Friday, November 15, 2013

Bibo no Aozora




Son recuerdos de una lluvia helada escurriéndose en el parabrisas de un auto que nunca sintió suyo. El regreso a tierras invernales después de fundirse en el sol del Caribe.  Una pérdida dentro de otra pérdida. La falta de rumbo que deja un fuerte ruido. Abrir los ojos y ver bajo el agua del mar. La carencia afectiva injustificada. Soñar con abismos de total oscuridad y levantarse con el vértigo que siente alguien que ya no está. Sentir en primera persona lo que pasa en tercera. Asumir otro rol desde ese momento y para siempre. Querer sacar a flote un barco hundiéndose con una cucharilla de postre. Fallar. Sistemáticamente. En todos los ámbitos de la vida. Estallar en forma de fuegos artificiales. Recorrer Queens Road West una y otra, y otra vez. Agotar la buena fortuna y montarse en la bici para generar más. Pedalear con furia en medio de esa lluvia helada, sin abrigo, ni casco, ni impermeable, y no parar nunca más hasta llegar al recóndito sur siete años después. Volver a escuchar esa canción. Conectar con el año 2006. Ver como la memoria emotiva adquiere vida propia. Venir aquí a escribir lo que ella me dicta. Poseída. Viendo de cerca algo que está tan lejos ahora. Sintiendo sin sentir. Corporificar a un crononauta que mira un evento propio como ajeno. Regresar del viaje sin sufrir jetlags. Quitarse el casco, el traje espacial. Dejarlo ir.



Caro.

Thursday, November 14, 2013

Paradoja de una Brecha Generacional





En este momento el tobogán del tiempo cronológico de la historia parece haberse solapado. La generación de las mujeres nacidas en la década de los sententas coincide con la dimensión de pensamiento, de forma de ser, de sentir y de ver las cosas de los chicos de la generación nacida en los ochentas. 

Este fenómeno, para ellas, es un verdadero dilema. Los hombres contemporáneos a estas mujeres, comparados con los chicos de veintitantos, son unos completos indolentes metrosexuales que sólo andan pendientes del Superbowl, del auto último modelo y de los cargos empresariales de traje y corbata, mientras que los más jóvenes parecen compartir con ellas la misma sensibilidad por las cosas simples de la vida, el valor de coleccionar momentos, la importancia de hacer sonreír al otro, la necesidad nula de impresionar y todas esas cosas que parecen no tener cabida en un mundo donde sólo se piensa en aprovecharse de los demás y en explotar oportunidades desiguales para beneficiarse a sí mismo, hasta en las relaciones personales.

Es como si sólo a partir de los ochentas, comenzaron a nacer futuros hombres que desarrollarían la sensibilidad de la que tanto carecen los de su generación anterior. Y surge un desfase generacional que separa a dos géneros nacidos en una misma década, y ese mismo alejamiento provoca que dos grupos separados por años de nacimiento se unan en la misma forma de pensar, de ver las cosas y de sentir la vida.  De alguna manera, es como si una misma generación hubiera nacido con una década de diferencia, alternada por géneros. 

Esta brecha generacional que les acerca no sucede por una falta de madurez de las mayores ni por una especie de genialidad o precocidad por parte de los menores. Lo que les une, lo que les pone en un mismo plano es aún más profundo que eso. Tiene que ver con el enfoque que le dan al mundo que les rodea. Que miran las cosas con un mismo filtro. Irónicamente, lo que les hace compatibles no es precisamente la edad, que es justamente lo que les separa.


Quizá es la forma de sentir lo que nos une a ellos. Pero lo que nos separa es que inevitablemente nosotras crecimos en un molde en el que el concepto del éxito difiere de los suyos. Ahí es donde se pelan los cables y se abre la encrucijada. Igual pienso que es una reconciliable.


Puede que muchos más de los que quieren admitirlo entiendan lo que quiero decir aquí, aunque sólo una pequeña parte se atreverá a estar de acuerdo. Solo sé que el silencio de los que permanecen callados también otorga.


-Caro

Monday, November 11, 2013

Favor abrir en 1992




Aún no me conoces, he cambiado mucho, pero cuando crezcas lo harás.  Vengo del futuro, como en aquel sueño donde nos vimos por primera vez en tu casa y me mostraste el muro de tu cuarto con los dibujos que hiciste con tus hermanas, ¿te acuerdas ahora? No pude terminar de decirte lo que quería porque se cortó la comunicación y tuve que irme en medio de aquel remolino de hojas que la lombriz del tiempo formó al abrirse el portal.  Disculpa el desastre que habré dejado, seguramente mamá las regañó por mi culpa, pero no fue mi intención despertarme en ese momento.  En unos años me entenderás. 

Porque te conozco tan bien, sé que eres de las niñas que escuchan consejos y toman la crítica constructivamente.  Sigue así.  Es una de las mejores cosas que tienes.  

Si mis cálculos son correctos, ya para este momento te habrás leído el libro Caballo de Troya de JJ Benitez.  Por eso te envío esta carta en esta fecha.  Porque las probabilidades de que confíes en la autenticidad de lo que digo aquí son más altas.  Tu entiendes por qué. Toma los siguientes consejos como sugerencias, no como pautas.  Lo que hagas, sea lo que sea que decidas hacer en tu vida es exactamente lo que necesitarás para crecer como ser humano.  Pero he aquí algunas recomendaciones.

