Pasaron milenios de evolución desde que una explosión enorme hizo que el universo estallara en mil pedazos para llenar el espacio de partículas que se quedaron alejándose lentamente. Se dio la casualidad de que una de ellas quedara estacionada cerca de un astro en llamas, girando alrededor de su órbita. En una mezcla de componentes orgánicos se generó la vida de células primarias que con el pasar de mucho tiempo evolucionaron en miles de especies de animales y plantas. A un chimpancé se le ocurrió bajar del árbol y caminar en dos patas, que eventualmente les llamaron pies, y comenzó a usar herramientas y lenguaje hablado y escrito. Vino la barbarie, luego las industrias, la tecnología, y yo, que no sabía nada de nada, nací.
Tuve que aprender a andar, expresarme y comportarme como ellos. Hice lo que se supone que se debía de hacer, y desobedecí cuando se supone que debía desobedecer. Entré en la universidad y me fui de vacaciones. Te conocí. Me enamoré. Continué mi vida contigo, lo que para muchos fue la locura de dejarlo todo atrás. Para mí fue lo correcto. En el momento en que mi evolución se transformaba en nuestra, seguí aprendiendo cómo ser un ser humano.
Un día me dí cuenta de que estaba sola al mirar alrededor, que hacía mucho tiempo habíamos pasado una encrucijada en la que cada quien tomó un lado creyendo que el otro venía atrás acompañando. Propuse parar y así dar un paso atrás y encontrar esa bifurcación en la que nos alejamos para poder encontrarnos de nuevo. Me tomó casi un año de camino llegar de nuevo a aquella encrucijada, pero la encontré y a tí no. Ahora te buscaba por todas partes. Al parecer tu seguiste andando en vez de parar para dar aquel paso atrás, así que seguí tus huellas, te seguí corriendo hasta llegar exhausta hasta donde estabas para darte la buena noticia. Te vi caminando adelante, y cuando te toqué el hombro para avisarte que estábamos juntos de nuevo, te giraste con la mirada perdida y me dijiste que no me conocías. Que todo el tiempo que yo pasé buscándote, tu lo pasaste olvidándote de mí, y que lo habías logrado.
Ahora estoy de este lado de la encrucijada por donde tú tomaste camino, y ahora me queda uno largo que recorrer para volver a tomar el mío. Tengo mi mochila con todo lo que necesito para continuar, pero me quedo con estas cartas que te escribí y que ya no quieres, y que para mí ya han perdido todo su sentido.
Emprendo mi nuevo camino. Sigo aprendiendo cómo es esto de ser humano.
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