Tuesday, April 26, 2011

No te vayas todavía





No quería irme, pero esas cosas pasan...creí que me conocías bien.

Aún recuerdo que íbamos alejándonos, y yo corría hacia tí, pero tenía patines, y en mi sueño no sabía patinar.

-¿Por qué te fuiste?
-Tu me conoces, yo soy así.

Mientras veía nuestras figuras apartarse en la playa. Estaba todo oscuro excepto por esa linterna que nos alumbraba como un pequeño reflector desde el momento en que nos cayó la noche.

-Te olvidaste de mí, por eso me fui.
-Pero yo estaba a tu lado, ¿cómo crees que iba a olvidarme de tí?
-No se, tu sabes como soy...creí que perseguías mariposas, y yo también me fui a perseguir las mías. Ahora todo cambió; ahora tu estas allá y yo acá.
-Pero estoy a diez pasos de distancia.
-Eso es demasiado lejos.


Caro.

Thursday, April 21, 2011

Un precioso día





Sin alarmas ni sorpresas, amaneció. Y amaneció así porque apagué mi celular para que nada me interrumpiera el sueño.

Me levanté con la fatiga de los días pasados, constantes, con el ritmo fijo y pesado de una locomotora en marcha, sin intenciones de parar. Me levanté con una definición más clara de esa palabra. De la palabra fatiga. Parte por vivirla en carne propia por tantos días seguidos, y otra parte por haberla leido tan claramente mientras la sentía en mi refugio de descanso, adonde suelo ir cuando no puedo ir a ningún lado físicamente. Un lugar donde sólo llegan quienes han estado ahí. Que existe, pero no queda en ningún lado. Ese, cerca de una ventana siempre, con una luz de atardecer caraqueño en la azotea de cualquier edificio. Ahí. Donde hay siempre un sillón cómodo y se está a gusto. Donde, a pesar de la luz del día, el ambiente que hay recuerda a aquel de altas horas de la madrugada, donde se puede hablar de lo que sea y nadie te oye, pero hay alguien que escucha.

Desperté en un día nublado, perfecto día para tenerlo libre y dejarse ser tranquilamente, sin la presión de tener que aprovecharlo afuera porque hay sol.

Entonces puedo escribir, que es al fin y al cabo una forma de libertad. Puedo escribir y puedo sentirme entendida. Puedo sentarme a sentir y que sientas el momento. Bajar un cambio y pensar en lo que realmente importa. Nuevas metas. Renovación de unas que creí haber descartado, pero ahora cobran un valor inmenso. Pienso en ese email que llamé con la mente. En un futuro nostálgico de un momento que no ha pasado, y vuelvo a mi vieja cápsula espacial, y aquella azotea vuelve a mí.

Hay conexiones que son inexplicables.

Sigo viviendo mi día. Está aún nublado, pero es un día maravilloso porque me estas leyendo, y sé que me entiendes.


Caro

Tuesday, April 19, 2011

No hay cielo





Esta es la luz de Caracas. Creo que es la luz la que me hace regresar a esa época, no sé. Es algo en el ambiente, el clima ¿quizá? La verdad es que hoy me desperté y al abrir las persianas, me sentí como si estuviera en algún lugar en Caracas, y luego una serie de canciones que tocaban aleatoriamente en mi iPod terminaron de aderezar la experiencia. Y si a eso le sumamos que mi pinta de hoy es bien ochentosa, diríamos que es la cereza al tope.

Es la luz. Definitivamente lo es.



Caro

Tuesday, April 12, 2011

Aquella camisa





Aquella camisa. No la recordaba hasta que la encontró en su closet, doblada a presión por el peso de la ropa que tuvo encima por años. Se vio obligada a sacarla de ese espacio fijo que había ocupado desde que la puso ahí, en el año mil novecientos...no lo recuerda bien, pero desde aquella época estaba ahí. Digamos que desde el verano pasado, para ser exactos, pero ella lo sentía como muchísimo más tiempo.

Al llegar a casa notó que tenía una pila de ropa para lavar, así que hurgó en su armario, y la descubrió ahí. La desdobló y al pasar su cara por el cuello mientras se la ponía, notó que tenía un olor viejo y familiar. Lo reconoció enseguida. Era el vaho de aquellas noches cuando dormía del lado derecho de la cama en otra vida, en su vida pasada. No hizo falta cerrar los ojos para volver.

