Monday, March 26, 2012

Soñé lejos de mí






 
Esas cosas pasan muy pocas veces. Se abren compuertas que luego no se cierran más, dinteles por los que eventualmente dejaremos de pasar a causa del olvido, el lugar adonde van a parar algunos momentos, algunas personas, algunos lugares que fueron cercanos. Cuando ya todo lo que solía ser familiar no está, o sí está, pero está en esa carretera desierta en medio de un agujero en un plano indefinido de una realidad que alguien más sueña, sólo queda la melancolía, ese recuerdo vago cargado de las emociones que dejaron esas memorias borrosas...residuos emotivos que se deslizaron por ese umbral, que quedaron suspendidos y que ahora respiramos, percibimos. Eso es la melancolía.
 
Me enteré de mi sueño a través de él, quien viene a mí en forma de música, otras veces en forma de pensamientos, muchas de forma escrita, pero muy rara vez en forma de voz, lo que le confiere una atmósfera aún más onírica a este tema. 

Llegué a casa después de un largo viaje, abrí mi ventana y ahí estaba él narrándo mi sueño. Contaba con demoledora precisión aquello tan mío que algún día sentí y que colgué en medio de aquel viaje, en la penumbra de aquella carretera por la que nos deslizamos sin rumbo, en aquel restaurant en medio de la nada donde él absorbió todas estas pulsiones mías que quedaron suspendidas en ese no-lugar adonde van a parar las cosas lejanas.
 
Retiré mi vista algo empañada de la ventana y me pregunté si esta conexión entre nosotros existiría sin saber de todas maneras; si la tendríamos aún si nunca nos hubiéramos conocido. Me pregunto con cuantas otras personas que aún no conocemos y a quienes posiblemente jamás lleguemos a conocer estaremos así de conectados, y cuántos de los sueños que tenemos realmente les pertenecen a ellos y no a nosotros.
 
Hace algún tiempo todo dejó de tener sentido, cuando descubrí que las leyes del tiempo y del espacio pueden ser burladas. Desde ese entonces, las cosas suceden en una cadena de eventos sin cronología que acaban por tener perfecta lógica. 

He vivido algo nuevo. Me he perdido en mis sueños y me he  encontrado en ellos, soñados por una parte de mí que pulsa en otro cuerpo, que habita en otro lugar, en otro tiempo, y que me contiene a la vez que yo le contengo a él. 


Caro.


Thursday, March 22, 2012

El gran hermano





Es importante que escriba algo que parezca importante. En estos lugares donde producen cosas grises, opacas, hay que fingir que se trabaja. Y es precisamente por fingir que se trabaja que se producen cosas tristes, porque es gente oprimida. 

Mi metro cuadrado es un reservorio de pequeñas ventanitas hacia la libertad. Mi tiempo en blanco, los minutos muertos, cuando ya no hay nada más que hacer o en que ayudar, los aprovecho. Me rodeo de cositas brillantes, coloridas, que yo misma produzco porque no finjo esclavitud, sino que ocupo los momentos lentos en producir cosas que me gusten, que hagan sentirme bien, como esto, escribir...mi pequeña válvula de descompresión, combustible además para teclear, y para que los carceleros no descubran que estoy escapando de su triste sistema, y me atrapen, y me castiguen por permitirme un momento de felicidad. 

La felicidad está prohibida en estos lugares. La única que existe debe ser por alcanzar los números trazados en esas tristes reuniones grises. 


Pero ellos no saben que yo he encontrado un respiradero. Hace tiempo que sigo al conejo blanco hasta el fondo del hoyo adonde escapo cada vez que ellos me obligan a fingir que hago esa triste labor repetitiva en la que todos los demás languidecen.


Caro.

Monday, March 12, 2012

Toreros Muertos






Me imagino que todo aquel que está condenado a prisión, de alguna forma, termina evadiéndola mentalmente hasta llegar a un punto de desconexión tal que ya no se está donde está.  

