Mitad de mi vida es mía, la otra mitad es prestada. Llena de otras personas, otros mundos que se cruzan con el mío de alguna u otra forma.
De mi mitad me ocupo yo y unos cuantos otros que dejo entrar hasta esas proximidades de mi existencia; de las otras mitades se ocupan sus dueños, quienes muchas veces se abandonan a la suerte del destino, sin creer que pueden hacer un cambio, o sabiendo que sí, pero sin querer tomar una decisión, o creyéndose incapaz de tomarla. En la mayoría de los casos, intervengo ofreciendo mi apoyo, pero para una escasa minoría soy un simple testigo completamente ajeno, separada por protocolos que sólo me permiten fungir como un sujeto tácito, casi omnisciente, gracias a la barrera de lenguaje que existe entre dos personas.
En pocas palabras, sólo llego a ver estas cosas porque soy el eslabón necesario para que estas dos personas se comuniquen, y soy testigo de todo lo que se dice entre ellos, sin tener el menor chance de participar o modificar nada en lo absoluto, ni hablar de ello con nadie.
Ésta es la vida del intérprete, la de estar tan cerca de las personas en sus situaciones personales y tan lejos una vez que acaba la sesión como para influir en el curso de los acontecimientos de ninguna manera. Soy un agente neutro ante tantas situaciones en las que ofrecería un cambio, de no ser por la naturaleza de mi trabajo. No tengo la libertad ni la posición para cambiar la vida de ellos, y sin embargo cada uno de ellos no se imagina cuánto cambia la mía en cada encuentro.
La exposición al mundo real que esto me da, me abre los ojos y me sensibiliza al dolor ajeno, que existe, que está allá afuera, que es muy real y que, aunque no sea mío, lo interpreto (que al fin y al cabo es una forma de vivirlo) aunque a través de un filtro delgadísimo; he llegado a estar en lugares donde nunca hubiera estado de otra manera: la cárcel, centros de desintoxicación, hogares pobrísimos, hospitales lujosos, casas lejanas, salas de quimioterapia, de diálisis, autos policiales, salas de emergencia, hogares de adopción, en fin, lugares que jamás conocería, pero que he tenido el privilegio de visitar y conocer sin ser yo la persona involucrada, o en otras palabras, viviendo la situación en tercera persona.
Es difícil explicar lo que esto mueve mi vida, y la fortaleza que desarrollo a partir de esto, aún teniendo una vida, por así decirlo, despreocupada y privilegiada.
No le tengo miedo a las adversidades. Es por eso que incontables veces termino concluyendo que esta es la ocupación indicada para mí. Podría derrumbarme por días como hoy, en los que me toca ser portadora intérprete de duros resultados, noticias que cambian la vida de una persona desde el momento en que salen de mi boca y para siempre, pero creo firmemente que lo que no nos mata nos hace fuertes, y podríamos decir que, a partir de hoy, soy un poco más fuerte gracias a otra persona para quien yo solamente, en sus recuerdos, seré apenas la voz que le anunció un cambio que nunca más podrá olvidar.
Caro

4 comments:
Caro, son sus vidas, son las nuestras. Sabes mejor que yo que vamos todos fluyendo juntos en este inmenso río.
Que forma más poética tienes de ver la Vida, pequeña.
Leí tu blog escuchando esto http://www.youtube.com/watch?v=df-eLzao63I&feature=player_embedded#at=217 y me conmovió doblemente.
Te adoro, no puedo decir más.
Es una oportunidad maravillosa de conocer otras realidades que ningún escritor desperdiciaría. It runs in the family!
Somos uno.
te hace mas fuerte y mas sensible... todo es perfecto!
una patadita cariñito mio...
Brillante mi amiga.
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