Se impresionó de cómo los olores se comportan como máquinas violentas del tiempo, creando sensaciones aún más vívidas que las que causan incluso algunas canciones. El olfato es el sentido que deja entrar más directamente los estímulos al cerebro, y así le sorprendió esta camisa, sin filtros. Inesperadamente.

Pensó en él. Echó un vistazo a su alrededor con la camisa a medio poner y le entró el desamparo en el medio de su baño, en su media desnudez. Recordó aquel cigarrillo que le hizo rechazar y todas las bocanadas que inhaló de otros pulmones, y deseó fumar. Deseó entonces todo lo que siempre odió por aquel recuerdo olvidado que ahora le dolía. Y se odió por haber deseado algo tan estúpido.

Pudo haberse quitado esa camisa y buscado otra para ponerse, pero no lo hizo. Decidió quedarse allí, en ese viaje raro por los recovecos que creyó haber tapado en su memoria, y se quedó ahí, inmóvil en su auto castigo.

Encendió dos barritas de incienso que le traían otros recuerdos, y se dejó llevar por el humo y la mezcla de sensaciones hasta que el día murió irremediablemente.


Caro

Wednesday, April 06, 2011

You give Asia a bad name






La china de arriba se ha convertido en un ícono. La tipa saca energía de donde no tengo la más mínima idea, pero por increíble que parezca, la vieja se la pasa arrastrando muebles por toda la casa como alma en pena. Eso, amén de sus prácticas Yoko Ónicas cuando pelea con la hija adolescente con quien vive y de quien hasta ahora no hay pruebas de que exista, pero que es igualita de ruidosa que la madre a la hora de hacer bulla.

El hecho es que la china es omnipresente, sobretodo a las horas más insólitas, cuando me paro a media noche para ir al baño, ella esta justo arriba de mi baño -moviendo algún mueble, claro. O cuando llego de una rumba a las 4am, voy a la cocina a tomar agua, y adivinen qué: la china también está en su cocina arrastrando el armario que sacaba del baño, la vez anterior que la oí. Es un caso asiático de ruido constante.

En una oportunidad a plena luz artificial de las 9pm, oímos unos alaridos desgarradores. Bajamos el volúmen de la tele o de la música, callamos las computadoras y paramos todo para enterarnos de qué se trataba. Para variar, la china. Ésta vez se desgañitaba peleando con la hija imaginaria, y se oían puertas batiéndose a todo dar, tacones por todo el techo. Ah, porque esa es otra. La china no usa pantuflas de tela como cualquier ser humano, no. Usa lo que suenan como guayos de fútbol hechos de madera para andar por toda su casa, y a quien yo voy persiguiendo con el palo de escoba abajo, propinando embestidas brutales contra el techo para que se dé cuenta de que molesta. Pero es china, y no entiende los escobazos en español (?).

Se preguntarán cómo sabemos que es china. Muy fácil. No entendemos un carrizo de los gritos que pega, además que el parecido con las inflexiones de la ex de John Lennon son indefectibles.

El caso es que un día comprobamos que era china, no solo por los gritos cuando discutió aquella noche con su hija imaginaria, sino que me dije "¡ya basta! Esta oriental del mal va a tener que verme la cara y calarse el chaparro que le toca para que se calle". Me puse unas pantuflas, un suéter y salí intempestivamente al segundo piso, de donde vienen los ruidos. Luego de unos varios golpes a la puerta, se oyó el alarido exacerbado e histérico del otro lado, luego lo que imagino eran varios pares de guayos de madera volando por la sala, portazos, unos pasos que se acercan torpes y veloces, de pronto se abre la puerta y adivinen quien era?? LA CHINA. Ese fue un momento de epifanía como cuando Amelie vió al misterioso hombre de la cabina de fotos.

Bueno. Sale la vieja acomodándose el pelo, sudando, con los pantalones a medio poner, la chaqueta toda desarreglada, diciéndome a mííííí que le dijera a suuuu hija -imaginaria- que todo era culpa de la tipita, y que si no se callaba, que yoooo llamara a la policía (????). Esteee...perdón? Señora (persiguiendo a la vieja hacia los ascensores) la verdad no sé cual será el problema que haya en su casa, lo único es que podemos oir toodoooooa lo que pasa en stereo, sonido surround en el piso de abajo, y es tarde, queremos dormir. La señora lo que alcanzaba a decir "go tell her that I'm leaving". Pero a todas estas, ya estábamos bajando en el ascensor y entre una mezcla de estupor, escepticismo, surrealismo y confusión, me bajé sin entender bien lo que había pasado. La verdad es como si todo lo hubieran dicho en chino (?).

