Tuesday, November 24, 2009

El vértice de un témpano inofensivo


Lo cercano y el afuera


Hubo no uno, sino varios clicks que aún no termino de procesar. No sé si por lo intensos o por lo seguidos, pero de cualquier forma, ya regresé, y con mi vuelta a casa, se vino esta sensación de desorientación que trae romper con la rutina, y lo que la agrava es haber entrado en otra subrutina dentro del caos que implican siempre los no-horarios de las vacaciones, y encima, haber tenido que romper esa otra, a su vez.

Eso me deja con dos rutinas rotas, y ahora me toca recomenzar algo nuevo con elementos viejos, y continuar algo reciente con elementos nuevos que se sienten como de toda la vida. Es un limbo, y un limbo, más que un no-lugar, es un recuerdo de un punto concreto en un mapa del que salí hace un par de días. Claro, del que salí físicamente. Los recuerdos siguen tan frescos que es como si mentalmente me hubiese quedado allá.

Yo, que soy una experta en pensar en la inmortalidad del cangrejo, en estar y no estar, ahora me gradué. Pero no es por distraida esta vez, sino por concentrada, por recordar demasiado vívidamente cosas que ya no están, o que estan, pero yo no.

Lo cierto es que tengo en definitiva una gran constante de nostalgia en mi vida, y no sé qué será, pero yo sigo pateando esa lata como pocas cosas en el mundo, y miren que para patear latas soy un caso serio. Si no, pregúntenle a mi amigo Henry S., que conoce bien mi lado Supertramp, y a quien, por cierto, también extraño mil.

Por temor a sonar cursi, prefiero dejar el resto del iceberg dentro del agua en este blog, y continúo en otras partes menos públicas con lo que queda, que es bastante. Si no en mi cuaderno de notas o por mi alterego, con algún ser paciente que sepa escuchar la letanía de alguien que no para de sentir.


Caro