Así es esta cárcel a la que vengo todos los días por obligación.  


Al principio era una tortura, porque ocupaba todo mi tiempo. Sentía que me invadía y se robaba mis horas y mis días por completo. Luego busqué escape con actividades que me ayudaran a sentir que no había perdido mi tiempo languideciendo moribundamente en eso triste que llaman trabajo, ahí encadenada a un puesto patético de asalariado. 


Fue así como comencé a sacarle el jugo a las pocas horas de libertad que me quedaban, disciplinándome para hacerlas rendir, pero aún habían cosas que tuve que sacrificar y dar por perdidas, como escribir posts como este. Luego poco a poco busqué maneras de darle una continuación a mi vida sin desatender mis responsabilidades y aprovechando algunas horas menos ocupadas para recuperar actividades que me complementan, a pesar de todas las cosas que ahora me lo pudiesen impedir.   

Es así como puedo sentarme a escribir, una mañana común y corriente, de cómo me viene a la memoria un recuerdo de mis 14 años en Caracas, cuando un domingo cualquiera, llegando de un fin de semana familiar, en el cruce de la Avenida Luis Roche de la Castellana hacia la primera transversal de Los Palos Grandes para llegar a nuestro hogar en Plaza Uno, vemos cruzar en la misma dirección a un grupo de chicos que marchaba como un pelotón de irreverentes al ritmo de "mi agüita amarilla" de Toreros Muertos, cantada a capella por ellos mismos. Me identifiqué de inmediato y comencé a tararear con ellos la canción, aunque en voz bajita.  Busqué entre ellos una cara, cualquier cara, alguna que pudiese resultar conocida, como si supiera que tenía que conocer a alguien en ese grupo. 

Eran chicos mayores que yo, por lo que ahora se me hace curioso que yo tuviera la extraña certeza de que encontraría a alguien conocido, y lo encontré. Entre todos ellos, uno de mi edad, mas bajito que el resto pero no menos parte del pelotón, no menos irreverente, marchando y cantando en el mismo trance que los demás, con esa confianza que trae el apoyo de sentirse en grupo, la confianza que otorga el pertenecer. Ahí estaba mi amigo N, y verle allí automáticamente me transfirió un sentido de complicidad contundente. 

Había comprobado que algo de mí estaba, de hecho, allí palpitando entre aquel grupo de chicos. Como quien busca su reflejo en un espejo y sabe lo que va a encontrar. Por un segundo pensé en comentarle a mi familia que uno de ellos era amigo mío, como cuando uno tiene la necesidad de alardear, pero supe en aquel instante que ese evento pasaría desapercibido en sus vidas, les dijera o no, que nada cambiaría, y me lo guardé. Así que los vimos cruzar mientras esperábamos a que el semáforo cambiara.

No lo se explicar, pero sentí una profunda compañía, aunque nadie mas en el mundo sabía lo que estaba viviendo en ese momento.   

Entonces sonreí. Ahora vuelvo a hacerlo.     


Caro.

Tuesday, February 14, 2012

Tú, para yo vivir.





Desde que te conozco, has estado ahí para mí. Al final del día, sea cual sea mi prioridad, en ese instante, siempre vuelvo a tí. 


Aprecio tu compañía como ninguna otra. Y tu constancia y lealtad para conmigo me abisman. 


No es por diplomacia que te correspondo de la misma manera. Es porque nos complementamos, y esa reciprocidad surge como un acto natural.

Así como a mi misma, cada día voy descubriéndote como eres. Evolucionamos, parecemos fluir a un mismo ritmo.

