
En el pasado no muy lejano se me hacía más fácil abrir mi corazón para escribir. Bah, abrirlo en general para todo. Era parte de mi ingenuidad que ahora veo como un tesoro hermoso.
Con el tiempo uno no se vuelve duro ni amargado, sino cobarde, por el miedo a ser traicionado. Porque mientras más experiencias a uno le toca vivir, más entran al saco vivencias poco agradables. Y sin darnos cuenta, vamos "bajando la santamaría" poco a poco para evitar que entre el dolor. Luego cuando vas a ver, te convertiste en un zombie más pronto de lo que pudiste reaccionar, y para revertir hay que volver a aprender el ABC.
Después de tropezarnos con algunas piedras, la primera reacción es cerrar los flancos vulnerables y guardarse para si mismo más y más, aún sabiendo que es afuera donde uno aprende, desarrolla "callo" y crea valor.
Es manteniendo el corazón abierto donde uno se expone a ataques, pero también donde puede dar y recibir apoyo y aliento...saliendo de la coraza, a pesar de lo que sea, uno se hace más fuerte.
Cerrándole la compuerta al dolor, se la cierra también a todos los demás sentimientos, no solo los que uno necesita dar, sino también recibir. Se corta la probabilidad de sufrir, pero también la de ser feliz. En ese constante roce de aprendizaje es donde se esconde el flujo de crecimiento.
Un corazón cerrado se estanca. Yo quiero seguir abriendo el mío. Y para volver a escribir en este blog tuve que forzar algunas puertas.
Es gracias a este mismo blog que me acordé de que cómo era antes, y del estado de vida al que quiero volver.
En un intercambio de correo con mi gran amigo C, logré transportarme a ese sentimiento de apertura. Sentí conectarme con mi yo de aquel entonces, cuando estaba en la flor de mi ingenuidad adulta que pronto se esfumaría, y escribí sin filtros respecto a aquella época esta cita con la que concluyo este post:
Qué tiempos tan lindos...era como otra vida...ahora entiendo que en medio de mi tristeza, también atravesaba momentos hermosos. De alguna forma esta existencia se encarga de hacernos entender que siempre que manifestemos la vida con honestidad, si somos fieles a lo que sentimos y actuamos coherentemente con lo que está en nuestro corazón, no hay posibilidad de que todo sea tristeza o dolor...siempre, siempre, siempre, vamos a ver atrás a nuestro pasado sin reproches, y eso, en última instancia, es también un aspecto de la felicidad.
Caro.
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