Me la paso en un momento bisagra. Mi vida no es una, sino decenas de eras diferentes. Todas importantes para mí. Para alguien que persigue el cambio como un objetivo, los giros de trama no se acaban nunca.
"Somos viajeros del tiempo," como un día me dijo mi papá. Y es verdad, pero solo puedes darte cuenta cuando has llegado lo suficientemente lejos en el futuro y te detienes a ver hacia atrás el camino andado. Entonces ves clarísimo como los años viajaron a través de tí. Por eso a veces miras el reloj y marca una hora que percibes totalmente desfasada, pero es perfecta porque la provocaste tú.
Hace un par de años tomé la determinación de no dejar pendientes con la vida. Que si me voy mañana, yo sienta que hice la tarea exactamente como me hubiera gustado encontrarla hecha. Y me puse a cerrar episodios abiertos de los que tenía consciencia. Entonces llamé a aquel ex para explicarle mi lado de aquella separación confusa, y regalarnos un cierre. Llamé a alguna amiga con quien desconecté por razones que no iba a entender en su momento y reconectamos intensamente, abriendo una nueva era de nosotras. Me propuse volver a mi tan postergada Venezuela a hacerme cargo de la última voluntad de mi vieja de echar sus cenizas al mar de nuestra entrañable Cata. Me incluí en esa lista y decidí reconectar conmigo de manera consciente, haciendo memoria y cuenta de quien soy, no de quien estoy acostumbrada a ser. Y salí de muchos clósets que ya no aplican.
Actualmente estoy reinventándome en una ciudad nueva, mi más reciente y última parada. Haciendo una limpieza existenial para seguir más ligera en esta nueva era que se abre frente a mí.
Estrenando nueva piel. Pero siempre aquí y ahora.
Para acompañar (el solo de flauta es todo lo que está bien en la vida)
