El tiempo no para. Menos mal, porque la sensación estática me desespera. Yo no paro tampoco, pero cuando lo hago, me doy cuenta de que todos a mi alrededor tampoco lo hacen, y eso me produce una gran sensación de nostalgia. No sé por qué. No sé si será por la impresión de quedar rezagada, atrás.
Tal como la naturaleza cuando se descuida, que se come las casas, los caminos y todo lo que esta a su paso, dando al poco tiempo la sensación de que por ahí no pasó nunca la civilización, la gente y las costumbres son exactamente iguales. Somos todos un gran manojo de rutinas y subrutinas; en la universidad, en el trabajo, en los lugares donde uno vive...todo tiene su tiempo y su espacio. La gente también. Mientras uno comparte determinada actividad con un grupo en determinado lugar, esa gente, esos espacios son, en ese momento, el entorno que conforma el mundo propio, y uno, a su vez, es parte del de cada uno de ellos.
Al uno salirse, casi automática, pero no necesariamente de inmediato, deja de ser parte del mundo de esas personas que conformaron tu mundo hasta hacía poco. Al dejar de compartir un tiempo y un mismo espacio con ellos, hay dos desconexiones; una, que es la física, y otra, que es la emocional.
La desconexión física es la que menos me afecta. A través de todas las redes sociales, ya esa desconexión parece casi no existir, y ese contacto puede mantenerse a pesar de lo lejos que puedan llegar a estar en el mapa.
La desconexión emotiva es la que más me cuesta perder. Ésa es la desconexión que me llena de nostalgias. La que un día fue y ya no parece estar más. O la que un día estuvo y fue buenísima, y quisiera que se conservara igual, pero que la selva del olvido va comiéndose poco a poco, esperando a que algún día alguna foto o algún recuerdo por asociación la desempolve y nos haga presentes que una vez esas personas fueron protagonistas de nuestro mundo en aquel tiempo y en aquel espacio.
Mi nostalgia es porque, quizá, a pesar de lo tarde que yo vea esa foto que desempolve aquel recuerdo, ésa conexión emocional que alguna vez hubo, vuelve intacta, y quizá para aquellas personas de aquel tiempo y espacio, yo jamás salga de esa selva del olvido en la que algún día me dejaron enterradas sus memorias.
Caro























