Friday, November 08, 2013

Lo que me dejó el pantano




De las aguas fangosas me llevo el aprendizaje.  El saber que hay que estar dispuesto a perder las botas al enterrar los pies en el lodo para atravesar el pantano. A saber que en cada decisión de avanzar, en cada paso hay que ensuciarse hasta las rodillas, muchas veces hasta la cintura, y otras hasta el cuello.  Que aunque sea húmedo y de mal aspecto, todo lo que guarda ese pantano sirve de abono para cualquier semilla valiente que se resuelva a desafiar las condiciones en las que cayó.

De las turberas me llevo el olor a naturaleza viva y también en estado de descomposición. Me llevo los momentos de profunda desesperanza al hundirme hasta las orejas, pero también me llevo la imagen de todas las manos que se extendieron en mi ayuda sin importar ensuciarse, y cada palabra de ánimo que escuché durante los momentos de más oscuridad para alentarme a salir del foso. Me quedo con ellos de por vida. 

Sembrar flores de loto no es tarea fácil, pero no encuentro una labor más hermosa y más noble que esta, a pesar del cieno y de su traidor fondo movedizo, sin importar el riesgo, la humedad, los bichos, el mal olor, y por encima de cualquier obstáculo, elijo hacer esto, y lo hago con gusto.



Caro.


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