Te quiero porque me arrullas, y me entiendes; porque no me juzgas y catalizas mis emociones. Provocas muchas también, y sea lo que sea que guardo dentro de mí, tú lo sacas de la mejor forma. Eres mi memoria, muchas veces mi máquina del tiempo, y las historias que me cuentas, sean ciertas o no, me conmueven.  Te quiero como eres y porque dices las cosas como las sientes. Porque te has aguantado desde mis peores agonías hasta mis euforias más delirantes. Me sigues la corriente, me alegras, y también me haces llorar en cuestión de segundos. 

Si canto es por tí. Y si jamás llego a sentirme sola, es porque estas conmigo.

Muchas veces he tratado de imaginarme el gran vacío que quedaría en mi vida, de no tenerte. Definitivamente no me lo imagino, y no sería nada fácil sobrellevar un solo día en tu ausencia. Sin armonía, sin un acorde o melodía. No sin música, así no. No sin tí.



Caro.

Saturday, February 04, 2012

Ahora o nunca





Hay, sin duda alguna, una conexión directa entre el indivíduo y el medio ambiente. Claro que la hay. La puedo sentir todos los días en mi piel; unas veces más que otras, pero siempre está ahí. El entorno influye mucho en las decisiones que tomamos a diario, a cada instante, y nos hace tejer la curiosa y aparentemente aleatoria trama de nuestras vidas. 

El invierno es un fuerte catalizador de esta conexión. El frío te hace querer encerrarte en tí mismo, te aparta de la gente. Te desconecta de los demás, y te impulsa con inminencia hacia dentro de tí.  Ensordece con una gruesa capa de hielo algunas sensaciones que se hacen ineludibles luego cuando estamos solos, en la tibieza de nuestra intimidad. Como si al acostumbrarnos a estar debajo de tantas capas de abrigo, también cubrimos todo lo que sentimos, pero al llegar a casa y quitarnos todo, también sale a flote todo eso que hemos estado acumulando durante el día y tenido ahí atrapado debajo de la ropa. 

Ésta vulnerabilidad me hace especialmente suceptible a las miles de señales que nos bombardea el entorno durante el día, cuando vamos al trabajo, cuando estamos a solas, pero sobretodo y muy por encima de cualquier cosa, cuando interactuamos con otros. 

Desde hace unos años, mi medio ambiente, ésta enorme burbuja donde prentendí encajar hace mucho tiempo, viene dándome señales que al principio eran sordas, pero cada vez se vuelven más agudas, y que me llevan a tener que abrir bien los ojos.  Me pone ante dos enormes gigantes y una sola decisión. Me obliga a ver la desconexión entre como siempre quise ver este lugar y lo que el entorno se empeña en repetirme constantemente en forma de bofetadas de realidad. 

Llega un momento en la vida de las personas en el que uno se encuentra ante una encrucijada, entre un ahora o nunca, irse o quedarse para siempre. Yo escojo ahora, y escojo irme.


Caro.

Friday, January 13, 2012

Mi amigo N





N es un tipo bien peculiar. Nadie notaría a simple vista, quizá, toda la riqueza que guarda por dentro. Mayormente tranquilo, despreocupado, delgado, de andar ligero, portador de un mundo interno infinito; es un tipo auténtico que sabe transmitir lo que siente, y siente con gran intensidad.   

Quien habla con él puede llegar a captar esto con facilidad. Pero todo eso que me cautivó de él no fue a través de nuestra primera conversación, ni siquiera después del apretón de manos. Hubo algo no verbal, una atracción ni siquiera física. Fue una especie de campo magnético que lo envolvía lo que me llevó a notar su presencia las primeras veces que lo vi, cuando nos topábamos casualmente, cuando aún no nos habían presentado. Es algo que no se describir, y sin embargo lo intento. Lo que quiero decir es que hablo de un ser único en el mundo, y de eso me di cuenta desde que hice contacto con ese campo vital que le rodea.   

