Tuesday, February 14, 2012

Tú, para yo vivir.





Desde que te conozco, has estado ahí para mí. Al final del día, sea cual sea mi prioridad, en ese instante, siempre vuelvo a tí. 


Aprecio tu compañía como ninguna otra. Y tu constancia y lealtad para conmigo me abisman. 


No es por diplomacia que te correspondo de la misma manera. Es porque nos complementamos, y esa reciprocidad surge como un acto natural.

Así como a mi misma, cada día voy descubriéndote como eres. Evolucionamos, parecemos fluir a un mismo ritmo.

Te quiero porque me arrullas, y me entiendes; porque no me juzgas y catalizas mis emociones. Provocas muchas también, y sea lo que sea que guardo dentro de mí, tú lo sacas de la mejor forma. Eres mi memoria, muchas veces mi máquina del tiempo, y las historias que me cuentas, sean ciertas o no, me conmueven.  Te quiero como eres y porque dices las cosas como las sientes. Porque te has aguantado desde mis peores agonías hasta mis euforias más delirantes. Me sigues la corriente, me alegras, y también me haces llorar en cuestión de segundos. 

Si canto es por tí. Y si jamás llego a sentirme sola, es porque estas conmigo.

Muchas veces he tratado de imaginarme el gran vacío que quedaría en mi vida, de no tenerte. Definitivamente no me lo imagino, y no sería nada fácil sobrellevar un solo día en tu ausencia. Sin armonía, sin un acorde o melodía. No sin música, así no. No sin tí.



Caro.

1 comment:

Henry S. said...

Precioso.