Thursday, May 19, 2011

Quítate tú pa' ponerme yo






En Preston Flats se ha formado una rebatiña territorial pasivo-agresiva por los puestos de estacionamiento. La cosa iba suave cuando yo todavía era dueña del carro e'drácula, porque la verdad, me daba lo mismo si quedaba al lado de una roncha que le dañara la pintura al abrir su puerta, o que le abollaran la carrocería, pues lo más probable es que el otro carro se preocupara más por eso que yo. Además, habían más apartamentos vacíos y por lo tanto, menos competencia de espacios. Yo ya tenía casi que mi puesto fijo, uno libre, techado, y cerca de los ascensores.

Me compré "Elenano", mi carro nuevo, y una ola repentina de ocupas llenó el edificio, poniendo la cosa un poco más peliaguda, sobretodo para los puestos techados, y muy en especial para MI puesto, el más disputado de todos.

Las primeras tres veces que llegué y encontré a un carro anidando allí, no me quedó otra que buscar otro lugar pensando en la rareza del asunto y con cierta sensación desagradable de que alguien me había invadido mi espacio vital.

¿¡Pero qué hace este extraño en mi lugar?!

Pronto empecé a notar que ese Mercedes Benz estaba tomándose mucha confianza de estacionar en mi puesto, lo que me indignaba terriblemente. Pero enseguida ví que la confianza pasó al abuso, y que ese Mercedes fúnebre, el ahora llamado carro'e drácula, tenía demasiado interés por mi puesto. Era el típico dueño que pule su carro y dobla los espejos laterales para que nadie se tropiece con su bebé. El clásico dueño que si le ve una manchita en el capó, se la quita con la punta de la corbata. Detestable.

Señale al abusador ↑

Comencé a llegar más temprano para así poder tomar de vuelta lo que me pertenecía.

Cuando yo gano el puesto, me regocijo cada vez que veo al CED agazapado entre los espacios comunales, al lado del perraje que podría quizá rayarle el carro sin querer de un descuido del vecino al abrir la puerta del suyo. Bajaja. Eso le pasa por okupa.

Además de llegar temprano, he procurado estacionar bien pegada a la pared de al frente, para que el al llegar el CED, se crea que el puesto está libre y cuando se preste a meterse en donde nadie lo ha llamado, consiga al gran Enano estacionadote ahí, donde le pertenece, burlándose de él en su cara. Muajaja. ¡Al castigo, por invasor!

¡Queda expropiado! Bajaja

Las veces que el violador de nidos me deja sin puesto, aunque haya uno cerca, yo prefiero meter mi carro en otra parte lejos, sólo para no darle el gusto de verme humillada compartiendo puestos comunales con el perraje. Ante todo, classy.

Nunca ví al dueño del Mercedes, hasta que un día tuve que abandonar mi puesto privilegiado a hora pico para ir a la farmacia a comprarme aquel desodorante que ya todos saben. Entonces lo ví entrando al estacionamiento...cruzamos caminos...el espantomóvil iba como siempre lo imaginé, con luces ténues, negro y a 20 kmh. Por un momento, hubo tensión en el aire entre el CED y Elenano. Yo llevaba puestos mis lentes de sol y el tipo también...el chofer no estaba nada mal, pero a estas alturas ya es mi enemigo, y aunque hay quienes creen que esta guerra es mía solita y que el otro no está ni pendiente de todo esto, yo pude verrr que el tipo me vio de reojo con disimulo, porque reconoció mi carro y pensó lo mismo que yo.

No hemos vuelto a tener un encuentro cercano del tercer tipo, pero seguimos en la competencia pasiva-agresiva, a la que ahora se ha metido un BMW. Y como es natural, el nuevo me cae peor, porque, por más que sea, ya le había agarrado costumbre al CED.

Pero esta historia continuará. Estoy segura.


Caro



Wednesday, May 18, 2011

Mientras tanto




Tengo días soñando cosas que me dejan pensando. Hubo un cambio definitivo en mi forma de ver las cosas. Tan fuerte, que a veces me desubican las cosas que yo misma pienso. Es como si mis sentimientos se adaptaran más lentamente a las cosas que mi mente ya está pensando. Como si ella viera siempre un par de pasos en el futuro.

