Estar contigo me hace bien. Sí, sí, contigo. Caminando por Núñez un jueves cualquiera, comiendo arepas en casa o tomando la lancha colectiva a Tigre; haciendo gonguio en el Kaikan, subiendo cerro en la octava región, riéndonos del sueño, yendo al planetario de Buenos Aires, o viendo el domo vivo de estrellas en el sur. Me hace bien llamarte un día para contarte que ando al borde de la desesperación y al día siguiente ya estoy bien porque pude contar contigo. ¡Sí, contigo!
Recibir un día a última hora un aviso de salida a una expo de fotografía en Palermo y salir corriendo para volver molida a casa a las 3am, pero feliz de contar con ese privilegio, o ir a tu casa a cenar todos juntos y luego entre todos levantar la mesa y quedarnos conversando hasta la hora que sea me hace bien. El día que fuimos a hacer picnic y jugar a dibujar monstruos cómicos para luego refugiarnos en el aire acondicionado de Starbucks, o irnos a tumbar en el pasto del paseo de la costa y sentir la brisa en la cara mientras conversamos de la vida, todo eso me hace bien.
Me hace bien madrugar y entonar daimoku dome contigo y el respectivo té o café en la mano. Todas estas cosas invisibles me dan la vida, y te lo agradezco. A tí, a tí y a tí. A tí también. Gracias por hacerme bien. Gracias por guardarme la casa donde vivo ahora, gracias por venir cada semana programada o espontáneamente. Por un café o una reunión, o de visita, porque pasabas por la calle y decidiste saludar. Gracias por ese paseo. Gracias por esa camisa. Gracias por esa película. Gracias por aquella vista y ese cariño tan grande que te hizo mover una oportunidad para mí en esa empresa, o en este país. Gracias por regar mis plantitas, gracias por llevarme a conocer la ciudad. Gracias por tanto. Gracias por todo.
A mis amigos. A mi familia. A mis compañeros de vida. A tí, que lees esto, gracias.
Gracias, porque me haces tanto bien.
-Caro.

1 comment:
Seguramente vos haces bien pana.
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