La vida tiene su dinámica, y aunque cambia constantemente, algunas veces nos damos más cuenta que otras de estos cambios. Yo creo que soy muy sensible a esas variaciones, porque las siento la mayoría del tiempo pero, a ésta de ahora, casi la puedo saborear.
Es como cuando uno tiene una rutina instalada por años y de pronto un día se rompe y comienzas a hacer de otra forma lo que por tanto tiempo estuviste haciendo casi automáticamente igual.
He tenido varios cambios enormes en los últimos meses, pero desde principios de año han sido cada vez más patentes. Específicamente esta última semana, pero hoy, ésta mañana, así como evidente, también lo fue agradable. Creo que los deportes y la música, aparte de otras variables menos conspicuas, tienen mucho que ver.
Poner el despertador a las 3am para ver el partido de Nadal en el abierto de Australia, por ejemplo, es un cambio de rutina. Ahora, que me haya quedado dormida ya es otra cosa, cof cof. Luego a las 6am prender la tele para pillar el final es ya despertarse automáticamente con algo diferente que te provoca abrir los ojos sin pereza y seguir alerta.
Luego todo esto se funde con la rutina, pero ya no lo es, porque se ha mejorado; ahora el café, la música, las conversaciones matutinas ya vienen con un tinte animado, y yo que soy un ser psicoclimático, no me había dado cuenta de que afuera está un invierno gris y llueven gotas heladas, simplemente porque todo este ritmo de hoy hizo que fuese verano acá adentro de mí.
Caro