Ha habido un serio movimiento de rotación que ha descuadrado las cosas de donde estaban, y que ya no volverán a su mismo lugar.

Me sorprendo despierta a altas horas de la madrugada redefiniendo términos que ya había asumido como masticados y digeridos. La palabra futuro, por ejemplo, y el significado de soledad. Dos cosas que en mi presente inmediato se muestran como un binomio, y los visualizo juntos, tomados de la mano.

El presente es una constante transición, y hay algo que me urge por dentro para conseguir un "de ahora en adelante y por un buen tiempo", aunque fuese temporal. Aunque yo sé que, ahora más que nunca, nada es para siempre. Ni siquiera este post.



Caro

Saturday, May 14, 2011

Todo aquello que escribí






Pasaron milenios de evolución desde que una explosión enorme hizo que el universo estallara en mil pedazos para llenar el espacio de partículas que se quedaron alejándose lentamente. Se dio la casualidad de que una de ellas quedara estacionada cerca de un astro en llamas, girando alrededor de su órbita. En una mezcla de componentes orgánicos se generó la vida de células primarias que con el pasar de mucho tiempo evolucionaron en miles de especies de animales y plantas. A un chimpancé se le ocurrió bajar del árbol y caminar en dos patas, que eventualmente les llamaron pies, y comenzó a usar herramientas y lenguaje hablado y escrito. Vino la barbarie, luego las industrias, la tecnología, y yo, que no sabía nada de nada, nací.

Tuve que aprender a andar, expresarme y comportarme como ellos. Hice lo que se supone que se debía de hacer, y desobedecí cuando se supone que debía desobedecer. Entré en la universidad y me fui de vacaciones. Te conocí. Me enamoré. Continué mi vida contigo, lo que para muchos fue la locura de dejarlo todo atrás. Para mí fue lo correcto. En el momento en que mi evolución se transformaba en nuestra, seguí aprendiendo cómo ser un ser humano.

Un día me dí cuenta de que estaba sola al mirar alrededor, que hacía mucho tiempo habíamos pasado una encrucijada en la que cada quien tomó un lado creyendo que el otro venía atrás acompañando. Propuse parar y así dar un paso atrás y encontrar esa bifurcación en la que nos alejamos para poder encontrarnos de nuevo. Me tomó casi un año de camino llegar de nuevo a aquella encrucijada, pero la encontré y a tí no. Ahora te buscaba por todas partes. Al parecer tu seguiste andando en vez de parar para dar aquel paso atrás, así que seguí tus huellas, te seguí corriendo hasta llegar exhausta hasta donde estabas para darte la buena noticia. Te vi caminando adelante, y cuando te toqué el hombro para avisarte que estábamos juntos de nuevo, te giraste con la mirada perdida y me dijiste que no me conocías. Que todo el tiempo que yo pasé buscándote, tu lo pasaste olvidándote de mí, y que lo habías logrado.

Ahora estoy de este lado de la encrucijada por donde tú tomaste camino, y ahora me queda uno largo que recorrer para volver a tomar el mío. Tengo mi mochila con todo lo que necesito para continuar, pero me quedo con estas cartas que te escribí y que ya no quieres, y que para mí ya han perdido todo su sentido.

Emprendo mi nuevo camino. Sigo aprendiendo cómo es esto de ser humano.

Tuesday, May 03, 2011

Las cosas que me quedo






Cuando recuerde esta cirugía, las cosas que se van a quedar conmigo, aparte de las que más disfruté (como el gas de la risa antes de entrar en quirófano), van a ser las cosas que mis amigos hicieron por mí. Cosas que hicieron porque mi familia está muy lejos. Cosas que nadie más haría si no se les pagara. Cosas que se quedan conmigo porque lo hicieron con cariño, sin condiciones, espontáneamente, sin filtros, sin pensarlo. Cosas que hicieron por mí.

