Hoy llueve. El consultorio del dentista donde me tocó interpretar es como haber entrado en la cápsula del tiempo quedada en los ochentas. Parada frente a la ventana que da hacia el centro de la ciudad y con un hilo musical clásico de fondo, afuera llueve y está gris, y de pronto tuve un flashback al apartamento de abuelita María V.
Quiero que haga sol. Quiero quitarme esta sensación de melancolía climática que tengo encima.
Tarde o temprano llega ese momento en que, después de la subida, termina el instante de inercia que se forma justo antes de bajar. Muchas veces, o casi siempre, le pongo empeño y buena nota a todo lo que hago, pero muy pocas me hago grandes ilusiones sin calcular una falla, y esta vez lo hice. Esta vez lo hice y falló.
Enseguida mi mecanismo de defensa contra estas cosas salió en su carrito de bomberos hacia mi cerebro, quien mandó refuerzos a ese lugar indefinido entre mi pecho y la boca de mi estómago para que calmaran las inundaciones causadas por una tormenta intempestiva de llanto interno. Se bajaron y me hicieron la pregunta: "¿qué tienes que aprender de esto?"
Entonces escampó en seco.
De regreso a casa, "Segundo Tiempo" de Cosmonauta volvió a tocar, por si fueran pocas las 170 veces que la oí este fin de semana, pero vino perfecta. Saltó en mi ipod a decirme que, con la lluvia, el frío, y todo esto, hoy debo a asumir a la Supertramp; que hoy volveré a revisar mi buzón y que pare ese reloj que eché a andar aquel día que despegué del otro hemisferio; que es hora de enfocarme en el aquí.
Es posible que luego piense que he sido demasiado emocional, como suele ocurrirme, pero hoy, por una vez, no tengo a la Supertramp. Hoy lo soy.
Caro Supertramp
Quiero que haga sol. Quiero quitarme esta sensación de melancolía climática que tengo encima.
Tarde o temprano llega ese momento en que, después de la subida, termina el instante de inercia que se forma justo antes de bajar. Muchas veces, o casi siempre, le pongo empeño y buena nota a todo lo que hago, pero muy pocas me hago grandes ilusiones sin calcular una falla, y esta vez lo hice. Esta vez lo hice y falló.
Enseguida mi mecanismo de defensa contra estas cosas salió en su carrito de bomberos hacia mi cerebro, quien mandó refuerzos a ese lugar indefinido entre mi pecho y la boca de mi estómago para que calmaran las inundaciones causadas por una tormenta intempestiva de llanto interno. Se bajaron y me hicieron la pregunta: "¿qué tienes que aprender de esto?"
Entonces escampó en seco.
De regreso a casa, "Segundo Tiempo" de Cosmonauta volvió a tocar, por si fueran pocas las 170 veces que la oí este fin de semana, pero vino perfecta. Saltó en mi ipod a decirme que, con la lluvia, el frío, y todo esto, hoy debo a asumir a la Supertramp; que hoy volveré a revisar mi buzón y que pare ese reloj que eché a andar aquel día que despegué del otro hemisferio; que es hora de enfocarme en el aquí.
Es posible que luego piense que he sido demasiado emocional, como suele ocurrirme, pero hoy, por una vez, no tengo a la Supertramp. Hoy lo soy.
Caro Supertramp
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