Quiero pensar que la primavera es siempre agradable, ideal, pero cada vez se me olvida lo ciclotímica que es. Como la flor del principito: bonita, pero llena de imperfecciones.
Un día amanece el cielo azul despejado, el sol brillante calentando la tierra desde un ángulo estratégicamente perfecto, y en seguida te cambias de ropa, y crees con todas tus fuerzas que, no solo llegó la primavera, sino que se siente un aire definitivo y casi permanente de verano.
Al otro día, cuando sales de casa seguro de que una camisa escotada, shorts y sandalias son suficientes para el clima, te das cuenta de que hace un frío inaguantable, que además de estar nublado y lloviendo, tienes que ponerte bufanda y abrigo. Entonces vuelves a sentir, no sólo que el invierno nunca se fue, sino que además el verano se ve cada vez más lejos. Un triste deja vú, una pesadilla recurrente.
Es inevitable. Cada invierno lo recuerdo como el más frío y cada verano como el más caliente, y nunca estoy segura de si realmente sea así, o es que simplemente uno se aclimata y cada cambio se siente exageradamente al extremo opuesto del anterior.
El caso es que por poco se me olvida que las primaveras son así, caprichosas, temperamentales, confundidas, tanto crueles como benevolentes, tanto frías como calurosas, nubladas como soleadas, pero siempre, siempre, siempre, llenas de estornudos y flores.
Algunas bellezas son así, y así aprendemos a quererlas.
Caro
2 comments:
Por eso es, querida cayoyin, que La primavera es una Ella - la unica estacion de genero femenino. Releo tu post pensando que hablas de Ella y Ellos y se me erizan los pelos...
Te diré, mi Alejo, que a quien se le erizó la piel con tu analogía fue a mí.
Un beso.
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