De esta experiencia me llevo el madrugonazo, el ánimo, la compañía, los cuidados, la paciencia, el compromiso incesante, absoluto y franco de Angie, mi gemela, puente de comunicación entre el mundo de afuera y yo durante mi operación, quien en medio de mi momento más necesitado me bañó con pañitos húmedos para no mojar la herida, justo cuando ya mi tanque de dignidad post operatorio estaba marcando "low". Hizo por mí hasta lo más mínimo; prender la luz, cerrar las persianas, ayudarme a caminar, subirme al asiento del carro, alcanzarme el teléfono que estaba a pocos metros de mi alcance; hizo por mí hasta lo más grande, como firmar mi dada de alta del hospital como responsable del paciente y entrar en mi lista de contactos de emergencia médica. Responsable de esos esfuerzos físico-emocionales que se asumen sin mirar el cansancio que se tiene porque la prioridad es uno en ese momento, adoptando un slogan tipo "trabaje ahora, descanse después", como sólo una hermana querida lo hace por otra. Me llevo esto tatuado a fuego en mi memoria emotiva más entrañable.

También me llevo el recuerdo de la lavada de pelo que Lali me dio en la tina de mi baño, sin poderme meter al agua, inventando resolver mi necesidad con recursos improvisados para mi comodidad, y el diálogo jocoso con el que hizo la tarea, mostrando comprensión de esa humildad que hay que tener como paciente para dejar que otros hagan por uno las cosas que sólo uno hace por uno mismo.

Se quedan conmigo los emails de Doris, compañera de trabajo queridísima, y la cremita de vegetales que preparó para mí el día anterior a la operación, además de su compañía maternal poco antes de la cirugía, junto a María, otra dulzura de persona, también compañera nuestra de trabajo, quien también llevó para mí una camarita desechable de fotos (con la que quedó todo documentado vesícula incluida) y al día siguiente se presentó en mi casa con más caldito de pollo con vegetales para mi recuperación.

Queda grabado el bochinche que armaron Colo, Doris, María y Ceci en mi cuartito preoperatorio. Mi pandilla de amigas intérpretes que vinieron juntas al mejor estilo de un flash mob: inesperado, alegre, sobrecogedor, incontrolable. La mano que me sostuvo Marlene apenas salí del quirófano y la tarjeta que me entregó Graham de parte de ellos dos.

El paquete que encontré en la puerta de la casa al regresar del hospital, que al abrirlo, contenía nada más y nada menos que el mug de mi personaje favorito de novela trágica, Soraya Montenegro gritando histéricamente "Maldita Lisiada", y cuyo remitente leía Cesar Bahamon...priceless. Reí aguantando el dolor en el ombligo, tanto como puede hacerlo alguien que aún está bajo los efectos narcóticos de la operación. Ese es un recuerdo físico al que me aferro como un tesoro.

Bea vino al día siguiente a acompañarme a almorzar. Ese momento se queda conmigo. Esa conversación de la vida como la tuvimos de corazón a corazón en la sala de casa no la dejo ir nunca más.

Las innumerables llamadas, mensajes, emails, textitos, palabras de aliento por las redes sociales de todos los que estaban pendientes de mi operación, entre los cuales están familiares y amigos queridísimos que se encuentran lejos, e incluso gente que no me conoce, o que lo hace, pero sólo por referencia. Cada contacto queda marcado a fuego.

Luego mis amigos Bea, Lali, Lee, Gastaldi, Dorothee, JR, Sebastián (quien revivió mi iPhone!), Jimmy, Graham y por supuesto la negra, que vinieron a casa. Mi pandillita estuvo para visitarme y para hacerme sentir más acompañada entre vinitos y fire-flies, mientras yo bebía mi leche para pasar las pepas de hydrocodone en mi taza de la maldita lisiada.

Todas estas cosas me hacen entender, que quizá no solamente no cuesta mucho hacerme feliz, sino que digo esto porque cuento con los mejores amigos del mundo, y los tengo aquí cerquita conmigo, y son todas personas maravillosas por las cuales yo retribuiría todo lo que han hecho por mí sin parpadear.

Con todo esto lo que quiero decir es gracias.

Inmensas, infinitas, totales.



Caro