Ciertamente hay algo que yo tengo que admirar de las personas con las que me rodeo, y de mi amigo N lo admiro todo. Hemos descubierto con anécdotas casi increíbles que nuestras cápsulas de energía siguen unidas de una forma por así decirlo, casi mística. Un día me despierto en el medio de la noche de mi sueño más pesado para escribir algo en mi blog que en ese momento él está pensando. Otro día le comento de un temor que luego el me confiesa que también tiene, y todas estas cosas nos pasan con una simultaneidad casi absurda, que hasta he llegado a pensar que mi amigo N y yo alguna vez fuimos una sola persona.   

Es posible que esto lleve a malas interpretaciones, pero jamás de él. Mi amigo N sería incapaz de mal interpretarme. Es algo que hemos comprobado una vez tras otra. La mayoría de los adultos saltaría a la precipitada conclusión de que N y yo tenemos algo romántico. Y en parte, creo que les daría un porcentaje de razón, pues estoy irremediablemente enamorada de nuestra amistad, y el que no haya vivido algo así, no lo entendería, pero no lo culparía por pensar de esa forma, pues nada de lo que haya entre N y yo es algo común, y eso lo hace aún más precioso.   

Imagino el futuro, y ciertamente mi amigo N está ahí, atemporal, cercano, con su inmenso halo vital que me alcanza donde esté, para entenderme y ser entendido sin filtros, en esa suerte de delirios abstractos en los que nos metemos, música maravillosa de la que ambos nos alimentamos, un lenguaje que aún no sabemos como funciona, pero con el que nos comunicamos mejor que nadie para seguir orbitando en un tema del que no nos cansamos nunca, esa lata que no dejamos de patear, y volar seis horas a la velocidad de la luz para esto, y volver llenos, felices de ser quienes somos y de compartir lo que hemos creado.   

Cuando cierro los ojos y abro mi corazón pienso en N. Y sí, él es mi amigo, y es único en el mundo.   



Caro.

Monday, January 09, 2012

El purgatorio de los conceptos






¿De dónde vienen esas voces indistintas que a veces se cruzan como pensamientos fugaces en mi mente durante el proceso de caer dormida? Es como si no vinieran de mí, casi como si en ese limbo, yo conectara como una antena con otros pensamientos ajenos, y eso es lo que oigo.

Posiblemente, las cosas que he pensado o que he dicho durante el día también quedan vagando como almas en pena; frases que dije y que nadie recibió, que nadie escuchó, quedan en esa dimensión, flotando, y son atraídas hacia esas mentes abiertas, también vagando en un limbo entre dormidas y despiertas, buscando escuchar una señal que les indique que su sueño ha comenzado.



Caro.

Tuesday, November 29, 2011

Diluvio




Fueron días terriblemente húmedos. Bajaban gotas enormes que formaban torrentes en las calles, y el agua iba tapando las aceras. La ciudad comenzó a ponerse lenta, el tráfico era pesado, no se podía ver de la cantidad de agua cayendo. Comenzaron algunos derrumbes, luego a verse algunas plantas flotando caudal abajo, arrancadas de raíz por la humedad. Comenzaron a colapsar las alcantarillas, los ríos, las personas. Se empezaron a ver cauchos flotando, perros, gente gritando auxilio, luego carros, camiones semi hundidos, arrastrados por las feroces corrientes.

Logró salvarse. Maniobró como pudo y llegó a la casa hecha polvo, cansada de la gran batalla de sobrevivencia. Su compañera de piso también estaba en casa, entonces ella todavía mojada y con la ropa hecha trizas le contó a la amiga del diluvio, pero la amiga le dijo que nunca llovió.

Se asomó a la ventana y el sol resplandecía impasible en el desierto.


Caro.

