En mi búsqueda de abrir cada vez más la consciencia, me observo. Observo lo que pienso, lo que digo, lo que hago. A veces con claridad, a veces en medio del ruido. Me acompaño de la introspección, de la autoobservación y de Nam Miojo Rengue Kio como medio hábil. Lo que busco, en el fondo, es simple: ser cada vez más inclusiva, emitir menos juicios y poder, en algún momento de singularidad, abarcar a la totalidad desde un respeto profundo por la dignidad de todos-los-seres, incluida la mía, claro. Sin perderme. Pienso que es el camino para sentirme una con el universo como busco hacerlo.
Para ello me la paso aprendiendo. Probando caminos, equivocándome, cambiando de dirección cuando algo no resuena, quedándome cuando sí… para que la experiencia de la vida se vaya revelando. Voy reconociendo patrones, sensaciones, pequeñas certezas que aparecen con el tiempo, y desde ahí pondero si por ahí van los tiros.
Últimamente me viene mucho la imagen de Lazzaro, de la película italiana Lazzaro Felice. Recuerdo que cuando la vi me pareció lenta, casi aburrida… pero hubo algo en el personaje principal que me atravesó al punto de acordarme todavía de él. Su forma de ser, tan sencilla, tan disponible, tan profundamente bondadosa. Un joven que no entra en conflicto, que no se defiende, que no reacciona desde el enojo, sino que simplemente es y acepta que los demás sean. Y aunque el mundo a su alrededor no sabe qué hacer con eso, hay algo en esa forma de estar que me conmueve profundamente.
Me interesa cultivar una forma de ser más simple, más abierta. Una bondad que no venga desde el esfuerzo, sino desde la primera reacción. Es decir, menos atrapada en los enrosques internos inherentes al avatar de carbono que habitamos, lleno de ruido mundano, de reacciones automáticas.
A veces siento que ese ruido es un velo que nos separa a todos de la apertura de consciencia donde se accede a La Tierra de la Luz Tranquila. Me doy cuenta de que cuando me dejo arrastrar por las emociones, me distraigo. Me canso. Y me alejo de esa sensación de plenitud que quiero sostener como tendencia de vida.
Tal vez de eso se trate todo esto. De cultivar intencionalmente la inocencia, como cuando éramos niños, y volver a esa paz interior donde todavía no había ruido.
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