Tuesday, August 04, 2026

La consciencia de quien observa





Basta con observar detenidamente durante un período para ver cuándo se cierra un ciclo. La vida es un rulo, una espiral de ciclos que se repiten infinitamente hasta que llega un punto en que el tiempo observado comienza a revelar un panorama más predecible de las cosas. En medio de la complejidad y el ruido, la verdad se encuentra en la simpleza y el silencio. En esas condiciones podemos distinguir en el fondo de nuestra mente las correspondencias, vibraciones, polaridades, ritmos y causas y efectos en los que estos ciclos se generan. Pero como arriba es abajo, y como abajo es arriba, todo eso también se genera adentro de uno.

El momento crucial es detectar cómo uno lo registra intangiblemente, para entender el instante en que se puede cambiar todo a favor de una resonancia más armónica, y generar una alta coherencia que devenga en el equilibrio interior, para que, con el mismo principio de que como es adentro, es también afuera, esto complete su círculo. 

La observación de cincuenta ciclos me abre a una comprensión de la realidad en la que la maestría en cómo usar el instrumento indispensable de la creación debería ser la prioridad más alta para desplegar todo nuestro potencial humano. Me refiero a la mente. Ella es la responsable de crear todo lo que existe y lo que está por existir. Todo parte de la mente, pero no nos damos cuenta de eso y actuamos interpretándola como un cavernícola lo haría con las llaves de un auto eléctrico: sin la más pálida idea.

Esta prioridad de entrenar mi mente en función de mi equilibrio interior me ha hecho sentir que el plano mundano material es maleable y que es muchísimo más fácil solidificar ideas y proyectos que sin entrenarla. La intuición parece hacerse más aguda cuando la mente está quieta y aprende a filtrar el ruido externo que la nubla. Comienzo a reconocer los ciclos, los momentos cruciales y las oportunidades, a entender cuándo el cuerpo me pide descanso, o más agua, o un paseo por la naturaleza. La calma mental es un muro que separa el trigo de la paja con una lucidez casi surreal.

La mente es el hilo conductor y mejor amiga cuando la entreno. Pero sostener esta práctica es todo un desafío. Requiere de compromiso, concentración y sobre todo amor propio. Gracias al principio de correspondencia, ese amor, como lo es para mí, también lo es para los demás.


Stream emocional post 24 de junio, 2026

Ahora estoy en mi semana de Rocco 100% del tiempo y no quiero que me vea triste. Estoy haciendo daimoku, entregándome al momento, jugando con él, transmutando este dolor, apreciando el presente y la fortuna de estar viva todavía. Cuando pueda entregarme al llanto, lo haré. Por ahora, solo de a momentos y no permito desbordarme. Pero sí que necesito una buena llorada porque la tengo como un tapón en los lagrimales.

Sé que tengo que avanzar en el proyecto, pero, por otro lado, me siento frente a la compu totalmente abrumada con la obligación de seguir adelante con la vida mundana sin haber podido procesar el tremendo impacto que me dejó la noticia de los dos terremotos en Venezuela. Me desborda el estado de vulnerabilidad de un país entero, no solo ante un desastre de tales magnitudes, sino en las condiciones de represión, total negligencia y desamparo por parte de las fuerzas represoras que tienen secuestrado el poder.

No me quiero poner política, porque el dolor ni siquiera pasa por ahí. Lo que la política me produce es una indignación que se suma al duelo y a la desesperación por la que están pasando tantas familias afectadas.

Es, como dicen en criollo, mucho con demasiado. Tengo el corazón abierto como una patilla y me abrumo, quiero llorar todo, y en el mejor caso escapar, encontrar el botón de detener al mundo para tomar un respiro. Las imágenes que inundan las redes son devastadoras, me cuesta procesar tanto, pero también sé que, si no me abstraigo un poco, el próximo paso es somatizar, como fue el caso con las fuertes migrañas que he tenido en los últimos días desde que todo pasó.

Es muy hondo. Tenemos que cuidarnos. Salgo con Rocco a pasear en el carro con las ventanas abiertas, lo llevo al parque, jugamos bajo la lluvia. Manejar me da chance de procesar en silencio. Debemos aprender a administrar nuestra energía, equilibrarla, no quedarnos en un extremo, buscar la luz de la alegría a través de la gratitud y apreciar el privilegio de contar con nuestros afectos, nuestras parejas, nuestros amigos, una ducha de agua caliente, el verde de algún árbol. Todo lo que nos rodea cobra otra dimensión.

Ese es mi rayo de luz cuando siento que llevo mucho tiempo en la tristeza. Me refugiaré en el silencio.