Febrero 27, 2010
Estoy oficialmente aburrida. Creo que no recuerdo la última vez que sentí esto. Todo el día en casa viendo la cobertura de las noticias del terremoto en Chile, un verdadero drama que me sacudió esta mañana por dentro. Afortunadamente todos mis amigos están bien, sin embargo, yo me quedé en la nota, no pude salir del estado de ansiedad que todo esto me causó.
Me bañé y, en un intento desesperado por superarlo, salí de casa con una motivación nula.
Esto de pasar tanto tiempo conmigo misma me hace caer inevitablemente en el autoanálisis. Así que venía en el carro pensando en qué es lo que mueve al mundo. Sabía que la respuesta no era "el amor" o "la felicidad"; para mí la respuesta, el fondo del meollo, sería descubrir entonces qué mueve al amor y a la felicidad.
En un chispazo repentino, me sorprendió la palabra que estaba buscando. Esa, importantísima que está detrás de el amor, la felicidad, el esfuerzo, los deseos, y todas esas que el mundo normalmente cree que son las que lo mueven. Saltó en mi cabeza, y me sorprendió que fuese una tan humilde como lo es "correspondencia". ESO es lo que realmente mueve todo el resto, la fuerza, el motor que empuja eso que impulsa al mundo. Es la reciprocidad lo que hace que todo, absolutamente todo tenga éxito.
El amor, si no es correspondido, no lleva a la felicidad; un esfuerzo, si no es correspondido con su recompensa, no lleva a la felicidad...y así podríamos ir por la lista de cosas que provocan la felicidad; todas basadas en la correspondencia, siempre con dos elementos necesarios y catalizadores, causa y efecto.
Caro

