Desde que te conozco, has estado ahí para mí. Al final del día, sea cual sea mi prioridad, en ese instante, siempre vuelvo a tí.
Aprecio tu compañía como ninguna otra. Y tu constancia y lealtad para conmigo me abisman.
No es por diplomacia que te correspondo de la misma manera. Es porque nos complementamos, y esa reciprocidad surge como un acto natural.
Aprecio tu compañía como ninguna otra. Y tu constancia y lealtad para conmigo me abisman.
No es por diplomacia que te correspondo de la misma manera. Es porque nos complementamos, y esa reciprocidad surge como un acto natural.
Así como a mi misma, cada día voy descubriéndote como eres. Evolucionamos, parecemos fluir a un mismo ritmo.
Te quiero porque me arrullas, y me entiendes; porque no me juzgas y catalizas mis emociones. Provocas muchas también, y sea lo que sea que guardo dentro de mí, tú lo sacas de la mejor forma. Eres mi memoria, muchas veces mi máquina del tiempo, y las historias que me cuentas, sean ciertas o no, me conmueven. Te quiero como eres y porque dices las cosas como las sientes. Porque te has aguantado desde mis peores agonías hasta mis euforias más delirantes. Me sigues la corriente, me alegras, y también me haces llorar en cuestión de segundos.
Si canto es por tí. Y si jamás llego a sentirme sola, es porque estas conmigo.
Muchas veces he tratado de imaginarme el gran vacío que quedaría en mi vida, de no tenerte. Definitivamente no me lo imagino, y no sería nada fácil sobrellevar un solo día en tu ausencia. Sin armonía, sin un acorde o melodía. No sin música, así no. No sin tí.
Caro.

1 comment:
Precioso.
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