Abrí mis ojos y recordé el sueño. Luego de muchos intentos, finalmente logré recordar detalles que de alguna forma lo describían a medias; pero lo que no recordé en ese momento es que había soñado contigo, a pesar de que vengo sintiendo nostalgia por tí hace días; de esas, que vienen de la nada y sin ninguna explicación.
La verdad es que no necesitas excusas para que yo te extrañe. Lo hago y punto. Lo hago de mil amores, y es lo que me queda; seguir pateando esta lata toda mi vida por lo inmensamente que te adoro y por todo lo que sigues haciendo por mí a pesar de que ya no nos vemos más.
Por lo general uno trata de sacudirse un poco las nostalgias, ¿pero ésta? Ésta no quiero que se vaya jamás. Es lo único que me queda de tí, y nada me reconfortaría más que ésta se conviertiera en melancolía.
Hay tristezas que valen la pena. Por tí no me importaría sentir esto siempre. Aunque suene raro: sentir nostalgia de tí es algo elevado.
Hace apenas cuatro años que te fuiste y para mí ha pasado una eternidad. He vivido en cuatro años lo que quizá equivalga a diez. Pero ¿cómo hago para que te enteres?
No recuerdo ya hasta qué punto supiste de mi vida. Qué evento de mi vida más reciente fue el último del que te enteraste. Con gusto te escribiría una carta contándote cada detalle de las cosas que me han pasado, por el puro placer de que supieras de mí.
Un día lo hice. A las horas me regresó una notificación de falla de entrega de correo y me puse a llorar.
Hay días en los que, sin ninguna explicación aparente, te necesito irremediablemente en mi vida.
Pero no hay nada que podamos hacer por esto, mamá. Si alguna vez inventan la máquina del tiempo, espérame en 1992, que te iré a buscar aquel domingo en Plaza Altamira para aquel acto en el que ahora daría lo que fuera por haberme quedado acompañándote.
La verdad es que no necesitas excusas para que yo te extrañe. Lo hago y punto. Lo hago de mil amores, y es lo que me queda; seguir pateando esta lata toda mi vida por lo inmensamente que te adoro y por todo lo que sigues haciendo por mí a pesar de que ya no nos vemos más.
Por lo general uno trata de sacudirse un poco las nostalgias, ¿pero ésta? Ésta no quiero que se vaya jamás. Es lo único que me queda de tí, y nada me reconfortaría más que ésta se conviertiera en melancolía.
Hay tristezas que valen la pena. Por tí no me importaría sentir esto siempre. Aunque suene raro: sentir nostalgia de tí es algo elevado.
Hace apenas cuatro años que te fuiste y para mí ha pasado una eternidad. He vivido en cuatro años lo que quizá equivalga a diez. Pero ¿cómo hago para que te enteres?
No recuerdo ya hasta qué punto supiste de mi vida. Qué evento de mi vida más reciente fue el último del que te enteraste. Con gusto te escribiría una carta contándote cada detalle de las cosas que me han pasado, por el puro placer de que supieras de mí.
Un día lo hice. A las horas me regresó una notificación de falla de entrega de correo y me puse a llorar.
Hay días en los que, sin ninguna explicación aparente, te necesito irremediablemente en mi vida.
Pero no hay nada que podamos hacer por esto, mamá. Si alguna vez inventan la máquina del tiempo, espérame en 1992, que te iré a buscar aquel domingo en Plaza Altamira para aquel acto en el que ahora daría lo que fuera por haberme quedado acompañándote.
-Caro

1 comment:
Algun dia nos encontraremos !! Tía
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