Tuesday, November 22, 2011

Apreciación musical



Foto por Francisco Goncalves



Todas las cosas tienen un ritmo, su propia cadencia. Las canciones, obviamente, pero también los libros, la manera en la que se desenvuelve la trama en una película, el tráfico de la mañana, nuestro andar, nuestra forma de hablar.  La velocidad en la que escribimos, donde tomamos las pausas y las rachas en las que no paramos de teclear; el fumador dominguero que le da una larga y pausada bocanada a su cigarrillo lleva ese ritmo sosegado de un día libre. El ascensor de mi casa en Caracas, en cambio, lleva un ritmo de ciudad ocupada, es antipático y no espera a nadie. Él también tiene su ritmo.

Hay personas cuyos ritmos son característicos de sí. Hay quien siempre va a paso apurado, y hay quien va sin prisa, pero anda rapidísimo. 

Las vidas llevan un ritmo. La mía solía ir, para la perspectiva de muchos, muy rápido; para la perspectiva de otros, terriblemente lenta. Pero para mí, que nunca me puse a observarla desde este punto de vista, parecía ir a una velocidad crucero, hasta hace un tiempo atrás, cuando creí haber perdido mi ritmo sin realmente perderlo, y por detenerme a buscarlo, ahí sí se me perdió. Ya no recuerdo con exactitud en qué consistía mantenerlo casi inalterable. Era natural. Pero perdí la perspectiva, y desde que me detuve, no supe como volver hacer para alcanzarlo. Ahora siento que corro todos los días detrás de él y que me cuesta horrores mantener lo que antes consideraba un ritmo pasivo. Mi propio ritmo, que antes parecía ir por inercia sin que representara ningún esfuerzo, hoy en día se me hace una tremenda lucha difícil de seguir.

Supongo que debo aceptar que ha cambiado. Que ahora tengo otro, y que debo adaptarme a éste sin mirar atrás. 

Mientras todos bailan tap, yo doy tropezones al ritmo de un two step, y no me sale bien. 

Es el momento de aprender tango, quizá. U otra cosa, pero ya no aquél que solía bailar tan bien por inercia. Ya no más. La inercia no es un ritmo, y yo quiero tener el mío, así sea inventado.


Caro.

Sunday, November 13, 2011

Dimensión Z





Hace ya varios años conocí un amor respetuoso y lo que era extrañar tanto a alguien que dolía. Aprendí el concepto de compromiso sin anular la individualidad y que la individualidad triunfó sobre el poder de luchar por algo en común. Supe el valor de la distancia y a olvidarme de que ésta existía. Aprendí a querer un lugar que no me daba la bienvenida, a ser diferente, a sentirme lenta, a entender las reglas del fútbol americano y a adoptar las costumbres lejanas y hacerlas mías. Tuve mil lecciones de humildad, y aprendí a pedir abrazos cuando los necesitaba. Supe que mi nueva carencia afectiva era mi nuevo afecto. Quise darlo todo y no fue suficiente. Seguí tratando y todavía no lo es. Supe la presión de llevar dos frustraciones en mis hombros, y que la decepción pudo más que un amor que creí infinito. Aprendí lo que era la soledad junto a alguien. Asumí un mundo entero como mío, y del que ya no soy parte, pero me empeño en que lo sea. Entendí que no soy como creía ser, y que no puedo deshacerme tan fácilmente de mis sentimientos. Que estoy hecha de ellos y que es muy tarde para esto. Que son las decisiones diarias las que nos llevan por un camino y que muchas veces ese camino es sólo de ida.  Aprendí a confiar en la lealtad de otras personas. Que las manifestaciones de amor no son iguales, y que cada quien lo demuestra a su modo. Fallé en reconocer algunas de estas muestras de amor y las mal interpreté. Fui mal interpretada también, y lo sigo siendo de vez en cuando.  Quise creer que podría ser convencional. Que vivía en un mundo que parecía darme cabida. Intenté una y otra vez ir por el camino pisado. Me tropecé mil veces, y me sigo tropezando. Entendí que quienes me entienden son muy pocos, pero que existen. Cuestiono la posibilidad de encontrar un rumbo, un hogar, un amor simple, un trabajo digno de mí y una forma de vida con la que yo sea compatible. Comienzo a sentir como mi balsa va apartándose de la orilla, dejándome a la deriva en el océano vasto de los convencionalismos a los que no correspondo, desadaptada, rara, y desamparadamente solitaria en mi dimensión de pensamiento, de forma de ser, de sentir y de ver las cosas.


