Saturday, April 18, 2026

Un paseo hacia adentro


Decidí reactivarme físicamente, volviendo a caminar por la naturaleza. Ahora que vivo en ella, el gesto es simple: ponerme unos zapatos de goma, un sombrero, unos lentes y salir por la puerta a darle vueltas a la propiedad. Así, casi sin darme cuenta, he hecho de esto una rutina en la que, mientras camino, me induzco en un viaje meditativo que potencio con la recitación de mi mantra.

Esta mañana está particularmente primaveral. Al salir, lo primero que noto es el sol asomándose por el horizonte en su máximo esplendor. El aire fresco y limpio de la mañana entra como una bomba de oxígeno en mis pulmones, y arranco a caminar con un paso enérgico pero cómodo, en el umbral del esfuerzo. Entono mi mantra en un tono semejante en el que puedo oír mi voz, pero sin esforzarme por ello. A los pocos minutos, mi mente comienza a viajar hacia mis lugares de interés; esta vez, hacia mi proyecto de arte colectivo, que más que una empresa lo veo como mi ikigai: mi actividad divertida, autosustentable y ojalá de por vida.

De forma orgánica, mi streaming de consciencia fluye como un río hacia el amor universal, ese estado en el que desde hace algunos años me propuse habitar. Pero para ello debo ejercitarme en la práctica de todas las virtudes minuto a minuto, porque al parecer, descuidarme hace avanzar el velo de la inconsciencia a la velocidad de la luz, como una selva que reclama su territorio, alejándome sin querer del objetivo de vivir en ese estado.

¿Y qué si el verdadero amor universal, el estado más puro del ser, se esconde detrás del velo de la consciencia? ¿Y si la consciencia es en sí puramente amor y luz, y nosotros nacimos con ella dormida porque el juego es despertarla y vivir en ese estado iluminado en esta tierra? Básicamente, lo que en el budismo de Nichiren se denomina la Tierra de la Luz Tranquila, el cual no es necesariamente un lugar separado, sino un estado que depende de la condición de vida de las personas.

Nadé en ese río de información que se me revelaba en forma de pensamientos por un rato y me sentí plena. Seguí caminando con más vigor, sin sentir esfuerzo, pero sabiendo que había cruzado el umbral del ejercicio hacía rato. Para cerrar mi sesión, recité el sutra del loto. Fui bajando la marcha conforme me acercaba al fin de la liturgia, hasta terminar satisfecha, sintiéndome plena. Agradecí inmensamente la práctica del budismo, y entré en la casa a escribir este post antes de que olvidara la experiencia.


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