Wednesday, August 19, 2009

Past the point of no return



Free your mind


En días en los que me he sentido enferma, no de gripe, sino de esas pesadillas que te despiertan en la noche donde sientes que todo se magnifica, entre delirios de mal dormir, he tenido tiempo de reflexionar acerca de algunas cosas de la vida y la muerte, en un plano muy personal.

Ya he dicho anteriormente, que la vida sería mucho más sencilla si supieramos cuando nos llegaría el momento de la muerte, sin ánimos de sonar tétrica. Veamos esto como parte de la vida, como hechos concretos, sin poner emociones o sentimientos, y realmente no debe ser tan terrible. Creo que la parte que más me desespera de morir es no poder volver para tener el tiempo suficiente de explicarle a alguien, que está lejos de la suya, cómo se siente morir. Digo, para sacar a la humanidad de esa gran intriga.

Sólo en una oportunidad he pensado realmente que me iba a tocar, y fue en un vuelo que atravesó el huracán anterior a Katrina, en el descenso a la ciudad de Montgomery, Alabama. La turbulencia fue aterradora, los ruidos que hacían los motores del avión, la inclemencia del clima allá afuera, los gritos, llantos y rezos de los pasajeros con quienes compartía cabina, le sumaban más y más a la sensación que tenía de proximidad a la muerte. En ese momento pensé "no quiero irme con miedo" y me relajé lo más que pude, al punto en que los cambios repentinos de altitud no me daban vértigo, y al resignarme, extendí mi brazo al asiento de la señora de atrás, quien estaba muy perturbada, le agarré la pierna y le dije "cálmese, mi esposo es piloto y me ha dicho que no hay registros de aviones que se caigan por turbulencia". Ella me tomó la mano con la suya y no me la soltó hasta rato después. Finalmente aterrizamos, luego de buenos 10 minutos de pánico total del resto de la cabina, incluida la aeromoza, y de una especie de resgnación mía. La señora a quien le extendí mi mano, se puso de frente a mí, y me abrazó agradeciéndome las palabras de calma que le dí.

Pasada esa experiencia, aprendí que guardar la calma realmente funcionaba, o que funcionaría para mí en caso de que tuviera que pasar de nuevo, independientemente del resultado.

Tiempo después, fui a Chile, y regresé con una frase sencilla que usan allá y que se quedó conmigo, porque me parece que puede estar muy cerca de la realidad: "se le apagó la tele". Y de nuevo, durante largas noches de insomnio quizá, estuve pensando en la genialidad de esta expresión. Así debe ser, sencillo, menos emocional, sin dramas, se apaga la tele y ya. Era una forma maravillosa de verlo en tercera persona.

Entre anoche y antes de anoche, durante dos crisis de dolor vesicular, donde quizá esté lejos muy lejos de la muerte, pero la impresión es que me roza, volví a cavilar sobre el tema, y llegué a una conclusión de las tantas que me imagino a las que llegaré a lo largo de mi existencia. Entonces, en medio de la oscuridad busqué mi iPod tanteando con mis manos en la mesita de noche y escribí:

"Me imagino que al momento de mi muerte pensaré: 'ah, entonces es así como me voy, esto es lo que se siente'."

Y se me apaga la tele.


2 comments:

Alé Yánez Valarino said...

Edward Bloom sabía cómo se iba a morir porque lo había visto en el ojo de vidrio de la bruja del pueblo. Desde entonces cada vez que se sentía en peligro, él decía: "Un momento, así no es como me voy" y todo temor se disipaba, logrando él salir de cualquier situación adversa, aunque luciera irremediable.
No existe la bruja ni su ojo de vidrio. Lo que sí existe es ese cambio de actitud del que hablas en tu escrito. No importa el resultado, sino el creer firmemente que se saldrá ileso de la situación. Esta es la clave de todo sobreviviente, que a fin de cuentas es lo que somos cada uno de nosotros.

cayoyin said...

*brillante*

Completamente a la altura del tema, mejor imposible.

Te adoro hermana ¡Cómo me conoces!