Saturday, February 15, 2025

Un día de lluvia

Venía en el carro pensando en toda la información genética que soy y que heredé de mis ancestros. Durante mucho tiempo creí que mi mayor anhelo —mi legado— era enseñarle a Rocco todo lo que sé, para que aprenda a navegar esta vida. Pero me doy cuenta de que la palabra no puede ser la única vía a través de la cual le transmita todo lo que he aprendido.

Entonces me pregunté si mis ancestros habrán sentido la misma urgencia. Posiblemente no. Pero quienes sí la hayan sentido, quizás supieron —o no— que dejaron esa información impresa en nuestro ADN, como la única forma de hacerla llegar a sus descendientes lejanos. Yo solo “sé” que tengo que aprender a convocarla, reconocerla, decodificarla y comprenderla… intuitivamente, al menos hasta que exista una herramienta universal o un manual que explique cómo hacerlo.

No me pregunten de dónde saco todo esto. Llega a mí como una historia contada por otros en un río de conciencia; aparece en forma de pensamientos propios, pero como si los captara a través de una antena. Es lo mismo que cuando cocino algo nuevo por inspiración, hago un grabado, escribo en mi blog o se me ocurre un chiste. Siento que nada de eso se crea realmente en mi mente: ya está ahí, y yo simplemente lo capto con mis antenitas de vinilo.

Soy curiosa. La humildad me convierte en una mejor aprendiz. Hago silencio y escucho. Cuando no lo hago y me lleno de ruido, me sumerjo demasiado en la experiencia humana más mundana, la que se rige por los impulsos. Y donde el ego gobierna, reina el sufrimiento. Por eso trato de mantener una condición de vida elevada; pero cuando me deslizo por el “tobogán del mono”, lo hago observando, como un detective que recolecta pistas para resolver el enorme rompecabezas que parece ser la experiencia de navegar este mundo: ser humano, manifestar la vida en este cuerpo animal y comprender que, para salir de lo salvaje, hay que domar la bestia interna.

Observo todo con lupa, tratando de entender cómo llegué hasta ahí para no repetirlo.

A veces pienso que sería maravilloso crear un país de personas comprometidas con ese proceso eterno de domar la bestia. Personas que hagan ese trabajo activamente porque sienten el llamado a desarrollar las virtudes que componen el amor: respeto, consideración, la libertad de dejar ser al otro su auténtico yo y abrazarlo, tratándolo como la joya preciosa que es. Un lugar seguro, una tierra fértil donde cada quien pueda desplegar todo su potencial.

El reto está en recordar que quienes aún están dominados por su parte animal no lo hacen por elección consciente, sino porque todavía no han despertado a esta comprensión. Su iluminación permanece dormida, muy adentro, cubierta por una montaña de prejuicios hacia sí mismos que proyectan hacia los demás, de la que deben liberarse para erradicar el sufrimiento.

Viven en conflicto constante, atormentados por su propio ruido. Creen que ese ruido viene de afuera y culpan a los demás, cuando en realidad nace en su interior. Lo sé, porque yo también vengo de ahí. Pero aquí está la clave: nadie puede hacerles ver eso hasta que estén listos. Todo tiene su proceso de maduración, y nadie puede —ni debe— intervenir en él.

Ahí aparece el llamado interno de quienes están despiertos: desarrollar paciencia y no “pisar el palito” que nos haría volver a caer por ese tobogán hacia los mundos del ego y el sufrimiento.

Existen sustancias que ayudan, de forma asombrosa, a bajar el volumen del ego y a ver más allá de lo evidente. Son portales que fueron prohibidos por quienes prefieren un mundo dormido. Fuerzas oscuras —derivadas de la ignorancia— que demonizaron esas herramientas y las envolvieron en el manto del tabú. Y el tabú ha sido un obstáculo eficaz para impedir que nuestra parte animal encuentre fácilmente su divinidad a través de esas puertas. Hay que ser valiente.

No importa. Algún día sentirán el llamado a mirar qué hay detrás, cuando llegue su momento de madurez. Y si están listos, sabrán cómo usar esa información a su favor para seguir aprendiendo y practicando las virtudes de un reino de paz y armonía.

Esto es lo que he observado a partir de mi experiencia desde la relatividad de mi impresión. Camino siempre con la disposición de aprender, no de tener la razón. Todo esto podría cambiar si las pistas me muestran otra cosa; y si eso ocurre, volveré para contarlo.

Seguiré observando… y algún día uniré todos los puntos del mapa.

O no.

¿Qué importa?

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