Habían anunciado nieve en Charlotte ayer, pero creo que es solo para advertir que va a estar completamente congelado el clima, pues los pobres meteorólogos no pegan ni una, a menos que los chances de que un accidente climático ocurra sean mayores que 90%. Nunca me hubiera hecho meteoróloga por el escarnio público al que están tácitamente sometidos desde que toman la decisión de estudiar eso.
Es cierto, el calor a veces es preferible, especialmente si se creció en un país tropical. El calor siempre evoca tambores, ritmo, Caribe para mi. Curiosamente, recuerdo el desdén con el que tomaba la música afrocaribeña, la salsa en particular. Era un rechazo inexplicable desde chiquitica. Nunca supe por qué, pero no me gustaba aquel ritmo primitivo, escandaloso. No concebía que lo escucharan fuera del contexto de una fiesta o algo donde se justificara tocar esa música. Recuerdo que me iban llevando en el carro por la Castellana rumbo a casa de mi tía Cristina cuando nos paró la luz roja de la Avenida Mohedano y pude escuchar que el carro de al lado tenía una salsa de mal gusto a todo volumen, y yo deseé secretamente en un pequeño momento Amélie que todos los carros de las personas comenzaran a tocar salsa al mismo tiempo. Era casi una maldición aquello. Cuando por estar sufriendo algo crees que te sentirías mejor si el resto del mundo también estuviera pasando por lo mismo. Era pequeña, de unos 7 años, y en ese entonces pensaba así.
Pasaron los años y por fortuna evolucioné y me volví más tolerante. Ya bailaba merengue y no me revolvía el estómago la salsa, aunque no la sabía bailar aún porque me parecía complicadísima. Ya también había superado los revoltijones que me daba tener que pasar en carro por el casco viejo de Chacao...inexplicable ahora de grande la razón de estas pequeñas aversiones.
Luego entré a la universidad, y llegó el momento de tomar una materia electiva, pero ya todos los cupos estaban llenos, y me habían dicho que entrar en Percusión Afrocaribeña era un 20 seguro. Listo, palabras mágicas, me inscribí y llegué completamente perdida el primer día. Verán, es que pensaba que yo no tenía ritmo, y que por lo tanto no iba a aprender nunca a darle a unas tumbadoras, pero ya era muy tarde, tenía que asumir mi barranco.
Las clases comenzaron, y con ellas, los ejercicios: "golpe-dedo-mano, dedo-mano-dedo, golpe-golpe", al principio en las tumbadoras, fuera de clase en los pupitres, en mis piernas, en casa, en la mesa, en los cuadernos, en la espalda de mis amigos, aquel ritmo me había atrapado. Luego como en esas cosas que has visto toda tu vida, que nunca has hecho, pero que estas seguro que sabes hacer (así aprendí a manejar sincrónico), me atreví a bailar salsa - y me fascinó! Estaba bailando salsa!! Aquel terrible baile complicadísimo, lo estaba bailando, y lo estaba disfrutando como nada, y lo que es más increible, decían que bailaba bien!! Luego en Miami, nos fuimos de rumba a Coconut Grove, Sr. Frogs...un tipo tocaba dos tumbadoras en medio de la pista de baile que estaba a reventar, el calor, la música a todo dar, el climax de la noche, y de pronto, me ofrece tocar (jojojo) me pongo a su lado y le hice la base mientras él tocaba las variaciones de un mismo tema. Fue genial.
Desde esa vez, tomé percusión todos los semestres subsiguientes hasta que llegó el nivel de timbales para el que ya era mi último semestre, nivel que nunca dominé, ni estuve cerca de hacerlo.
Esta mañana recibí noticias de mi profe por correspondencia. Luego de verlo, yendo a la cocina a dejar mi taza de café, canté esa línea de la salsa brava con la que titulé esta entrada: "las cara lindas, las caras lindas...las cara lindas de mi gen-te bella".
Caro
Es cierto, el calor a veces es preferible, especialmente si se creció en un país tropical. El calor siempre evoca tambores, ritmo, Caribe para mi. Curiosamente, recuerdo el desdén con el que tomaba la música afrocaribeña, la salsa en particular. Era un rechazo inexplicable desde chiquitica. Nunca supe por qué, pero no me gustaba aquel ritmo primitivo, escandaloso. No concebía que lo escucharan fuera del contexto de una fiesta o algo donde se justificara tocar esa música. Recuerdo que me iban llevando en el carro por la Castellana rumbo a casa de mi tía Cristina cuando nos paró la luz roja de la Avenida Mohedano y pude escuchar que el carro de al lado tenía una salsa de mal gusto a todo volumen, y yo deseé secretamente en un pequeño momento Amélie que todos los carros de las personas comenzaran a tocar salsa al mismo tiempo. Era casi una maldición aquello. Cuando por estar sufriendo algo crees que te sentirías mejor si el resto del mundo también estuviera pasando por lo mismo. Era pequeña, de unos 7 años, y en ese entonces pensaba así.
