Tuesday, January 26, 2010

Ahora que recuerdo


I remember acoustic guitars and bells


Desde muy temprano en mi niñez supe que me gustaba la actuación. Sentía que podía hacerlo mejor que las actrices de las novelas que pasaban en los 80s por la televisión. De alguna forma, no me creía esos llantos secos ni esas discusiones turnadas entre los protagonistas. Un buen día, cerca de mis diez años, mi tía Maritza me inscribió en un grupo de teatro de la casa de la cultura de Araure, donde iba a ensayar cada semana para una presentación. Me gustaba eso. Me gustaban los preparativos, repetir las escenas, ver a mis compañeros actuando, y aprenderme los guiones de tanto ver a los demás repetir los suyos. Era un trabajo en equipo, y lo que más me gustaba era que todo tenía un gran propósito; presentarnos frente a un público como la culminación de esas semanas de esfuerzo que nadie vió, pero de la que yo fui partícipe y cómplice.

Pasaron los años hasta que regresé a Caracas y entré por voluntad propia al grupo de teatro Gesto y Movimiento del colegio. Yo era el tipo de estudiante que participaba en todo cuanto el colegio tenía para ofrecer de actividades complementarias; deportes, teatro, coro, danza, periodismo, ajedrez, pintura, música, poesía, en fin...todo y si no lo había me lo inventaba. Así que entré en teatro y comenzaron las clases un poco más formales, con ejercicios menos infantiles que los que hacíamos en la casa de la cultura, y entre ellos, hubo una clase que se quedó siempre conmigo: la de "memoria emotiva".

La memoria emotiva, según Stanislavski, opone una actuación fingida, y está basada en la verdad escénica. Propone que el actor no debe aparentar en el escenario, sino existir de verdad, vivir la escena; y yo la vivía gracias a esos ejercicios. Afortunadamente mis papeles eran siempre alegres, y es probable que de esa memoria emotiva alegre me hayan quedado secuelas de por vida. Nunca se sabrá.

Recuerdo estos ejercicios, hacíamos escenas dramáticas de dolor físico para gesticularlo, en el que, con cada sonido de la mano de la profesora contra las tablas, debíamos imaginar un latigazo en la espalda; otros ejercícios eran de dolor emocional. "Recuerden algo triste de sus vidas antes de esta escena" decía la profesora, y realmente las actuaciones eran mucho más reales. Era algo que debía terminar por completo al finalizar la escena. No se debía cargar con el papel ficticio en la vida real.

Era un buen ejercicio, porque sin querer (o queriendo) era muy introspectivo, y eso me gustaba. Pero a lo que voy con toda esta historia, es que, quizá porque ejercité más a la memoria emotiva que a la mental, ahora nada de lo que siento se me olvida, contrario a las cosas pendientes en la cabeza, que se me van con la menor distracción.

Puede que sea un verdadero desastre para acordarme de una fecha importante, o de una cita pendiente, o de devolver una llamada, o responder un email...pero de algo que alguna vez sentí jamás; ni bueno ni malo. Así que mido la vida y mis decisiones y acciones en buena parte basada en esas memorias, que muchas veces se complementan con las fotos que tomo. O sea, si me voy de viaje, puede que olvide el nombre de las calles y plazas que visité, pero nunca olvidaré cómo me sentí mientras paseaba por ellas, y gracias a esas sensaciones que conservo, asocio esos lugares con mi memoria emotiva que guardé de ellos y cada vez que me lo nombran, enseguida vienen a mi esas sensaciones.

Pasa lo mismo con las personas. Puede que deje de verlas por años, pero cuando me vienen a la mente, enseguida siento.

Recuerdo las clases de anatomía y fisiología, en la que describían las células del cuerpo, y llegué a desarrollar una verdadera fascinación por las células de memoria, que guardan registro de las enfermedades que nos han atacado, de manera que cuando vuelve el mismo agente patológico, estas células se encargan de llamar a los anticuerpos justos que se deshicieron de él la última vez.

En mi memoria emotiva ocurre lo mismo; si me ataca una persona, en seguida guardo registro emocional, y puede que con el tiempo resuelva las diferencias que llevaron a que eso ocurriese, pero la asociación emocional que guardo de esa situación hace que nunca más repita las causas que llevaron a que algo desagradable pasara, sin tener que trasladarlo al plano personal. Entonces es fácil perdonar, pero nunca, jamás, lo voy a olvidar. Al menos no con mi memoria emotiva.


Caro

4 comments:

Anonymous said...

A esa memoria la llamo raton o rata moral, dependiendo del caso... Me gusta cuando escribes, activas mi memoria emotiva pero la linda, la sabrosa ... te adoro tia

Freddy Yanez A. said...

Hijita, cada cosa que escribes es una joya, me siento orgulloso de que tengas tantas prendas personales.Te adoro

Freddy Yanez said...

Hijita, me siento orgulloso que tengas tantas joyas personales y que cada una sea tan bella. Te adoro!

Unknown said...

Que lindo que escribis Caro!
no coincido con que es facil perdonar, ojo yo soy de perdonar demaciado, pero no cualquiera tiene esa habilidad.. y a diferencia suelo olvidar.. y a veces no debería...

hermoso texto :)