Thursday, January 15, 2015

Relato de un tercero




Al verla nacer supe que no sería una niña típica. No sé por qué, pero algo me lo dijo al ver sus grandes ojos brillar ya sabios cuando apenas contaba con pocas semanas de nacida. Era como si aquella pequeñita ya contara con una sabiduría que traía del otro lado, donde quiera que estaba antes de ser concebida. 

Conforme pasaban los años pude ir comprobando esa primera impresión. Mi ahijada era realmente una pequeñita diferente, inquieta, inteligente, alegre, desinhibida, pero noble, compasiva, de un corazón sabio para el que aún no había acumulado suficiente edad de aprendizaje. Era rebelde, y es precisamente en esa irreverencia donde se encontraba su fortaleza. Sabía que iría a llegar lejos, pero no en la manera típica en que uno puede imaginarse que alguien lo haga.  

Esta clase de corazones atraviesan cualquier dificultad con una fuerza bastante poco convencional.


Tal vez sea por eso que su vida haya sido tan intensa, y su búsqueda incesante. Búsqueda. Eso. Desde que cumplió los diez años parece haber emprendido una búsqueda eterna que no ha parado desde entonces. 

Nadie sabe detrás de qué va, pero yo creo intuir que simplemente esa es la vida de quien posee una mente inquieta.

Mi ahijada llegará lejos, o mejor dicho, llegará hondo, muy profundamente dentro de todos esos corazones que logren ver más allá de esa apariencia un tanto descuidada que la misma irreverencia le ha provocado. 

Al final, después de todo, se encontrarán a un ser extraordinario que no conoce de traiciones.



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