Monday, September 16, 2013

Samsara




De vez en cuando le venían bien los días de lluvia como esos en los que ahora habitaba por más de una semana. Encontraba solaz escuchando música de uno de sus grupos favoritos "Casa de Playa", lo cual podría llegar a sonar un poco irónico. 

Había olvidado cómo eran los días de sol en los que no había que abrigarse. Los días sensorialmente felices, libres de pesadas capas de ropa. Le resultaba un poco cavernícola la idea de tener que usar abrigos. Siendo una junkie de la tecnología, le costaba trabajo creer que en pleno siglo XXI no se hubiera inventado todavía una forma menos primitiva de protección. Despreciaba la moda, o el concepto de lo que sea que eso significara. Le parecía absurdo. Una forma de ridiculizar lo ya ridículo. Una redundancia patética en la que las personas parecían enajenarse a voluntad propia. Una locura sin sentido.

Prendió una barrita de incienso y la primera bocanada le empujó hacia un agujero en el tiempo, un tobogán por el que se deslizó vertiginosamente a un punto específico que creyó nunca más volver a recordar por tratarse de un momento aparentemente intrascendente de su vida. Un día cualquiera en el que preparaban la cena, y que gracias al humo del incienso logró recuperar del olvido. Eran hermosos esos días. Tristes, pero hermosos. Lo tenía todo sin saber que pronto, meses después de aquel momento la vida como hasta entonces la conocía desaparecería para siempre sin posibilidad de salvación. 

El tiempo es una máquina demoledora. 

Divagó un rato por los rincones de aquel viaje al pasado. Entró en todas las habitaciones de la casa, le vio a él en el sofá, todavía familiar, todavía acostumbrado a su presencia, en camiseta e interiores, en esa atmósfera de intimidad que guardan las parejas. Se detuvo frente a él para sumergirse en ese momento. Era especial, y ahora lo entendía. Quiso reparar en todos los detalles de aquel instante, quería llevarse ese recuerdo consigo cuando le tocara regresar a su lugar y hora actuales.

La música ya había parado de sonar cuando volvió de aquel viaje. La barra de incienso se había consumido toda. Se asomó a la ventana y seguía lloviendo. Aún sentía las secuelas emocionales del sueño que había tenido. Trató de recordar de qué se trataba, pero no lo logró.

Volvió a poner el disco de "Casa de Playa", prendió otra barrita de incienso y se dejó llevar.


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