No te conformes con aquello que te dijeron acerca de estudiar Comunicación Social, indaga, cuestiona. Quizá cambies de opinión y decidas estudiarla. Quizá continúes con esa pasión por los idiomas que siempre tuviste, pero te lo digo, porque en diez años te darás cuenta de que te hubiera encantado al menos experimentar en esa carrera. 

No tengas miedo de hablar de tus temores. No tomes decisiones que te eviten enfrentar situaciones difíciles que, no solamente te harán crecer a tí, sino a otros, e incluso a tu relación de pareja. Te lo digo porque en veinte años habrás deseado haberlo hecho, resolviendo inmediatamente algo que han arrastrado ustedes dos todo este tiempo, pero que afortunadamente ya están transformando juntos y que pase lo que pase, resolverán ser felices.

Tu familia y la gente que te quiere son el termómetro de tu entorno.  Aquellas personas que ellos desaprueban no son realmente con quienes necesitas estar, aunque pronto formarás un buen criterio de selección de amistades.  No necesitas a aquel novio celoso.  No pierdas años con él.  Acércate a tu mamá.  Abrázala.  Aprovecha esos años con ella. Pídele consejos, jueguen a las cartas.  Escríbele, que a ella le encanta leer.  Lo guardará y atesorará como a aquella carta tuya que quedó en su mesita de luz un 22 de enero de 2006.

Comienza desde ya tu Revolución Humana.  No esperes más.  Vencerás el vicio de la postergación con mucho esfuerzo, pero si comienzas ahora a luchar contra él te ahorrarás un montón de  tiempo, y quizá mi hoy sea bastante más diferente de lo que nos imaginamos ahora.

No pierdas la calma, y permítete ser un poco más flexible con las reglas hacia tí misma.  Está bien probar.  No, no te conformes con que los demás te digan cómo es.  Hazlo tú misma.  Y hazlo ahora. 

Te recomiendo que vayas al acto de Plaza Altamira con tu mamá el día en que te nombren "Buena Ciudadana".  No es una estupidez política, es una condecoración y se ve bien el el currículum.  Anda, levántate de ahí y camina cuatro cuadras, no seas la típica morsa adolescente.

Yo se que no crees en el matrimonio, pero lo harás.  Y te casarás perdidamente enamorada.  No te voy a arruinar el final, pero cuida mucho tu relación.  Yo se que no eres buena cuidando plantas, pero la convivencia es como una plantita que hay que regar todos los días.  Aprende a hacerlo.  Valdrá la pena, pase lo que pase.  Y cuando atraviesen por dificultades, vuelve al principio de todo.  Usa tu memoria emotiva y recuerda con el corazón por qué están juntos, y únanse más que nunca para superar los escollos del camino.  Si al final las cosas no funcionan, no te culpes.  Yo se que ambos habrán hecho lo mejor que pudieron.  Pero si por el contrario resisten más de diez años siendo felices juntos, este párrafo habrá valido la pena.

Cuando Tatiz te proponga lanzarte del puente al río Aare, hazlo.  Te vas a morir del frío, pero seguramente lo vas a disfrutar.  No seas niñita mimada, es sólo agua fría.  Luego dale un abrazo y aprende todo lo que puedas de cocina con ella.  Sí, de cocina.  Va a haber un momento de tu vida en que lo valorarás inmensamente, porque vas a tomarle el gusto.  Haznos un favor y memoriza bien la receta del pollo agridulce.  Cuando llegue el otoño de 2012 vas a acordarte de mí.

Esto está muy largo, pero una última cosa: dale el gusto a mamá de participar dócilmente en su celebración del espíritu de la Navidad.  A ella le gustan los rituales, qué importa si tu no crees en ángeles.  Créeme, son recuerdos que vas a atesorar de los últimos años en familia.

Luego te sigo escribiendo.  Pongamos una contraseña para que sepas quien soy.  Estaré atenta a cualquier cambio desde este lado de la línea. 

Besos,


-Caro.


Friday, November 08, 2013

Lo que me dejó el pantano




De las aguas fangosas me llevo el aprendizaje.  El saber que hay que estar dispuesto a perder las botas al enterrar los pies en el lodo para atravesar el pantano. A saber que en cada decisión de avanzar, en cada paso hay que ensuciarse hasta las rodillas, muchas veces hasta la cintura, y otras hasta el cuello.  Que aunque sea húmedo y de mal aspecto, todo lo que guarda ese pantano sirve de abono para cualquier semilla valiente que se resuelva a desafiar las condiciones en las que cayó.

De las turberas me llevo el olor a naturaleza viva y también en estado de descomposición. Me llevo los momentos de profunda desesperanza al hundirme hasta las orejas, pero también me llevo la imagen de todas las manos que se extendieron en mi ayuda sin importar ensuciarse, y cada palabra de ánimo que escuché durante los momentos de más oscuridad para alentarme a salir del foso. Me quedo con ellos de por vida. 

Sembrar flores de loto no es tarea fácil, pero no encuentro una labor más hermosa y más noble que esta, a pesar del cieno y de su traidor fondo movedizo, sin importar el riesgo, la humedad, los bichos, el mal olor, y por encima de cualquier obstáculo, elijo hacer esto, y lo hago con gusto.



Caro.