Sunday, January 31, 2010

Que extraño...



All by myself



Hoy extraño todo. Extraño el pollo agridulce de los chinos, las tablas, El Ávila; extraño los paseos en moto por el Country Club, la estación de Metro de Altamira, tirar piedras en las protestas contra la PM, la mezzanina, su voz; extraño la azotea, los grafittis, el cachito de jamón con riko malt, bajar juntas del colegio; extraño mis patines roller boogie de metal, la planta baja, el kicking ball, el puente del Centro Plaza, los kioskitos y las chucherías; extraño la vista de Caracas desde el Samán de la Metropolitana, y la neblina en el módulo de aulas A2; extraño la luz naranja de enero, la bajada de la Tahona por galerías, los fuegos artificiales, el sushi un día cualquiera; extraño andar a pie sin depender de un carro; extraño salir al pasillo descalzas a pisar la lluvia juntas, los entrepisos, el cuatro, las tamboras, la flauta dulce, las literas.

Extraño de una manera imposible de volver. Igual no volvería para conservar estos recuerdos así como se han guardado. Dulces, lejanos, imposibles.


:::Caro:::

Para escuchar: http://bit.ly/d8cxT9

Tuesday, January 26, 2010

Ahora que recuerdo


I remember acoustic guitars and bells


Desde muy temprano en mi niñez supe que me gustaba la actuación. Sentía que podía hacerlo mejor que las actrices de las novelas que pasaban en los 80s por la televisión. De alguna forma, no me creía esos llantos secos ni esas discusiones turnadas entre los protagonistas. Un buen día, cerca de mis diez años, mi tía Maritza me inscribió en un grupo de teatro de la casa de la cultura de Araure, donde iba a ensayar cada semana para una presentación. Me gustaba eso. Me gustaban los preparativos, repetir las escenas, ver a mis compañeros actuando, y aprenderme los guiones de tanto ver a los demás repetir los suyos. Era un trabajo en equipo, y lo que más me gustaba era que todo tenía un gran propósito; presentarnos frente a un público como la culminación de esas semanas de esfuerzo que nadie vió, pero de la que yo fui partícipe y cómplice.

Pasaron los años hasta que regresé a Caracas y entré por voluntad propia al grupo de teatro Gesto y Movimiento del colegio. Yo era el tipo de estudiante que participaba en todo cuanto el colegio tenía para ofrecer de actividades complementarias; deportes, teatro, coro, danza, periodismo, ajedrez, pintura, música, poesía, en fin...todo y si no lo había me lo inventaba. Así que entré en teatro y comenzaron las clases un poco más formales, con ejercicios menos infantiles que los que hacíamos en la casa de la cultura, y entre ellos, hubo una clase que se quedó siempre conmigo: la de "memoria emotiva".

La memoria emotiva, según Stanislavski, opone una actuación fingida, y está basada en la verdad escénica. Propone que el actor no debe aparentar en el escenario, sino existir de verdad, vivir la escena; y yo la vivía gracias a esos ejercicios. Afortunadamente mis papeles eran siempre alegres, y es probable que de esa memoria emotiva alegre me hayan quedado secuelas de por vida. Nunca se sabrá.

Recuerdo estos ejercicios, hacíamos escenas dramáticas de dolor físico para gesticularlo, en el que, con cada sonido de la mano de la profesora contra las tablas, debíamos imaginar un latigazo en la espalda; otros ejercícios eran de dolor emocional. "Recuerden algo triste de sus vidas antes de esta escena" decía la profesora, y realmente las actuaciones eran mucho más reales. Era algo que debía terminar por completo al finalizar la escena. No se debía cargar con el papel ficticio en la vida real.

Era un buen ejercicio, porque sin querer (o queriendo) era muy introspectivo, y eso me gustaba. Pero a lo que voy con toda esta historia, es que, quizá porque ejercité más a la memoria emotiva que a la mental, ahora nada de lo que siento se me olvida, contrario a las cosas pendientes en la cabeza, que se me van con la menor distracción.

