Thursday, March 19, 2026

Relato de una espera


No tenía nada pendiente sino decidir si iba a tirar por el retrete esas gomitas que había comprado para usar con unas amigas o usarlas yo sola en los días que me tocaba esperar hasta el momento de mi viaje. Decidí apelar por la segunda porque para todo siempre hay una primera vez.

Estaba en una especie de crisis existencial. Había habido, claramente, un quiebre del status quo en mi vida y tenía más preguntas que respuestas sobre muchas cosas en todos los niveles de mi existencia. Desde "¿qué hago ahora con este avatar de carbono que soy?" hasta "¿dónde estará mi hogar?" Y aunque era una crisis existencial, decidí vivirla como una aventura en la que mi misión era responder a esas preguntas poniendo por delante el disfrute de la vida. Si hay algo que me legó mi familia fue sentir alegría, curiosidad y maravilla por las cosas simples de la naturaleza; como lo que siento cuando veo un árbol cargadito de flores o frutas, o una noche en la que salen todas las luciérnagas de fiesta, o el olor a tierra húmeda que trae la brisa anunciando la lluvia. 

En fin, tomé una larga y pausada bocanada, me puse mis cascos canceladores de ruido externo, le di play a una lista de música para pensar, y en la oscuridad de las luces apagadas, comencé a entonar mi mantra con los ojos cerrados, y me dejé llevar, abierta a las infinitas posibilidades contenidas en cada instante.

Tampoco tenía ninguna expectativa. Lo hice guiada intuitivamente sin pensar demasiado. A los pocos minutos, sentí el vértigo de haberme disparado a toda velocidad a la altura de las nubes, viendo cómo dejaba la casa, el conjunto y el vecindario abajo. Me detuve un momento y le di un breve vistazo al paisaje nocturno de la ciudad, pero apenas comencé a registrar la primera impresión, vino el segundo jalón. Esta vez a tal velocidad que me fue imposible mirar hacia abajo porque ya estaba a cientos de miles de kilómetros fuera de la órbita terrestre. Debió ser tan rápido que al avanzar, daba la impresión de que las estrellas eran rayas de luz que iban delineando una especie de túnel en el espacio. Algo semejante a lanzarse por un hidrotubo cuya estructura era intangible y solamente revelada por medio de la velocidad. 
Deslizándome por esa montaña rusa cósmica, pude haber pasado un largo rato hasta sentir que aunque la velocidad no había disminuido, ya había llegado hasta la boca de salida de ese tobogán. Lo supe por la sensación de anestesia que da la ingravidez. Suspendida ahí, en medio de la nada, flotando en esa infinita inmensidad, sentí vértigo, pero también sentí mucha paz. 

Frente a mí pude ver una formación gaseosa de colores cianos y rosados que semejaba una concha de mar. Adentro, contenía como decir dos o tres perlas de luz a modo de nido, y pensé que esas eran estrellas bebés. En ese momento sentí algo muy familiar hacia esa estructura, casi como lo que siento al ver El Ávila, y pensé "acá está mi mamá", cuando casi simultáneamente pude percibir su presencia, no corpórea, sino energética. Todo alrededor vibró con la misma frecuencia de su amor. Pero no la vi, aunque tuve la certeza de que estaba ahí. No hubo mensajes, ni voces, ni sonidos de ningún tipo. Solo escuchaba mis pensamientos que eran muy puntuales. "Entonces venimos de acá", fue lo que pensé. De alguna manera fue como tener la respuesta a una de mis preguntas, aunque no fuese lo que me esperaba, y no estuviera en este mundo. 

Sin aviso, una fuerza de succión, por así decirlo, me volvió a meter por un pasillo cósmico, éste ahora más corto y más rápido que el que me había llevado hasta allá, y entré de golpe en el avatar de carne y hueso, y, como quien se despierta de un sueño muy vívido, todavía me pregunto si eso pasó de verdad.

Años más tarde, la NASA publicó una foto que me causó un impacto casi exagerado. Era una imagen de esa misma nube de polvo de luz en forma de madreperla que vi aquella vez. La impresión fue tan grande que ese evento ya olvidado que había ocurrido hacía unos 10 años me atravesó como un rayo con el recuerdo nítido, intacto y vívido de cada detalle de ese viaje. Al pie de la imagen, leí la descripción: "Nebulosa de Orión", solo que en una paleta de colores más fríos.

 


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