Anoche mientras dormía, en esos momentos en los que te mueves y entras en el limbo entre la realidad y los sueños, iba echando en un saco un disco hecho en África, un shampú, un cumpleaños, un vestido y un amor para celebrar un día que nunca tuvo mayor significado para mí.
En el sueño me imaginaba celebrando cosas realmente importantes en otros mundos, algo así como cuando salgo a ver fuegos artificiales del día de la independencia de otros países, o le canto gol a un equipo de otra bandera que no es la mía, pero que adopto por espacio de esas horas y que festejo como si esos elementos prestados me pertenecieran.
Desde pequeña he guardado una fascinación increible por los sueños, y ese estado que describo en las primeras líneas de este post es realmente alucinante; esa sensación de no saber si estas pensando o soñando, si aquellas imágenes e ideas son voluntarias o involuntarias. ¿Acaso haría alguna diferencia saber de dónde proviene lo que percibimos? Quizá no, pero me encantaría descubrirlo. Qué porcentaje de mi es soñador, qué porcentaje es creativo y cual domino y cual no.
Así como Segismundo, me pierdo entre la realidad y el sueño, entre fotos, blogs, cartas enormes, fechas, videos, música contínua, melodías de todo tipo que gatillan recuerdos de cosas que no he vivido y que quizá me invento, pero que disfruto igual. Me elevo, entro en otros mundos, en otras mentes, otras sensibilidades que se confunden con las mías y después cuando me despierto (o cuando me duermo) no sé qué pertenece a quien...si soy todas yo o hay algo de interacción en todo esto.
Esta mañana me desperté y soñé con submundos que reflejan las vidas en la superficie de la tierra, y eso lo soñé despierta, lo sé porque lo leí al otro lado del túnel del tiempo, donde los días se van más rápido que en mi ciudad. Soñé despierta con esa historia y parte de mí vive paralelamente en ese espacio que alguien creó; una persona de la que soy parte y que forma parte de mí, algo comparable al estado límbico en el que uno está semi despierto; hay una fusión ahí que supera las barreras del tiempo y de la física. Parte de mi vida transcurre ahí, en compañía de ese reflejo mío al otro lado del mundo.
El día de hoy cobra un sentido más profundo que el de cualquier otro sábado en el calendario, y por esa razón brindo en honor a ese lugar que me he creado, donde patear una lata es algo normal.
Salud por eso.
Caro
En el sueño me imaginaba celebrando cosas realmente importantes en otros mundos, algo así como cuando salgo a ver fuegos artificiales del día de la independencia de otros países, o le canto gol a un equipo de otra bandera que no es la mía, pero que adopto por espacio de esas horas y que festejo como si esos elementos prestados me pertenecieran.
Desde pequeña he guardado una fascinación increible por los sueños, y ese estado que describo en las primeras líneas de este post es realmente alucinante; esa sensación de no saber si estas pensando o soñando, si aquellas imágenes e ideas son voluntarias o involuntarias. ¿Acaso haría alguna diferencia saber de dónde proviene lo que percibimos? Quizá no, pero me encantaría descubrirlo. Qué porcentaje de mi es soñador, qué porcentaje es creativo y cual domino y cual no.
Así como Segismundo, me pierdo entre la realidad y el sueño, entre fotos, blogs, cartas enormes, fechas, videos, música contínua, melodías de todo tipo que gatillan recuerdos de cosas que no he vivido y que quizá me invento, pero que disfruto igual. Me elevo, entro en otros mundos, en otras mentes, otras sensibilidades que se confunden con las mías y después cuando me despierto (o cuando me duermo) no sé qué pertenece a quien...si soy todas yo o hay algo de interacción en todo esto.
Esta mañana me desperté y soñé con submundos que reflejan las vidas en la superficie de la tierra, y eso lo soñé despierta, lo sé porque lo leí al otro lado del túnel del tiempo, donde los días se van más rápido que en mi ciudad. Soñé despierta con esa historia y parte de mí vive paralelamente en ese espacio que alguien creó; una persona de la que soy parte y que forma parte de mí, algo comparable al estado límbico en el que uno está semi despierto; hay una fusión ahí que supera las barreras del tiempo y de la física. Parte de mi vida transcurre ahí, en compañía de ese reflejo mío al otro lado del mundo.
El día de hoy cobra un sentido más profundo que el de cualquier otro sábado en el calendario, y por esa razón brindo en honor a ese lugar que me he creado, donde patear una lata es algo normal.
Salud por eso.
Caro

4 comments:
Ay mi vecina ! no sabes como te entiendo (si, sabés)... en que los sueños no hay limites y creemos cosas que no pasaron y no pasarán (ja, quien sabe)... planear y jugar es normal para mi( y para vos tambien), brindemos juntas por eso :)
Brindemos veci! *_*
Ese muro de la foto me conmueve.
HS
Es raro eso...fue pintado por un chico de 14 años. Puro arte rupestre...
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