Puede que sea un verdadero desastre para acordarme de una fecha importante, o de una cita pendiente, o de devolver una llamada, o responder un email...pero de algo que alguna vez sentí jamás; ni bueno ni malo. Así que mido la vida y mis decisiones y acciones en buena parte basada en esas memorias, que muchas veces se complementan con las fotos que tomo. O sea, si me voy de viaje, puede que olvide el nombre de las calles y plazas que visité, pero nunca olvidaré cómo me sentí mientras paseaba por ellas, y gracias a esas sensaciones que conservo, asocio esos lugares con mi memoria emotiva que guardé de ellos y cada vez que me lo nombran, enseguida vienen a mi esas sensaciones.

Pasa lo mismo con las personas. Puede que deje de verlas por años, pero cuando me vienen a la mente, enseguida siento.

Recuerdo las clases de anatomía y fisiología, en la que describían las células del cuerpo, y llegué a desarrollar una verdadera fascinación por las células de memoria, que guardan registro de las enfermedades que nos han atacado, de manera que cuando vuelve el mismo agente patológico, estas células se encargan de llamar a los anticuerpos justos que se deshicieron de él la última vez.

En mi memoria emotiva ocurre lo mismo; si me ataca una persona, en seguida guardo registro emocional, y puede que con el tiempo resuelva las diferencias que llevaron a que eso ocurriese, pero la asociación emocional que guardo de esa situación hace que nunca más repita las causas que llevaron a que algo desagradable pasara, sin tener que trasladarlo al plano personal. Entonces es fácil perdonar, pero nunca, jamás, lo voy a olvidar. Al menos no con mi memoria emotiva.


Caro

Sunday, January 17, 2010

Quiero


Et la nostalgie

Pocas veces quiero cosas de la gente, pero hoy quiero tantas cosas de tí. Quiero, por ejemplo, que te despiertes con una sonrisa en la cara, que al sentir la luz del día o la primera brisa en el pelo te des cuenta de la gran fortuna que tienes de vivir. Además quiero que escribas, o te expreses de la forma en que mejor sabes hacerlo. No te calles nada que te haga daño.

Puede que me hayas pillado en un momento de muchas exigencias, pero quiero que venzas todos tus miedos y que te levantes una vez más si te vuelves a caer. Eso quiero. Y que cuando te caigas, aún tengas motivos para reirte, porque la risa es terapéutica, sabías?

En fin, quiero tantas cosas hoy...me encantaría que apreciaras tu salud y la atesoraras como pocas cosas se atesoran en el mundo. Conozco a tantos que perdieron la vida por la falta de ella, que eso es lo que quiero para tí, que te cuides y te quieras. Que te valores y te hagas rodear de gente que también lo haga.

Me encantaría que me complacieras con tu paciencia. Sabías que tengo mala memoria? Ah perdón, ya te lo había dicho, es que no recordaba. Bueno, eso, paciencia contigo y con los demás. Verás, no solo conmigo, porque yo entiendo, pero con las vueltas que da la vida a veces, hay que saber arreglárselas para ser feliz, y quiero que desarrolles esa creatividad que te lo permita.

También respeto. Es clave, y respeto hacia la vida en general. La tuya, la mía, la del periodiquero, la del que riega las plantas, la de la conserje, la del que maneja el autobús, la de la cajera del abasto...es que es algo que se retribuye, como todo. Por lo mismo que es agradable ganar respeto, hay que saber brindarlo. Quiero eso para tí hoy. Que acumules las causas para merecerlo.

Quiero tantas cosas que si sigo la lista entonces no duermo. Pero básicamente eso. Espero que me entiendas.

Solo quiero que seas feliz. Creo que no es mucho pedir.

Quiero muchas cosas y, entre ellas, te quiero.


Caro

Sunday, January 10, 2010

Hoy mi deber

Por todos ellos

Hoy no iba a escribir en mi blog. Realmente mi plan sigue siendo otro, pero haciendo espacio para un cambio en mi casa me encontré con una libretica de notas que usé durante mis residencias clínicas en el hospital, y en una de las páginas encontré esto:

Debo cumplir con mis responsabilidades; de mujer, de amiga, de esposa, de estudiante, de ser humano, de confidente, de bodhisattva; con tanta gente en mi corazón observo, siento y respiro desde lo más alto del risco, aislada en mi propio silencio, perdida en mi propio laberinto de moralidad, deliberaciones y secretos que nadie va a saber; propios y ajenos, con ellos me iré.

Es algo totalmente Supertramp, pero tenía tiempo sin dejar un post, y quería volver. Siempre vuelvo, es solo cuestión de sincronías.


Caro.