Tuesday, November 26, 2024

Colecciono experiencias




Me la paso en un momento bisagra. Mi vida no es una, sino decenas de eras diferentes. Todas importantes para mí. Para alguien que persigue el cambio como un objetivo, los giros de trama no se acaban nunca.

 "Somos viajeros del tiempo," como un día me dijo mi papá. Y es verdad, pero solo puedes darte cuenta cuando has llegado lo suficientemente lejos en el futuro y te detienes a ver hacia atrás el camino andado. Entonces ves clarísimo como los años viajaron a través de tí. Por eso a veces miras el reloj y marca una hora que percibes totalmente desfasada, pero es perfecta porque la provocaste tú. 

Hace un par de años tomé la determinación de no dejar pendientes con la vida. Que si me voy mañana, yo sienta que hice la tarea exactamente como me hubiera gustado encontrarla hecha. Y me puse a cerrar episodios abiertos de los que tenía consciencia. Entonces llamé a aquel ex para explicarle mi lado de aquella separación confusa, y regalarnos un cierre. Llamé a alguna amiga con quien desconecté por razones que no iba a entender en su momento y reconectamos intensamente, abriendo una nueva era de nosotras. Me propuse volver a mi tan postergada Venezuela a hacerme cargo de la última voluntad de mi vieja de echar sus cenizas al mar de nuestra entrañable Cata. Me incluí en esa lista y decidí reconectar conmigo de manera consciente, haciendo memoria y cuenta de quien soy, no de quien estoy acostumbrada a ser. Y salí de muchos clósets que ya no aplican. 

Actualmente estoy reinventándome en una ciudad nueva, mi más reciente y última parada. Haciendo una limpieza existenial para seguir más ligera en esta nueva era que se abre frente a mí. 

Estrenando nueva piel. Pero siempre aquí y ahora.


Para acompañar (el solo de flauta es todo lo que está bien en la vida)

Wednesday, April 17, 2024

No es volver. Es seguir andando.



Me encantaba caminar por cementerios. Especialmente los verdes, con enormes extensiones de jardines usualmente bien conservados y con flores frescas en las tumbas. Casi siempre estaba solo, y eso era lo que más disfrutaba. Excepto cuando ocasionalmente había un entierro y se veía un grupo de dolientes haciendo la ceremonia del último adiós.

Recuerdo que en una oportunidad en el camino de regreso, me tocó pasar cerca de uno de estos grupos, y escuché a dos señoras cuchicheando. Una le decía a la otra que su epitafio no cabía en la lápida. Y la otra le preguntó qué tan largo podría ser, a lo que le contestó:

"Pues mira, tenía todo, y no se creía capaz. Porque no se creía capaz, se paralizaba del miedo. Porque se paralizaba del miedo, pensaba que estaba solo. Porque pensaba que estaba solo, no se atrevía a pedir ayuda. Porque no se atrevía a pedir ayuda, sentía el peso del mundo encima. Porque sentía el peso del mundo encima, estaba permanentemente cansado. Porque estaba siempre cansado, había mucho ruido en su cabeza. Porque había mucho ruido en su cabeza, pasaba por alto prioridades. Porque pasaba por alto prioridades, las personas a su alrededor dejaron de confiar en su palabra. Porque dejaron de confiar en su palabra, perdió la confianza en sí mismo. Y porque perdió la confianza en sí mismo, cayó en un letargo como el de las presas que se entregan después de una carrera por su vida hasta que se rinde del cansancio a las garras de su depredador. Excepto que su depredador era que no se creía capaz a pesar de tenerlo todo."

No tiene más remate. Seguí andando y hoy esta historia vuelve a mi por alguna razón a la que debo ponerle especial atención.