Friday, April 29, 2016

Meta: ser feliz.





Caminar es terapéutico. Ahora recuerdo por qué lo hacía por tantas horas en mi otra vida. Esta mañana, por primera vez en cuatro meses, caminé unas quince cuadras en vez de tomar el transporte colectivo al trabajo a la misma hora, como todos los días. Me fui a hacer unos chequeos de sangre rutinarios. Rompí con el hábito asfixiante de saber exactamente adonde voy, y de pasar por los mismos lugares a la misma hora, como un eterno día de la marmota.

Salí caminando un poco alterada, pero el ritmo de un paso tras otro me hizo caer pronto en la cadencia hipnótica del andar a pie. Uno se desconecta de todo y engancha internamente con algo que solamente brota en el acto de caminar. Se dispararon muchos flashes de un pasado del que ya solo quedaban memorias mecánicas, hechos sin sustancia, despojados ya de toda la carga emotiva que tuvieron en su momento. 

Sentí cosas, reviví emociones, y me comparé con mi yo de antes. Me di cuenta de que soy ambas todavía, a pesar de sentir que una de ellas se desactivó o dejó de existir. 

Esa forma antigua de relacionarme con las situaciones a nivel emocional era diferente a la manera en que ahora lo hago. No sé si es mejor o peor una o la otra, pero sí estoy convencida de que son diferentes.

Todo esto sirve para hacerme ver que la meta ahora es llegar a un consenso conmigo misma. Debo recuperar algunas cosas y deshacerme de otras.

Lo que sí definitivamente retomaré es salir cada tanto para entrar en contacto con la parte de mi que a veces se esconde, y que aflora al caminar.


Caro.

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