Saturday, September 13, 2014

Vivimos apurados




He tenido un par de días tratando de llevar otro ritmo. Voy al encuentro con una amiga que está a diez cuadras de donde estoy pasando el fin de semana. Me llama, voy al encuentro, y voy a pasos largos y al triple de la velocidad con que suelo andar, que es bastante más rápida que la media de la población, aunque aquí en Buenos Aires, la gente camina rápido. 

Es eso, yo iba apurada –todos lo iban– y es tanto el afán de llegar que cualquier cruce en rojo, persona atravesada, poste u obstáculo en el camino se vuelve una molestia que uno quisiera sacarse de en frente. 

Luego del encuentro, deciden seguir rumbo a Palermo, adonde no me animé a ir, así que nos despedimos y volví por la misma ruta a pie. Como no tenía prisa, me compré una paletica de helado en un quiosco y deshice mi camino a paso despreocupado, con la intención de seguir la corriente, y si surgía un bonito lugar para sentarme o desviarme de la ruta, lo haría. 

No me di cuenta de la prisa con que todos andaban hasta que fui a cruzar una calle, y la conductora de un auto me hizo señas con la mano como diciendo "¿acaso no ves por dónde andas?", a lo que yo, sin interrumpir mi camino, le correspondí con un gesto como diciendo "está bien, perdón, ya pasó".  Lo que más me llamó la atención fue que no sentí nada. O sea. En otra instancia, de haber estado yo tan apurada como ella, le hubiera correspondido con la misma intensidad e histeria con la que me hizo los gestos, pero esta vez fue diferente: yo no estaba apurada. Al parecer, cuando se está apurado, todo se vuelve un estorbo, y eso lo pone a uno como más agresivo.

Seguí mi rumbo despreocupado de vuelta a la casa, fijándome en detalles que antes no había reparado. "Ah, no había visto esta panadería cuando pasé por aquí hace una hora", y así me fui fijando de cosas que antes no había notado. Vi un árbol estallando en flores amarillas. Debe tener un nombre, no sé, pero era bellísimo. Le tomé una foto horrenda, pero me quedé un rato viéndolo. Disfruté de mi camino de regreso.

Si traslado esto a otras situaciones de la vida, podría decirse que uno vive apurado por llegar a la meta final de su plan, frustrándose por cada escollo mínimo en el camino, siendo agresivo hacia los lentos que entorpecen nuestro trayecto, y sin siquiera reparar en todas las cosas que hay alrededor.


Voy a tratar de tener esto en mente para no impacientarme más. Una cosa es saber adonde vas e ir rápido; otra sutilmente muy diferente es ir apurado y perderse de todo.

Meditaré al respecto para saber llevarlo a la práctica en mis planes de vida, y poder saborear lo máximo de cada momento mientras me dirijo adonde quiero llegar.


Caro.

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