese nombre, no pude detener mis dendritas que conectaban y asociaban millones de palabras, conceptos, chistes, curiosidades y profunda compasión por esa persona. Hubo dos sentimientos encontrados: el de "como permitieron que alguien se llamara así?" vs. reirme hasta llorar, de sólo imaginarme ciertos diálogos que podrían derivar de su desafortunado nombre.
- Perra!
- No te permito que me llames por mi apellido!
- Perra!
- No toleraré más tu falta de respeto, para usted soy Señora Perra!
- Cachorra!
- Ya no soy una niña!
Etc. Etc. Etc.
Pero la diversión inicial se calmó sólo un poco al final. Después de ese episodio, me reí sola todo el día como nunca lo había hecho en años. Yo sola, hablaba en mi carro mientras iba en camino a algunas citas de trabajo y no hacía sino reirme a carcajadas, sacándole punta al nombre de esta pobre señora que merecía respeto, pero que con un nombre así...
Pronto recibí la noticia de que el nombre lo habían deletreado mal, lo que, contrario a apagar el chiste, lo impulsó de nuevo y me hizo reir casi el doble de lo que ya había reido. Había sido un error. Un desafortunado error que jamás debió haber existido, pero que me causó reirme hasta el cansancio. El apellido era Parra...pero ya era demasiado tarde. En mi cabeza seguirá siendo Perra toda su vida.
Esto me hace acordar de un episodio que mi mamá tuvo en su trabajo hace muchos años, cuando regresó de la oficina, privada de la risa, diciendo que una muchacha le había dictado su nombre como se pronuncia Diana en inglés. Así que mi mamá, que vivió un tiempo en Inglaterra en su juventud, automáticamente, escribió "Diana", y la muchacha la corrige diciéndole, "no señora, es D-A-Y-A-N-A"...
Y sí, sé que tengo un sentido del humor un tanto peculiar. Max siempre me dice que me río de cosas que no son cómicas, y que soy rara porque no me gustan las comedias. No se explica cómo no me río con ellas.
Supongo que saqué ese sentido del humor de mi mamá. Me alegra. Es barato, y uno se lo pasa tan bien!
:::Caro:::