
Cuando me decidí a escribir, tenía todas las intenciones de vaciar lo que sentía en ese momento. No es que no tenga las mismas ganas ahora, pero no se por donde empezar. Y es que escribir no es tarea fácil. Mucho menos cuando se hace público.
Pasa que, tengo tantas, pero tantas ideas, y pasan todas tan, pero tan rápidamente, que cuando comienzo a escribir una, ya el momento de ESA idea pasó, y ahora estoy en otra.
Esta mañana fui a clase de microbiología. Me pregunto si seré una nerd por encontrarla TAN interesante. De cualquier forma, al salir me di cuenta de que hacía un día maravilloso, perfecto para salir a trotar, tomar fotos o hacer cualquier cosa afuera.
Bien. Me monté en el carro para venir a casa y como siempre, conecto mi ipod que siempre está en orden aleatorio de canciones. Es decir, nunca sé lo que viene. Y cuando lo prendo, comenzó a tocar una canción de Joan Manuel Serrat. La que ahora mismo estoy escuchando mientras escribo esto.
Aun no dejo de sorprenderme cómo unas notas musicales pueden activar ciertos recuerdos, emociones, imágenes y hasta podría decir que me transportan a cierta atmósfera y época...cálida en este caso; mi infancia - que considero la más feliz de todas. El color de estas emociones tiene cierto tinte sepia amarillento, pero no muy fuerte; el clima es cálido, pero no desagradable. Cierro los ojos y puedo sentir ciertos olores distintivos de este lugar...grama recien regada, el pulidor pride, una sopa de auyama a lo lejos...los sonidos son también cálidos; un móvil de campanitas de barro, otro de tubos de metal y el ruido que hace el viento entre los helechos cada cierta brisa que pasa. De vez en cuando, uno que otro carro pasando rápidamente y otros más cerca y menos frecuentemente cuyo ruido que hacen al avanzar es el crujido de las piedras que van pisando y algún murmullo opaco de voces en el cuarto más distante de la casa...
Me voy acercando por el pasillo y está toda mi familia, pero solo veo en esta escena a algunos. Entre ellos a mi abuelito Pollo en su mecedora, mi abuelita tejiendo crochet en su lado de la cama, Alé acurrucada a ella del otro lado de la cama y al pie está mi mamá sudando por el calor y sosteniendo un vaso de agua en la mano, mientras habla en su turno de la conversación. Giro hacia la otra puerta y esta tia Maritza tomando una siesta arrullada por el sonido del aire acondicionado. Claramente es después del mediodía.
Puedo verlo todo tan nítido por un segundo, pero por alguna razón, pronto se va y cuando me doy cuenta, la canción se acabó.
Y queda esta nostalgia tan grande...
Caro
Foto: Alé
2 comments:
Lindo, Caro! Como me voy a molestar?
Te quiero tanto!!
Alé
Gracias Alé...te adoro.
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