Pasaron los años y por fortuna evolucioné y me volví más tolerante. Ya bailaba merengue y no me revolvía el estómago la salsa, aunque no la sabía bailar aún porque me parecía complicadísima. Ya también había superado los revoltijones que me daba tener que pasar en carro por el casco viejo de Chacao...inexplicable ahora de grande la razón de estas pequeñas aversiones.
Luego entré a la universidad, y llegó el momento de tomar una materia electiva, pero ya todos los cupos estaban llenos, y me habían dicho que entrar en Percusión Afrocaribeña era un 20 seguro. Listo, palabras mágicas, me inscribí y llegué completamente perdida el primer día. Verán, es que pensaba que yo no tenía ritmo, y que por lo tanto no iba a aprender nunca a darle a unas tumbadoras, pero ya era muy tarde, tenía que asumir mi barranco.
Las clases comenzaron, y con ellas, los ejercicios: "golpe-dedo-mano, dedo-mano-dedo, golpe-golpe", al principio en las tumbadoras, fuera de clase en los pupitres, en mis piernas, en casa, en la mesa, en los cuadernos, en la espalda de mis amigos, aquel ritmo me había atrapado. Luego como en esas cosas que has visto toda tu vida, que nunca has hecho, pero que estas seguro que sabes hacer (así aprendí a manejar sincrónico), me atreví a bailar salsa - y me fascinó! Estaba bailando salsa!! Aquel terrible baile complicadísimo, lo estaba bailando, y lo estaba disfrutando como nada, y lo que es más increible, decían que bailaba bien!! Luego en Miami, nos fuimos de rumba a Coconut Grove, Sr. Frogs...un tipo tocaba dos tumbadoras en medio de la pista de baile que estaba a reventar, el calor, la música a todo dar, el climax de la noche, y de pronto, me ofrece tocar (jojojo) me pongo a su lado y le hice la base mientras él tocaba las variaciones de un mismo tema. Fue genial.
Desde esa vez, tomé percusión todos los semestres subsiguientes hasta que llegó el nivel de timbales para el que ya era mi último semestre, nivel que nunca dominé, ni estuve cerca de hacerlo.
Esta mañana recibí noticias de mi profe por correspondencia. Luego de verlo, yendo a la cocina a dejar mi taza de café, canté esa línea de la salsa brava con la que titulé esta entrada: "las cara lindas, las caras lindas...las cara lindas de mi gen-te bella".
Caro

5 comments:
Me encanta como va hilado este texto. En cuánto a la cara del fraudulento profesor, habrá que guardar ese archivo para poder seguirle policialmente.
Henry
He guardado el archivo, por si pasan 18 años más y vuelve a dictar otro curso. Esta vez quiero poder reconocerle la cara...y quien sabe, hasta se haga famoso. Será la única prueba que tenga de que fue, además de un buen profe, un gran amigo.
Gracias Henry.
Caro: Te cuento que mi madre dió de regalo de navidades el libro de J.J. Benitéz ("Caballo de Troya" y otros) "De la mano con Frasquito", lo comencé a leer y detuve mi lectura, de repente no me interesó más... Pero siempre paso por aquí y aprendo algo, con tus vivencias, con tu día a día... Gracias por compartir, gracias por enseñar... Lo quería compartir contigo.
Francisco, desde Caracas.
Frank, es una tremenda casualidad que nombres a J.J. Benitez. Había quedado enterrado en el pasado, pero con los ejercicios de memoria con mi profe por correspondencia justo lo recordé ayer.
Es una sorpresa verte pasar por aca y comentar. Me quedaría loca de haber sucedido antes del 2 de enero de este año, día en que el regreso de alguien del pasado remoto de vidas atrás marcó el límite insospechado de mi asombro. Sin embargo, sigue siendo una sorpresa, y estas siempre me han agradado.
Un abrazo grande, y gracias a ti. Bienvenido.
Amo este post! jajajajaja que bueno! Yo fuí una de tus victimas, me insultaste hasta mas no poder porque me gustaba la salsa..jejejejeje
Esto es una muestra mas, en donde se comprueba que " El universo, ni se crea ni se destruye, se transforma"
Ojo, sigue sin gustarme la salsa erótica y no creo que eso cambie..
V.R.
Post a Comment