Creer saber quién soy.
Observar mi propia vida.
Encontrar aspectos de mí misma que quiero transformar.
Entender quién soy.
Proyectarme al futuro desde esta identidad.
Quedar embarazada.
Gestar una vida en mi vientre.
El viaje interno que eso significa.
La metamorfosis física.
Entender que he vuelto a cambiar muchísimo, de golpe.
Dar a luz como un rayo que atraviesa mi vida para siempre.
Entregarme por completo, como nunca antes.
Asumir ésta como mi nueva identidad separada de quien fui anteriormente.
El intenso y conmovedor recorrido de la maternidad.
El lento despertar del yo.
Encontrar que vuelvo a ser diferente una vez más.
Reconocerme en la piel que habito.
Confusión. No hallarme.
La necesidad de entender esta nueva versión de mí misma.
Creer que no hay conciliación entre la que fui y la que soy.
Emprender el camino sin saber por dónde empezar.
Horas de entonación de daimoku.
La epifanía de ser todas las anteriores, mas ésta nueva versión.
No tengo que volver, sino seguir adelante, incorporar.
Luchar por el tiempo para descifrar el mecanismo.
Desempolvar mis cables a tierra.
Abarcar todas mis versiones en una sola.
Volver a nacer en esta piel.
Lentamente, juntar a mis todas en una sola yo.
Darme la bienvenida.
Samsara.