Saturday, November 11, 2017

Adiós, excusas.



Pixeles by @cayoyin



Se miró al espejo mientras se secaba la cara y pensó que no había sido víctima. Al final, después de tanto llorar, sufrir y sentirse humillada, no fue una víctima. Pensó que nadie lo es. Que las personas son como fuentes de energía, cada una con su lado positivo y su lado negativo, quienes a veces emiten sus señales desde un polo u otro, y que uno a veces resulta estar, por razones cósmicas, en el escenario de esa descarga que iba a ser emitida independiente de la posición de uno en ese paisaje. Pero uno estaba ahí, justamente en ese preciso punto del universo entero, y bueno ¿qué le vamos a hacer? y al pasar, por cosas de la vida, esa ola lo revolcó justo a uno. Ya fue, iba a pasar. Nadie es culpable de que uno escogiera esa ruta, y estaba en la vida de esa persona hacer las cosas que hizo, en el momento y en el lugar exacto en el que nos tocaba pasar por ahí. Ya está. Sin dramas. 

Se secó la cara y se sintió mejor.

Ya pasó, ya fue. No es que esa persona la había escogido por un odio especial hacia ella. No fue que ella lo provocó, ni tampoco que la otra persona planificó esa movida especialmente para herirla y hacerla pedazos por dentro, corriendo de dimensión hasta su propia identidad.

No.

Había sido simplemente una terrible coincidencia que la había hecho pedazos, pero que hoy mismo estaba dispuesta a dejarla atrás. Ahora su prioridad era recuperar su identidad, que había escondido para protegerla en lo más profundo de interior.

Se miró al espejo –no había dejado de hacerlo– y apagó la luz. Atravesó la habitación, el pasillo de las escaleras, entró en el estudio, puso música y se sentó a escribir en su blog.


Caro.

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