El hecho es que ésta china trascendió. Igual nos la calamos con sus "ruidos menores" de vez en cuando, aguantando sus guayos de madera y su movedera de muebles aquí y allá, pero nada como aquella noche de Lost in Translation.

Ahora siempre que nos referimos a un ruido molesto o algún grito desgarrador casi detectable solo para los perros, hacemos referencia a LA CHINA.


Tuesday, April 05, 2011

El tiempo: un perrito que se muerde la cola





La vida es una rueda. Hoy respiramos, mañana no. Y yo, que me quedé, me alejo del día en que ustedes dejaron de hacerlo. Pienso en eso y me dan ganas de llorar. La vida continúa, y cada día que pasa, que me aleja de ustedes, me acerca indefectiblemente al momento en que les vuelva a ver. Un día más lejos, un día más cerca. La incertidumbre del tiempo me hace sentir como si este momento fuera permanente, aunque lo entienda lógicamente, mi corazón no sabe de esas cosas.

Somos una ola en el mar. Una paradoja que cobra sentido. Un constante devenir. Una partícula de plancton flotando en el océano. Inmensamente pequeños, capaces de sentir algo, con tal fuerza, que abarcamos el universo entero.

Son tiempos de corrientes impetuosas. Imposible no sentir la tormenta alrededor. Imposible no sentirla y permitirnos crecer en ella.

No necesito ser protagonista para entender el dolor y la alegría ajenos como propios. Lo que me une a la fuerza vital es la empatía. En la pulpa de la existencia late mi corazón con el de todos los demás. Entender esto me fusiona permanentemente con el ritmo colectivo que palpita en el pecho de cada uno de nosotros como seres vivos, como humanos.

Paso la página de este libro de cabecera que es mi vida, y pateo la misma lata cuando lo vuelva a leer.



Caro

Sunday, April 03, 2011

La espera






Soy dueña del tiempo. Éste segundo que pasa lo veo perfectamente. Se detiene en cámara lenta, se escurre cada vez más lento, como para atraparme. Es un instante hipnótico en el que el aire se va convirtiendo en algo denso, en un gel, estoy sumergida en una piscina de miel. Vuelvo al vientre de mi mamá. Todo flota, todo es perfecto. Escucho Yann Tiersen (Mary live) y es exactamente la música que calza en este letargo amniótico, que es parte del todo que me rodea, del ritmo perfecto y lento con el que todo se mueve, ahora, en esta ínfima fracción de tiempo en la que habito, infinita, inmensa canción.

Es algo maravilloso, la música. Es eterna, luminosa. ¿No sienten como flotan? ¿No es increíble esta sensación? ¿La oyen? ¿Sienten lo mismo que yo? Siempre que pueda escribir de algo importante, entonces escribiré sobre la música. Pero ¿escuchan esa voz? ¿No les conmueve? Las notas son redondas, se escurren lentamente en esta foto, la foto de este instante donde estoy atrapada.

No es una foto cualquiera. Es una que atrapó a su vez a un video. Todo tiene movimiento, absolutamente todo se mueve en cámara ultra lenta. Pienso que para que haya un video dentro de una foto que está tomada en cámara lenta, y para que éste se vea a velocidad normal en el mundo de la foto, tiene que ir a una velocidad extremadamente alta.

Es trascendental. La música es definitivamente trascendental. No me imagino la muerte sin ella. Lo digo, porque muchos creen que la muerte es un no-lugar. Para mí es una sala de espera. Eso es la muerte para mí. Donde esperas tu momento para renacer, ahí sentadito como un paciente. Y de eso sí se yo, de esperar como paciente tu turno en la vida. Yo lo espero con música. Todo es más llevadero con ella. Y para alguien tan impaciente para tantas cosas como lo soy yo, la disciplina obligada de la espera se convierte en una pequeña muerte, donde, si espero sin música sufro, y si lo hago con música, siento que soy dueña del tiempo. Y siento esto que describo, esto maravilloso.

Entonces la muerte ya no es muerte si se espera con música.

Me detengo en el silencio de esta canción, que es la inercia entre cada uno de los golpes del violín.



Caro