Sunday, February 27, 2011

Ellos no lo van a entender





Se despertó a la mañana siguiente con una extraña resaca sin haber bebido la noche anterior. Ésta era una diferente, entre resaca moral y de miles de ideas revueltas girando a mil por hora en su cabeza. Había tratado de contarlas, pero en sus sueños no le entendían. Ella sabía que gritaba, como si alzando la voz fueran a salir más fluídamente sus ideas, pero no, lo único que le salían eran cosas que para los demás no tenían ningún sentido, y ella lo veía todo tan claro, tan evidente, que esa misma confianza de estar entendiéndose a sí misma tan bien le daba pie para asumir que todos los demás también veían lo que pensaba. Un estado alterado del yo, otro nivel de pensamiento y consciencia. Un raro sueño que se esfumaba hacia la luz del día, cuando se despertara y entendiera lo que había soñado.

Al abrir los ojos comprendió que en los sueños es muy difícil controlar esas cosas, así que en un intento por reivindicarse con ella misma, se acercó al espejo a explicarle a su imagen lo que había experimentado, todas esas ideas que se le ocurrieron, y para su gran sorpresa, no solamente su reflejo le entendió, sino que además añadía detalles a la teoría que la completaban. No estaba loca, era una teoría que tenía perfecto sentido, y le resultó fascinante haber hecho entrar en contacto a un pensamiento latente de su sueño con el mundo real, en su estado manifiesto. De pronto, miles de fuegos artificiales explotaron al mismo tiempo entre carcajadas por un buen rato, y simultáneamente, tuvo aquella sensación maravillosa de haber sido entendida.

Ese sábado fue un gran día, y estoy segura de que lo recordará con gran nostalgia cuando ya se haya ido, y esa explosión de miles de partículas pertenezca ya al ese segmento del pasado grabado a fuego en su memoria.

Tuesday, February 22, 2011

Lunes





Se levantó de su asiento en medio de esa luz brillante y fría de neón que suele producirle una molesta migraña y se dirigió a algún lugar incierto al que su cuerpo le llevaba. No había ventanas ni sabía si era de día o de noche allá afuera, pero sentía el cansancio típico de una mañana luego de mucha actividad o poco descanso. Seguía caminando por inercia a lo largo de pasillos tapizados en beige llenos de puertas y de uno que otro corredor con algún cuadro impersonal colgando en las paredes. Sus piernas parecían saber adónde iban, mientras que su cabeza se enfocaba en la rara sensación de no tener sus sentidos completamente alerta. Trataba de recordar si había tomado calmantes, puesto que el cuerpo pesado le recordaba a la vez que le ingresaron al hospital con dolores abdominales y le suministraron morfina. Había sido agradable aquella experiencia, pero ésta le resultaba incómoda, precisamente por no entender la causa de su sordera sensitiva. Siguió caminando hacia el final del pasillo hasta la puerta del fondo, donde su mano izquierda se alzó para girar el pomo en una sincronización tal que evidenciaba una actividad que seguramente había repetido muchísimas veces, como un ciego que conoce de memoria su entorno. Sus pies le hicieron avanzar hacia un comedor de oficina donde estaba el reloj donde marcaba su tarjeta, un par de refrigeradores, unos casilleros ocupados con algunos candados puestos, un bebedero, una máquina de dulces y unos gabinetes. Avanzó entre las mesas hacia el lado derecho de la cocina, tomó la jarra de café con su mano izquierda, se sirvió en una taza, sorbió tres tragos y de pronto sintió un hormigueo por todo su cuerpo.

Sintió.

Los efectos de aquella rara anestesia que no recordaba haberse tomado se fueron repentinamente. De pronto una persona con un carnet en su solapa abrió la puerta y con ella entró el ruido de algunos teléfonos sonando, el tecleo apurado de algunas máquinas de escribir, el típico ajetreo de oficina junto a una voz diciendo “bueno días”.



Sunday, February 20, 2011

Me vas a extrañar





La conoció y se colgó instantáneamente de ella. Se acuerda perfectamente de aquel momento. Fue en el cafecito de la esquina adonde iba todas las mañanas. Él no buscaba nada, pero enamorarse fue inevitable a pesar de la tremenda timidez que lo caracterizaba. Ella llevaba una flor en el pelo y se acercó a su mesa, donde él se encontraba leyendo un libro que había conseguido hacía pocos días en una feria de libros de segunda mano. Él no escuchaba una voz, sino notas haciendo melodías que entraban como música endovenosa, circulando en pocos segundos en forma de un tibio escalofrío por todo su cuerpo. Pronto se dio cuenta de que él podía escucharla a ella, pero ella no a él.

Al principio esa especie de hechizo inicial de la que él era presa no le dejaba darse cuenta de su propio mutismo. Luego pensó en responder las preguntas que ella le hacía, pero no se atrevía a interrumpir aquella música increíble. La dejó seguir hablando, mirándola a ella casi sin pestañear, embelezado, sin dar crédito a su tremendo golpe de suerte al tener frente a sí a la mujer más hermosa que había visto en su vida.

De pronto se dio cuenta de que se había convertido en un melómano gracias a esa voz que ahora le endulzaba los oídos y casi le arrullaba hacia un estado de ingravidez en el que se sentía flotar. Quiso decirle todo eso que sentía, e intentó darle las gracias, pero no le salió la voz. Se extrañó un poco, pero eso no interrumpió ese estado de rara embriaguez en el que había caído. Aquella voz perfecta seguía armando una música sublime que iba abrazándolo hasta sentir que volaba.

No aguantó más. Tomó valor para confesarle que era primera vez que se sentía completamente indefenso ante una emoción así, tenía que decirle que la amaba antes de que todo lo que sentía le explotara en mil pedazos dentro de su pecho, y lo intentó, pero no le salió la voz. Trató de alzar la voz un poco más, luego de un carraspeo sordo y nada. Intentó gritarlo con todos sus pulmones, pero solo salía aire, y aquella música no paraba de sonar, acumulando y agudizando cada vez todas esas sensaciones, haciendo más y más imperativas las ganas de decírselo, así que tomó una bocanada grande de aire y gritó lo más fuerte que pudo, pero sólo salía un ronquido sordo, siguió y siguió, al punto de querer llorar de la impotencia al no poder decirle todo lo que ella significaba para él.

Sonó el teléfono, abrió los ojos y se despertó con los audífonos puestos. Tocaba Charlotte Gainsbourg The Songs that We sing.


Monday, February 07, 2011

El tiempo es un flitro (corrección: el vino todo lo puede)





Desde hace algún tiempo estoy convencida de que todo -absolutamente todo en esta vida- tiene su fecha de expiración, y que aunque hayan algunas características de la personalidad que suelen prevalecer con nosotros hasta el fin, como la ingenuidad, por poner un ejemplo, todo aquello que nos creemos a causa de ella no subsiste en el mismo estado necesariamente. Todo cae por su propio peso, y en este planeta, la gravedad es ineludible.

La gente que alguna vez fingió ser algo de uno, por más significativa que pareció en aquel entonces, al momento de descubrirse su falta de autenticidad, pierde toda trascendencia. Y esto, aunado a mi mala memoria, hacen que ellos jamás hayan existido.

Pero fíjense si será cierto, que en medio de este post me ofrecieron dos copas de vino y a estas alturas ya pienso que escribir acerca de todo esto ni siquera vale la pena.

Me retiro a olvidarme del asunto y de todo esto, de lo que ya he perdido el hilo.


Salud!



::::Caro::::