Es una tarde agradable después de un día de trabajo. Si te mueves, la encuentras sofocante, pero si dejas que te alcance, sientes esto tan lindo...el sol de espaldas me permite ver todo con una luz privilegiada. Un cielo impecablemente azul con apenas tres nubes blancas para resaltar los colores, y el sonido de las pisadas apuradas a mi alrededor sobre la grama. Uno que otro diálogo de ánimo entre los miembros del grupo suena indistintamente.
Juegan por todos lados, y una brisa viene a apagar un poco el calor...de ellos, no el mío, yo no tengo. Yo estoy bien ahora. De alguna forma todo esto que me rodea cumple una función anestesiante en la que me dejo envolver. Me cuelgo un rato más pensando en la infinita cadena de mínimas decisiones y circunstancias aleatorias por las que hoy estoy acá sentada, con ellos a mi alrededor, sintiendo todo esto, escribiendo en una hoja de papel mientras voy cambiando de piel en cada letra que escribo. Caigo en cuenta de que ya nada es al azar. No ahora, no más. Me siento dueña de mis acciones y decisiones. No tengo inseguridades, sino incertidumbres que no me quitan el sueño, porque estoy decidida a descubrirlas. Tengo el volante en la mano, y sé manejar. Sé también a donde no quiero ir, precisamente porque vengo de ese lugar, pero tengo una idea de hacia donde quiero dirigirme porque nunca he estado allí.
Se me hace necesario salir de mi zona de seguridad. Me urge descubrir, no quien he sido, sino quien puedo llegar a ser.
Me he abstraido tanto, que de pronto me doy cuenta de que estoy aquí, en este calor, tumbada en el perfecto clima de verano, cerca de mí misma, que esto es mi vida, y que es donde quiero estar.
Juegan por todos lados, y una brisa viene a apagar un poco el calor...de ellos, no el mío, yo no tengo. Yo estoy bien ahora. De alguna forma todo esto que me rodea cumple una función anestesiante en la que me dejo envolver. Me cuelgo un rato más pensando en la infinita cadena de mínimas decisiones y circunstancias aleatorias por las que hoy estoy acá sentada, con ellos a mi alrededor, sintiendo todo esto, escribiendo en una hoja de papel mientras voy cambiando de piel en cada letra que escribo. Caigo en cuenta de que ya nada es al azar. No ahora, no más. Me siento dueña de mis acciones y decisiones. No tengo inseguridades, sino incertidumbres que no me quitan el sueño, porque estoy decidida a descubrirlas. Tengo el volante en la mano, y sé manejar. Sé también a donde no quiero ir, precisamente porque vengo de ese lugar, pero tengo una idea de hacia donde quiero dirigirme porque nunca he estado allí.
Se me hace necesario salir de mi zona de seguridad. Me urge descubrir, no quien he sido, sino quien puedo llegar a ser.
Me he abstraido tanto, que de pronto me doy cuenta de que estoy aquí, en este calor, tumbada en el perfecto clima de verano, cerca de mí misma, que esto es mi vida, y que es donde quiero estar.

4 comments:
La raqueta por el mango. A jugar!
Muy bueno, muy, muy bueno !!
"Tengo el volante en la mano, y sé manejar." :)
a veces no es fàcil dejarse llevar
me gustó tu nota
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