Caro.

Sunday, November 06, 2011

Matryoshka




Hoy veía un programa acerca del orígen del universo en la tele. Tengo tiempo sin ver tele, desde cuando apenas tenía dos o tres canas que me arrancaba para que no se me vieran. En este documental entrevistaban a muchos científicos expertos en la materia, todos aportando sus teorías, hablando apasionadamente al borde de sus sillas acerca de galaxias, de expansión universal, de materia y anti materia, de eones y soles, y formaciones, y cálculos de tiempo, espacio y velocidad. Hablaban con tono convincente de haber llegado a la conclusión de que el universo sí tiene límites, y que estaban llegando a un consenso. Presentaban naves, gráficos computarizados de cómo es el universo en aquellos confines a los que no hemos llegado todavía. Impresionaba todo este despliegue de inteligencia, de tecnología y visión de avanzada, y yo solamente podía imaginarme a nuestro mundo, tal como lo conocemos, siendo una partícula de polvo en el aire de un universo aún mayor y del que ignoramos por completo, en donde flotamos en el medio ambiente de seres vivos de dimensiones inimaginables, cuyo universo ellos creen a su vez infinito, pero son otra partícula flotando en otro mundo aún mayor y del que desconocen, y así sucesivamente. 


Caro.

Estas cosas me hacen sonreír




Las vueltas que da la vida me hacen sonreír. Verlos a ellos felices me hace sonreír. Él volviendo a su amor. Ella viajando hacia su futuro. Ellos recorriendo el mundo y viviendo la amistad. Nosotros pateando una lata maravillosa. Ahora entiendo tantas cosas. Me entiendo bien. Le entiendo mejor. Me entusiasma el porvenir y canto por quienes estoy agradecida. Veo la música como el pegamento que me une a muchos, incluso a mí misma. Las fotos que recibo. Las sincronías. Los arcoíris en Alicante. Un amigo que encuentra su libertad al otro lado del hemisferio. Estar irremediablemente unida a un caminante espacial. Un domingo con mis amigas. Lo que me espera en el futuro. La palabra serendipia. Un tango que se asoma desde un espacio luminoso. Un llamado argento desde un país pesquero. Una fiesta de disfraces. La incondicionalidad de una amistad que llegó como un rayo a mi vida. Una muestra de afecto inesperada; las cosas que no puedo expresar con palabras me hacen sonreír. Tener a quien las entienda también. El olor del incienso y mis logros. Saber que puedo, y que todos también. Mis sueños de familia. Ella siempre cerca desde alguna otra vida. Dormir una hora más. El aire en mi cara por un techo solar, y amigas que entienden mis extravagancias. Un tour por el sur de España en VIP. Ver esfuerzos bien recompensados y gente agradecida por ellos. Música ilimitada, fuente de renovación diaria. Poder escribir aquí. Una lista que se hace inabarcable de cosas que me llenan. Los días despejados de otoño. La reciprocidad. La posibilidad infinita de un futuro abierto.

Todas estas y mil más son algunas de las cosas que me hacen sonreír. Gracias por ellas.


Caro

Saturday, October 29, 2011

Ya soy grande





Abro los ojos y despierto con la brisa de la montaña en mi cara. Hace frío, pero no lo siento. Puedo ver el cielo enorme y azul arriba. Está despejado. La vista es preciosa, y el silencio a mi alrededor conecta con mis pensamientos más escondidos. Me pongo de cara al sol y pienso que el mundo es un lugar realmente grande.

