Creí que era grande
Y desde que viniste no he parado de crecer
Creí que amaba a mi máxima capacidad
Y apareciste para que yo explotara de amor
Pensaba que conocía muchos caminos
Y me mostraste pasadizos de la vida que jamás hubiera explorado
Encontraba que el universo era infinito
Y contigo se me expandió a millones de infinitos más
Imaginaba que yo era lo único...
Y te anunciaste de repente con tu corazón latiendo como un martillo, tu fuerza vital capaz de atravesar nuestra incredulidad, tu sabiduría acumulada del eterno devenir de la vida, desafiando todas las ramas de la medicina, filosofías y prácticas místicas, tus patadas y giros nocturnos, tu forma ingeniosa de comunicarte desde el vientre, tu perfil mostrando que sabrás buscar mi pecho, ese orgullo bien humorado de sentarte sobre el doppler cada vez para mostrarnos que eres varoncito, y que vienes a darnos tantas alegrías y lecciones, sonrisas y angustias de padres primerizos...
Mientras que yo desde afuera, con todo el misterio de imaginar cómo serás, con las pocas pistas que aprendo torpemente a leer, trato de interpretar o prefigurar cómo eres, de qué rincón de la galaxia vienes. Tan limitadamente, que apenas puedo captar cosas muy evidentes: una rodillita tuya asomándose por mi barriga, los movimientos espásticos que corresponden a tu hipo, el llamado a complacerte cuando siento antojos de tomate, naranja, mandarinas o boquerones...pero a pesar de mis limitaciones mundanas, sí tengo una gran certeza, fuerte y firme como las raíces de los árboles más antiguos del desierto:
Prometo amarte como nunca antes amé en mi vida, protegerte fieramente como una leona a sus cachorros, respetar profundamente la dignidad de tu vida y la identidad que desarrolles, apoyar y promover tus talentos y habilidades, ayudarte a fortalecer todos aquellos aspectos que necesites mejorar para alcanzar la calidad de vida que sueñes tener, orientarte con amor respetando tu criterio y decisiones, confiar en ti como me lo has estado enseñando desde la semana 6, cuando escuchamos tu corazón por primera vez, y desarrollaré la sabiduría para saber cuando soltar, la valentía para poder hacerlo con confianza, el amor compasivo y la paciencia para acompañarte amorosamente a tu ritmo, y la fuerza vital para proveerte los medios necesarios para que desarrolles todo tu potencial al máximo, sea cual sea. Te prometo observar todo lo que despiertas dentro de mi a cada paso, y superar cualquier cosa que me impida cumplir esta promesa de vida que te ofrezco.
Sean cuales sean las dificultades que deba enfrentar, velaré por tu felicidad y seré el gran navío que te enseñe a lograrlo por tus propios medios. Ese es mi juramento ¡y jamás lo abandonaré!
Eternamente,
Mamá.

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