Era el turno de otro artista en el playlist que se escuchaba de fondo mientras trataba de resolver algunas cosas urgentes de su nueva vida. Sorbía, paralelamente, su café vespertino para calmar un poco la jaqueca con que se había levantado en la mañana. Hay música de fondo y ese playlist es la representación más fiel. Pero algo raro pasó, que en medio de esa melodía a la que no le estaba poniendo atención, de pronto saltó otra que evocaba tiempos duros de su pasado; duros pero extrañamente felices. Melancólicamente felices. Quizá tiempos en los que eso que tenía lo interpretaba como hermoso, y lo fue, pero no lo volvería a vivir. ¿Por qué? Llegó a la conclusión de que no eran tiempos felices realmente. Eran tiempos duros, muy duros, donde estaba perdidamente enamorada sola, y todo el contexto que rodeaba a ese amor era una cápsula sellada al vacío, y la soledad. Sí era feliz. Pero aisladamente feliz. ¿Se puede ser feliz estando profundamente sola?
En aquella isla aprendió a ser su mejor compañía. Se vio obligada a conocerse a sí misma y a entablar una amistad bestial con ella. Aprendió a ser su amiga, la amiga que le hubiera gustado tener, de haber alguien más en medio de aquella inmensa nada. Se conoció, se molestó con cosas que le irritaban de su personalidad, las pulió e hizo las paces también, y terminó entablando una relación indestructible en su interior. Entonces sí. Tiene sentido que haya conseguido ser feliz y llegado a sentirse profundamente acompañada. Eran tiempos duros, y tomaba su auto para irse de aventuras con su amiga favorita en el mundo a subir una montaña, o a explorar nuevas playas; a caminar por horas en la nieve o entre los árboles. Por eso aprendió a querer profundamente a aquel lugar, el escenario de su vida. Cuando uno es feliz, hasta los paisajes más desoladores parecen hermosos.
No volvería, no. Porque eran tiempos realmente duros, y a pesar de haber salido de allí, aún conserva esa gran amistad con ella misma. Además, aquellos tiempos difíciles no los cambiaría por los que ahora está enfrentando. Sigue luchando, pero ya no está sola. No lo estará nunca más.