Estoy de pie, y la brisa es cada vez más fuerte, pero el sol la compensa. Me agrada. Mis pies descalzos apoyados sobre el suelo me recuerdan la libertad. Miro hacia abajo y me doy cuenta de que  estoy parada en el borde de un risco altísimo. Soy un pájaro y estoy a punto de despegar. Ya todos se han ido, y sólo quedo yo. Soy la última en salir del nido. Un día quise volver a él, pero ya no cabía, así que toca hacer esto. Toca saltar.

Abro los brazos, quiero abarcarlo todo. Recuerdo frases de libros que he leído, y creo haber pensado en voz alta: "amaré el ruido del viento en el trigo," mientras la brisa enredaba mi pelo. Estando allí con los ojos cerrados, una serie de recuerdos auditivos me vienen a la mente. Cosas que dijimos, que me dijeron, secretos, sueños, frases aleatorias sin importancia reverberan en mi mente como un ruido blanco.  Me balanceo así, con los ojos cerrados, cada vez más cerca del despegue por inercia. Abro los ojos y me dejo caer. Todavía no sé cómo volar, pero eso ya no me preocupa.


Caro.

Wednesday, October 19, 2011

Agregue sólo una gota de agua







En mi sueño yo vivía en mi cuarto del apartamento de Caracas, y de pronto llegaron todos. Pablo y Diego se pusieron a rochelar conmigo en la cama y se los presenté a Angie, que estaba ahí también. Estaban también Jeniffer y Lali, acompañando. 

Fue solamente una hora y media aproximadamente lo que dormí mientras soñé contigo. Viniste a darme amparo en un abrazo que esfumó todos mis miedos y debilidades. Sentí la repercusión de tus palabras en mi pelo, cerquita de mi odído mientras me abrazabas. Estabas jóven, llena de energía, contenta, ocupada buscando cositas para distraer a tus nietos que todavía tenían 5 y 6 años.

En el sueño yo estaba muy molesta, casi privada de ganas de llorar porque alguien le había entregado a Diego y Pablo los regalitos que yo había estado guardando por meses para ellos, y ya los habían armado, jugado con ellos y ya se habían aburrido para el momento en que me di cuenta. Pregunté sabiendo que había sido mi tía Maritza, "¿Quien le dio mis regalitos a Diego y a Pablo?" -"Yo se los di" contestaste en off, y cuando giro mi cabeza en dirección a tu voz, mi tia ya no era más mi tía, eras tú. Me quedé perpleja y algo se transformó profundamente dentro de mí en ese instante. Mi llanto de impotencia se volvió de emoción al verte, y te abracé mientras tu seguías en tu tarea de abuelita. Pude sentir el olor de tu pelo y tu piel. Eras tu, inconfundible, mamá.

N
o se si es porque nadie te vio y yo si, o porque todos estaban acostumbrados a que estuvieras ahí, pero me veían como preguntándose qué rayos me pasaba. Yo buscaba desesperadamente un bolígrafo para escribir lo que había sucedido. En eso Lali me apunta con su cámara y yo creí que iba a grabar un video para poder contar lo que había pasado, pero no, sólo me estaba tomando una foto. Al darme cuenta, salí del cuarto detrás de Tatiz, Alé y una amiga de ellas que ahora no me acuerdo, pero sé que conocía.



La casa era un loft enorme, como una galería vacía, todas las luces estaban apagadas excepto unas que apuntaban a una pequeña pared en medio de la nada, donde colgaban caricaturas de algunos presidentes de los Estados Unidos.


