
En algúna dimensión, mi vida es todavía mi vida. Así, como la recuerdo en sus mejores momentos, donde todo siguió su curso natural. Intacto. Ideal. Antes de que todo girara en centrífuga, y ese tornado nos levantara el techo y se nos cayeran encima los árboles del jardín.
En esta dimensión de lo manifiesto, entre las miles de millones, infinitas posibilidades, en ésta, donde escribo, las cosas son diferentes de como las soñé en otra vida. En esta dimensión mi soledad está más poblada y mi espacio vital es mayor, pero de alguna manera reducido al que ocupo yo sola. En esta cristalización de una opción entre infinitas, me mantengo en movimiento para no transportarme a aquella ahora latente.
En una de esas millares de posibilidades de uno de los millones de instantes, hay una yo viviendo en Caracas, otra en Sao Paulo, otra en Acarigua, otra en Miami, otra en Charlotte, a 5 minutos de distancia de donde estoy ahora; pero también hay otra viviendo donde vivo, escribiendo en este blog sobre mejores alternativas, y el cambio que está dispuesta a dar para hacer de su mundo aquella vida que ni siquiera se imaginó que podía existir.
Ahora acaba de pandearse el abanico inagotable de posibilidades contenidas en un solo instante, y acabo de darle un vuelco a mi vida. He logrado saltar de una dimensión a la otra, dejando atrás aquella en la que pensaba terminar esta nota en un tono pesimista. Ahora me dispongo a seguir transformando la actual hasta estar donde en este momento ni siquiera me atrevo a soñar.
Caro
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