Saturday, June 14, 2014

La levedad




Lo tuvo todo, lo dejó todo. Volvió a construir su palacio desde la base, poniendo de nuevo la primera piedra, y luego otra y otra hasta ver de nuevo un rumbo. Hizo las paces consigo misma y aprendió a convivir en su compañía, llegando a la conclusión de que nunca más podría volver a estar sola. No mientras estuviera en paz consigo. 

Comprendió el mecanismo que opera detrás de las tribulaciones de la vida, y aceptó ciertas realidades menos agradables que le haría más sencillo enfrentarlas. Dejó ir su concepto de soledad para abrirse paso ante un mundo en el que se creía sentenciada a no conectar con nadie al nivel de las profundidades de su propio ser, y lo aceptó como un hecho más. Siguió poniendo a diario una piedra que seguiría levantando los muros de su castillo.

Se encontró caminando del otro lado del mundo en perfecto equilibrio con su vida; había alcanzado una tranquilidad y confianza máximas. Entonces era eso. La felicidad no vendría un día en forma de euforia, desapareciéndose pronto. Vendría un día cualquiera, luego de ejercitar su ritual de ponerle una piedra más al castillo, cuando, caminando por Buenos Aires en una tarde de invierno, luego de agradecerle a una amiga el gesto de querer llevarla en auto a su casa y haber emprendido el camino de regreso a pie le cayó la ficha de que no le faltaba nada para sentirse bien. Que a pesar de algunas carencias aparentemente evidentes, su vida se sentía estable, con un rumbo firme, definido. Que su felicidad era la sumatoria de cada piedra puesta todos los días con pequeñas alegrías sencillas, como un cielo totalmente despejado que permitía que los rayos del sol le dieran en la cara, que se dirigía a su hogar, sencillo, pero a su gusto, que contaba con familia física y emocionalmente cerca, con los amigos de toda la vida que quedaron en el otro hemisferio y los pocos, pero extraordinarios nuevos amigos que había encontrado en estas latitudes, con la música que sonaba en su iPod, y el aliento que tenía para los suyos, luego de todas las pruebas que logró superar a lo largo de los últimos años; duros años, pero llenos de lecciones aprendidas. Sentía una tremenda levedad, y ese día, sin saber, encendió una pequeña chispa en el pecho de alguien que un año más tarde le rompería los esquemas.

Es un año después de aquel día, y la vida es una constante readaptación. 

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