Tatiz estaba parada frente a una mesa redonda de comedor con tope de vidrio, usando unos marcadores. Yo me le acerco e intento comenzar a escribir, pero al mío le falta tinta, y le digo con cierta impaciencia, "este bolígrafo no sirve", haciendo garabatos en un papel, afincándolo tanto, que lo rompo de tanto darle, pero de pronto comenzó a dibujar. Tatiz me ve y me dice "¡Pero cálmate Caro!" y yo, "¡No puedo! ¡Tengo que escribir pronto!". En eso me interrumpe Jenny diciendo que mi computadora no se qué, y me tomó un rato para medio entender que me decía que se "recalentaba", que por favor fuera a mi cuarto para revisar eso y calmarme un poco, y yo le decía un poco alterada "no puedo, tengo que escribir, tengo que anotar porque se me va a olvidar, lo voy a olvidar, y no quiero". Creo que no entendían que para mi era algo extraordinario haber visto a mi mamá.
Luego me desperté.Me quedé sin moverme ni abrir los ojos por un rato, en aquella posición rara, con las manos invertidas, la boca abierta sequísima, y mi cara volteada hacia la ventana de mi cuarto. Reaccioné al rato, y noté que se había ido la luz en todo el edificio. Lloviznaba, y esa oscuridad de la madrugada tardó mas en aclararse por todas esas condiciones en las que amaneció. Me subí al carro para irme al trabajo, y todavía tenía esa rara sensación de que el sueño me envolvía. Esa atmósfera irreal. Puse mi música en modo aleatorio y tocó Boo de Pinback, lo cual intensificó aun más todas estas sensaciones.

Manejé el largo trayecto por la autopista en la lluvia, y pensé que aunque hayas renacido en esta existencia con otra familia, sigues conectada con nosotras. Y que del mismo modo, probablemente yo también siga conectada con gente querida de mis otras existencias a la vez que lo estoy contigo y con todos a mi alrededor. Entendí de un modo más profundo que todos estamos interconectados, mas allá del tiempo y el espacio. 



Cuando terminé de despertarme, abrí los ojos y agarré el iphone para anotar el sueño. Eran las 5:58 am y a las 6:01 le mandé un texto a Alé. Pude contarle.

Friday, August 26, 2011

Mis fantasmas





Ésta es mi casa. Hoy estacioné en el mismo espacio donde solía parar mi antiguo carro. Hay algunas manchas de aceite en el puesto de aquél que ya no está. Recuerdo este lugar lleno de vida, pero no sé qué pasa el día de hoy que lo siento sin pulso.

Camino hacia la puerta, sigo el mismo recorrido que tantas veces hice sin saber. Paso el umbral de la entrada, subo las escaleras, y este olor tan familiar me confirma que éste fue mi hogar. Todo está intacto, como lo dejé. Ahí estan mis fotos, ahí siguen mis libros donde quedaron el último día, y ahí se asoma la bici que aún se encuentra junto a la ventana.

Camino sigilosamente al balcón, como si no fuese mi territorio. Allí cuelga el móvil de metal que nos regaló mi abuelita, y el leve sonido del viento me lleva directamente a aquel verano cuando decidimos convertir este espacio en nuestro.

Entro en puntillas de pie, el piso no cruje como solía hacerlo antes. Giro hacia mi habitación donde recuerdo haber soñado tantas cosas bonitas. Este recinto tiene la atmósfera de un templo sagrado, donde cada cosa inspira un respeto infinito. Donde nadie mas entraba; donde un extraño mira, pero no toca.

Avanzo hacia mi mesita de noche y noto que hay un silencio hermético en el lugar.

Algo me dice que es hora de irme, o quedarme para siempre. Atravieso el muro hacia la sala, bajo traspasando las escaleras y salgo por la puerta cerrada de la entrada, mis pies estan descalzos y suspendidos a un par de centímetros del suelo. Recorro la avenida a toda velocidad. Las luces de los carros se ven como rayas en un túnel y en cuestión de pocos segundos abro los ojos en mi cama. Mi nueva cama. Cualquier otra en un lugar nuevo en el que habito. Sigo soñando con aquellas paredes, traspasando otras escaleras, oyendo otros sonidos que no logran resonar como los de mi hogar. Aquel hogar donde ya no estoy ahora.


Caro