Esas cosas pasan muy pocas veces. Se abren compuertas que luego no se cierran más, dinteles por los que eventualmente dejaremos de pasar a causa del olvido, el lugar adonde van a parar algunos momentos, algunas personas, algunos lugares que fueron cercanos. Cuando ya todo lo que solía ser familiar no está, o sí está, pero está en esa carretera desierta en medio de un agujero en un plano indefinido de una realidad que alguien más sueña, sólo queda la melancolía, ese recuerdo vago cargado de las emociones que dejaron esas memorias borrosas...residuos emotivos que se deslizaron por ese umbral, que quedaron suspendidos y que ahora respiramos, percibimos. Eso es la melancolía.
Me enteré de mi sueño a través de él, quien viene a mí en forma de música, otras veces en forma de pensamientos, muchas de forma escrita, pero muy rara vez en forma de voz, lo que le confiere una atmósfera aún más onírica a este tema.
Llegué a casa después de un largo viaje, abrí mi ventana y ahí estaba él narrándo mi sueño. Contaba con demoledora precisión aquello tan mío que algún día sentí y que colgué en medio de aquel viaje, en la penumbra de aquella carretera por la que nos deslizamos sin rumbo, en aquel restaurant en medio de la nada donde él absorbió todas estas pulsiones mías que quedaron suspendidas en ese no-lugar adonde van a parar las cosas lejanas.
Retiré mi vista algo empañada de la ventana y me pregunté si esta conexión entre nosotros existiría sin saber de todas maneras; si la tendríamos aún si nunca nos hubiéramos conocido. Me pregunto con cuantas otras personas que aún no conocemos y a quienes posiblemente jamás lleguemos a conocer estaremos así de conectados, y cuántos de los sueños que tenemos realmente les pertenecen a ellos y no a nosotros.
Hace algún tiempo todo dejó de tener sentido, cuando descubrí que las leyes del tiempo y del espacio pueden ser burladas. Desde ese entonces, las cosas suceden en una cadena de eventos sin cronología que acaban por tener perfecta lógica.
He vivido algo nuevo. Me he perdido en mis sueños y me he encontrado en ellos, soñados por una parte de mí que pulsa en otro cuerpo, que habita en otro lugar, en otro tiempo, y que me contiene a la vez que yo le contengo a él.
Caro.
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