Tuesday, March 10, 2009

Un Isóceles tácito



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6:45 pm en Charlotte, 11:45 pm en Suiza, 6:15 pm en Caracas. Si pudiésemos unir esos tres puntos en el mapa trazando una línea, formaríamos lo que en primaria llamaban un triángulo isóceles, dos lados de igual medida y uno más corto.

Esa es la forma que pintamos mis hermanas y yo, dos mayores y una menor, pero formamos parte de un todo. Son las personas más increibles que me han tocado de compañeras de vida. No es lo máximo tener hermanos, y encima tener la gran fortuna de relacionarte bien con ellos, después de todo? No concebiría mi vida si me faltara una de ellas o si fuese hija única, qué aburrido!

Venía en el tren desde el centro a la casa, luego de un breve entrenamiento en procesos y protocolos en el Departamento de Policía del condado, y entró una melodía que me hizo pensar en todo esto. Con ellas viví y compartí todo durante toda mi infancia y bien entrada la adolescencia. Cuántas cosas nos unen, cuantos recuerdos en común, y cuanta facilidad para recordar cosas y hablar de ellas sin necesidad de hacer referencias de contextualización. Entienden perfectamente a lo que me refiero cuando digo algo como "te llamabas", "bolitas para adivinar" o "conchita vilardel" jajajja. Es realmente maravillosa esa conexión que se forma entre tres seres que compartieron grandes etapas de sus vidas juntas.

Recordé por ejemplo, cuando nos molestábamos y nos peleábamos. Con Alé las reconciliaciones eran cómicas, casi nunca se hablaba. Ella haría un gesto histérico que yo imitaría y ella no aguantaría la risa, y a partir de eso nos reiríamos histéricamente las dos, haciendo "ojito" para cerrar el proceso de hacer las paces.

Con Tatis es más explícito, nos diríamos una palabra de cariño seguida por un insulto, algo como "sabes que te quiero estúpida". Pero nada tan memorable como cuando me dejó el avión en Zürich y tuve que volver a pedir asilo en su casa, cuando ya nos habíamos despedido entre lagrimitas, creyendo que yo volvería a mi casa después de esas vacaciones increibles que pasamos en su casa. Nada supera ese momento en que nos volvimos a ver, horas después. No fue una reconciliación porque no nos habíamos peleado, pero fue como una declaración de paz aquello. No creo que pueda expresarse con palabras sin llegar a desvirtuarlo, por lo que no haré el intento.

Realmente las estaciones de tren tienen bastante de eso, de despedidas y de saludos, pero definitivamente de abrazos eternos y de lágrimas de emoción. Con Alé también tenemos una historia de andenes, a ella le tocaba regresar, el tren arrancó y Tatis y yo quedamos abrazadas con los ojos rojos de tanto llorar.

Hubo épocas de mi vida en las que nunca me imaginé cuánto iba a llegar a querer y necesitar a mis hermanas. Ahora simplemente entiendo que mi vida sin ellas no sería la misma. Por lo que le agradezco a mis padres haberse echado encima el trabajo de cuidar a tres pequeñitas.

Nuestro encuentro anual se acerca, y yo no puedo esperar al día en que vengan a mi mundo.






Caro

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