Monday, February 22, 2010

Llamar a las cosas por su nombre





Hoy llueve. El consultorio del dentista donde me tocó interpretar es como haber entrado en la cápsula del tiempo quedada en los ochentas. Parada frente a la ventana que da hacia el centro de la ciudad y con un hilo musical clásico de fondo, afuera llueve y está gris, y de pronto tuve un flashback al apartamento de abuelita María V.

Quiero que haga sol. Quiero quitarme esta sensación de melancolía climática que tengo encima.

Tarde o temprano llega ese momento en que, después de la subida, termina el instante de inercia que se forma justo antes de bajar. Muchas veces, o casi siempre, le pongo empeño y buena nota a todo lo que hago, pero muy pocas me hago grandes ilusiones sin calcular una falla, y esta vez lo hice. Esta vez lo hice y falló.

Enseguida mi mecanismo de defensa contra estas cosas salió en su carrito de bomberos hacia mi cerebro, quien mandó refuerzos a ese lugar indefinido entre mi pecho y la boca de mi estómago para que calmaran las inundaciones causadas por una tormenta intempestiva de llanto interno. Se bajaron y me hicieron la pregunta: "¿qué tienes que aprender de esto?"

Entonces escampó en seco.

De regreso a casa, "Segundo Tiempo" de Cosmonauta volvió a tocar, por si fueran pocas las 170 veces que la oí este fin de semana, pero vino perfecta. Saltó en mi ipod a decirme que, con la lluvia, el frío, y todo esto, hoy debo a asumir a la Supertramp; que hoy volveré a revisar mi buzón y que pare ese reloj que eché a andar aquel día que despegué del otro hemisferio; que es hora de enfocarme en el aquí.

Es posible que luego piense que he sido demasiado emocional, como suele ocurrirme, pero hoy, por una vez, no tengo a la Supertramp. Hoy lo soy.



Caro Supertramp

Thursday, February 18, 2010

¿Dónde?



Waitin' for a Superman


Venía manejando con prisa para aquella cita de trabajo, ocupada en leer bien las direcciones que tenía anotadas para no tomar el cruce equivocado, pues no había tiempo para llegar tarde. Perfecto, llegué a tiempo y todo pasó con la mayor de las calmas, sin alarmas ni sorpresas.

Al tomar la ruta de vuelta, me dio la breve impresión de que estaba yendo en sentido contrario. Es decir, que no reconocía los paisajes por los que había pasado anteriormente, y noté que la mayoría del tiempo tuve la vista puesta en el papel de las direcciones, y que no guardaba memoria de referencias del camino, y me pregunté "¿adónde voy cuando estoy y no estoy?" No es una pregunta nueva. Es obvio que yo ya había pasado por ahí, pues confirmé que era el camino correcto, el mismo que había tomado anteriormente, pero, ¿cómo es que pude manejar todo ese largo trayecto sin "estar" ahí?

Lo mismo cuando me distraigo. Verán, es que soy sumamente distraida, y suele pasarme que me quedo pensando y, sin cerrar los ojos, dejo de ver ese instante, ese lugar donde estoy físicamente, y me voy adonde mi mente se va...pero cómo es eso posible? Cómo es que los pensamientos tienen ese poder de abstracción tan bárbaro como para borrar todo a lo que apuntan mis ojos? Eso me parece, no sólo increible, sino fascinante.

Creo que es parte de mi intriga con los sueños. ¿A dónde vamos mientras dormimos? ¿No es el cerebro humano una maravillosa máquina que además viene con un sistema de entretenimiento ilimitado y gratis para no aburrirnos en las noches mientras permanecemos inmóviles durante tantas horas? Es increible, pero me mata la curiosidad.

Mi suegra me cuenta que su padre, a quien ella cita muchísimo, decía "eso le pasa por no estar donde se está", y es cierto! Claro que estamos, pero no estamos cuando la mente borra todo a nuestro alrededor.

¿Qué cara pondré mientras viajo mentalmente? ¿seguiré con mi vista a cosas a mi alrededor como cualquier otro que "está estando"? ¿Quién soy, o mejor dicho, quién es esa persona que queda ahí mientras yo me voy?

Puedo saber a donde voy en mi cabeza; cruzando el Atlántico, posteando algo imaginariamente en alguna red social, pensando en la próxima película que veré, buscando el Sur en un mapamundi o calculando dónde en el recorrido irá aquello que envié por correo. Eso lo sé. Un día me llegó una postal y no revisé más el buzón.


Ahora me pregunto adónde me fui mientras estuve escribiendo este post.




Caro

Saturday, February 13, 2010

Esto que sale






Algo enorme me hizo sentir una fuerte necesidad de venir a escribir. Es una mezcla de nostalgia con profundo agradecimiento. Hay algo invisible que me empuja hacia adelante, no sé qué es, si una canción, unas cartas, unos recuerdos, una conversación o cosas que veo entre líneas de la vida, o todo. La verdad que no lo sé, y no sé tantas cosas.

Esta masa de energía que me rodea, si pudiera darle una ubicación física, diría que sale del centro de mi cuerpo, pasa por conducción hacia mi pecho y sigue subiendo hasta volar en un halo que escapa a presión de mi cabeza hasta el infinito. Después de esa explosión inicial, siento mi corazón palpitando, y ese lub-dub genera vibraciones en pequeñas ondas expansivas que se mantienen latiendo y no permiten que esa sensación original se vaya; algo que se genera de una chispa mínima crece como bola de nieve hasta llegar a la conclusión de que nada es imposible. Que el potencial para alcanzar lo que sea está dentro de nosotros, y que también lo están los obstáculos para imperdírnoslo dentro de nosotros. Debemos vencerlos, y el descanso no es una opción. No cuando se tiene una determinación puntual, y por eso la importancia de renovar constantemente nuestras metas.

Es hora de renovar las mías. El mundo alrededor no cambia, sino nuestra propia perspectiva del mundo.

Con permiso, voy a enfocarme en algunos asuntos. Nos vemos en la cima.


Caro