Qué raro y qué divertido es salirse de la rutina diaria, automáticamente se cae en otra diferente, y con eso creemos que la rompimos.
En una oportunidad escribí sobre cómo siento que mi vida consiste a veces en varios paréntesis abiertos. Es decir, tengo una vida en cada lugar adonde voy, y cada una de ellas se mantiene suspendida mientras yo no estoy. Cuando vuelvo, la retomo exactamente en el punto donde la dejé, sin mayores cambios, simplemente continúa como si nunca me hubiese alejado. En Charlotte, que es, para seguir la analogía, donde ocurre el texto principal; Caracas, Acarigua, Baton Rouge, Suiza, Mendoza, Santiago, Buenos Aires...y hasta en mis mundos virtuales, cayolandia, mis clases por correspondencia.
Voy saltando de un paréntesis en otro, y en ocasiones hay varios dentro de uno más grande. Me agrada expandir mi vida. Me agrada abarcar tantos sitios, sentirme como en casa en tantos lugares, pero por otro lado me llena de impaciencia cuando tengo mucho tiempo sin poder retomar uno de mis paréntesis a los que no he entrado en mucho tiempo. Inevitable comenzar a echar de menos.
Hace cuatro días me congelaba, hoy me quejé del calor, y me dió cierto dejo de nostalgia saber que en casa estaba nevando. Pero eso se va tan pronto como al probar un bocado de queso guayanés, desayunar con tía en algún lugar de comida criolla con una conversa maravillosa sobre la vida, o improvisar una noche de margaritas en casa de Anaska, almorzar comida china con papá, romper la dieta con Alé o saber que en pocos días viajaré a Acarigua para encontrarme con mi abue, y darle un abrazo que esperó 18 años ahí guardado a un amigo.
Cada paréntesis tiene una habilidad maravillosa de competir con los otros para no hacerme sentir tanta nostalgia, así sea creando una nueva que nos haga creer que rompimos con otra.
Si no tiene sentido esto que escribo, lo siento. Ciertos dolores de cabeza son así...el mío tiene estos efectos secundarios. Sugiero que se tomen una aspirina si continúan los síntomas.
Caro
En una oportunidad escribí sobre cómo siento que mi vida consiste a veces en varios paréntesis abiertos. Es decir, tengo una vida en cada lugar adonde voy, y cada una de ellas se mantiene suspendida mientras yo no estoy. Cuando vuelvo, la retomo exactamente en el punto donde la dejé, sin mayores cambios, simplemente continúa como si nunca me hubiese alejado. En Charlotte, que es, para seguir la analogía, donde ocurre el texto principal; Caracas, Acarigua, Baton Rouge, Suiza, Mendoza, Santiago, Buenos Aires...y hasta en mis mundos virtuales, cayolandia, mis clases por correspondencia.
Voy saltando de un paréntesis en otro, y en ocasiones hay varios dentro de uno más grande. Me agrada expandir mi vida. Me agrada abarcar tantos sitios, sentirme como en casa en tantos lugares, pero por otro lado me llena de impaciencia cuando tengo mucho tiempo sin poder retomar uno de mis paréntesis a los que no he entrado en mucho tiempo. Inevitable comenzar a echar de menos.
Hace cuatro días me congelaba, hoy me quejé del calor, y me dió cierto dejo de nostalgia saber que en casa estaba nevando. Pero eso se va tan pronto como al probar un bocado de queso guayanés, desayunar con tía en algún lugar de comida criolla con una conversa maravillosa sobre la vida, o improvisar una noche de margaritas en casa de Anaska, almorzar comida china con papá, romper la dieta con Alé o saber que en pocos días viajaré a Acarigua para encontrarme con mi abue, y darle un abrazo que esperó 18 años ahí guardado a un amigo.
Cada paréntesis tiene una habilidad maravillosa de competir con los otros para no hacerme sentir tanta nostalgia, así sea creando una nueva que nos haga creer que rompimos con otra.
Si no tiene sentido esto que escribo, lo siento. Ciertos dolores de cabeza son así...el mío tiene estos efectos secundarios. Sugiero que se tomen una aspirina si continúan los síntomas.
Caro

2 comments:
Tiene mucho sentido, Cayo! Y es muy bonito :)
Lore, gracias por estar aquí.
<3
Cayo
Post a Comment